Vive en Amara. Siempre se le dio bien dibujar. Hace cardio en el gimnasio de Paco Yoldi. Tiene obra (esos tres futbolistas y mucha escultura) … atesorada en Óvalo, que además de taller de restauración y enmarcación es también galería. Toma café en el hotel Zenit de Morlans. Prepara una serie más que interesante sobre gente sentada al sol del invierno. En sitios de Donostia. En nuestra charla aparecen Las Meninas (las de Velázquez y las de Picasso), Lucien Freud y Francis Bacon. Transita entre el expresionismo y las técnicas clásicas. Le gusta abrir ventanas y ver qué entra por ellas. Ha trabajado de todo.
– ¿De todo? ¿Has hecho de todo en la vida?
– En cuestión de arte soy autodidacta. De chaval creo que encontré mi refugio en el dibujo. No era un mal tipo pero tampoco una criatura celestial. El mundo exterior desaparecía cuando dibujaba. Aprendí francés con un profesor de Paraguay, Walte. Sí, he trabajado de todo. He sido hasta Goofy en París…
– ¿¡Goofy!? ¿El amigo atolondrado de Mickey Mouse?
– El mismo. Me metía en el disfraz y recorría Disneyland París. Como esas mascotas de los equipos de fútbol o basket. Sí, he sido camarero y mil cosas más. Hasta que me asenté en la vida. Ahora pinto. Ahora hago esculturas.
– Visto el titular y el sumario que hemos colocado, pintar y hacer obra cerámica parecen actividades más riesgosas que embutirse en la piel de látex y pelo de un personaje de Disney.
– ¿Lo dices por lo de tirarse por la ventana y caer de pie? ¿Por lo de buscar o provocar el accidente?
–Por ambas ideas. Parece más sensata esa tercera, la de abrir las ventanas de Las Meninas y ver qué entra por ellas.
– Son frases que he oído a creadores que realmenente me interesan. Es Barceló quien dice lo de tirarse. El Barceló ceramista. El del libro titulado ‘Conjeturas sobre vasijas’. El que empezó a trabajar con barro en Mali en 1995. El que busca provocar el accidente es otro, Bacon. Y quien abre las ventanas de Las Meninas de Velázquez es Picasso, naturalmente. Y lo que entra por ellas provoca 58 pinturas en las que varía la luz, la posición de los personajes. Todo. En realidad, Picasso es la contradicción de esa otra frase.
«Puede que también se trate de provocar el accidente. Quizás incluso sea verdad que te pasas la vida haciendo la misma escultura, pintando el mismo cuadro»
– ¿De cuál?
– De la que dice que nos pasamos la vida haciendo la misma obra. Pablo Ruiz, sin dejar de ser Picasso, tiene puñados de estilos diferentes. Cambia de ellos como cambia de amantes. Y mayor ya, hace cerámica. ¿Por qué no?
– Te conocí gracias a esos tres retratos de tres futbolistas que ciertamente, parecen criaturas salidas de las obras de El Españoleto, Rubens, Velázquez. Usaste técnicas clásicas pero dime, ¿en qué consisten exactamente?
– En pintar con capas, por capas. En usar grisalla. Veladuras. En conseguir así volumen y profundidad. Alguna pintura actual me parece demasiado plana. Mucha de la anterior es realmente tridimensional. Por cierto, ¿sabías que El Greco pintaba primero en blanco y negro?
– Suena muy cinematográfico.
– Bien pues usemos una palabra más pictórica: verdacho. La primera capa en muchos de los más grandes es monocroma.
– ¿Por qué?
– Facilita el uso de las otras capas. Siempre hay investigación, experimentación. Otra frase mil veces repetida, ‘yo no busco, encuentro’. Pero mira tú si la búsqueda no es continua, intrincada. Hasta en la misma pintura directa, que parece libre y rápida.
– En un momento de tu charla te has corregido a ti mismo. Ibas a decir pintura ‘actual’ y has preferido ‘contemporánea’. ¿Por?
– Quizás porque no tenga claros los límites temporales. Me fascina mucha obra de los 50, los 60, los 70 del siglo XX. Piensa en un Giacometti.
– Estamos al sol de Morlans. En un banco. En tu cuaderno veo decenas de rostros trazados a boli… ¿Retratos tal vez?
– Imaginarios. Los saco de memoria. Del recuerdo de mi propia cara en el espejo. De la de la gente que veo, de otros retratos. Quiero conseguir rostros convincentes para mis piezas de cerámica. Recipientes vacíos como aquellas vasijas; las de Barceló, sí.
– Recipientes vacíos que se vuelven humanos y en los que provocas accidentes. Vaya que sí. A este se le ha incrustado una pieza en la cabeza. La de esa pieza ‘soñadora’ (que no tiene tronco) descansa sobre una mano cuyo brazo está pegado a una peana…
– Damos vueltas sobre la misma idea, la misma intención: buscar el accidente. Corto el barro, lo rompo, lo agujereo. Me apetece hacer un rocker con chupa roja y pañuelo al cuello. No, no me apetece eso exactamente, quiero una figura que saque la lengua. Y descubro que para que lo haga, tengo que intervenir el recipiente desde atrás. ¡Fíjate! Para que saque la lengua debo meterle la cuña, la pieza, desde atrás. Es maravilloso. Es tirarte por la ventana . A ver si caes de pie. Como los gatos.
– Donostiarras sentados al sol… tu próxima serie en pintura.
– Pero no en verano. Jamás en verano. No, sentados a este sol de invierno que es el que apetece de veras. Gente sentada en sitios. Con reflejos ocres y de arenisca.