Viernes, 27 de febrero 2026, 00:30
| Actualizado 09:26h.
Hace quinientos años, Diego de Siloé trajo desde la cantera Santa Pudia, en Escúzar, toneladas y toneladas de piedra para construir uno de los monumentos más importantes de Granada, la iglesia de San Jerónimo. La transportaban en carros tirados por bueyes y, llegados al monasterio, él y su equipo las modelaban en un taller para hacer, por ejemplo, el centenar de esculturas incrustadas en forma de medio relieves en el techo de ese templo, único en el mundo por varias razones que se expondrán unas líneas más adelante. ¿Qué sucede? Pues que en el transcurso de estos cinco siglos esta roca, muy maleable pero muy poco consistente, se ha ido desgastando hasta el punto de que algunas de las figuras más grandes, de en torno a 1,80 metros, han perdido piernas y brazos.
«La situación es preocupante, pero tiene solución», comenta Joaquín Martínez, que aúna la doble condición de geólogo y portavoz de la comunidad de religiosas Jerónimas. ‘Preocupante’ porque los daños son perceptibles a pocos centímetros, como pudo comprobarlo en primera persona el que suscribe, y desde abajo, a unos treinta metros. Solo hay que poner un poco de atención. Y ‘solucionable’ porque, como indica Martínez, hay técnicas y tratamientos que permiten frenar el deterioro, consolidar y posteriormente restaurar. «Ahí nunca se ha tocado», subraya. Para ello, para proteger esta joya del patrimonio granadino y andaluz, hacen falta recursos que, desgraciadamente, las monjas no tienen –ellas ya sostienen a pulmón el mantenimiento de todo este inmueble erigido entre 1504 y 1548–. De ahí que sea imprescindible el concurso de las administraciones.
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Antonio Callejón, ante uno de los seres mitológicos afectados por la arenización.
PEPE MARÍN
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«La calcarenita bioclástica es débil frente a la alteración química al tratarse de carbonato», explicaJoaquín Martínez, quien aclara que este es un mal generalizado en muchos edificios de Granada que fueron erigidos en su época con este material, y que la afectación no solo se produce en el exterior, sino también en el interior, como es el caso. No hay más que pasar la mano por la superficie para observar la descomposición y la arenización.
Este periódico ha podido acceder al andito, situado a treinta metros de altura, que rodea todo el crucero, una zona de paso totalmente restringida. Desde este pasillo, habilitado en su día para mantenimiento y que cuenta con una baranda de madera, se puede apreciar el preciosismo de cada una de esas piezas. Se observan los pliegues de los ropajes, la minuciosidad en el esculpido de los rasgos físicos, la verosimilitud de las armas… Un nivel de detalle que impresiona, si tenemos en cuenta que fueron concebidos para estar a más de cuarenta metros de altura.
Descomposición de esculturas y elementos ornamentales.
PEPE MARÍN
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Todo es lo que se está ‘erosionando’ con el paso del tiempo. En suelo de esta galería, en la que apenas cabe un cuerpo, hay pequeños fragmentos convertidos ya en arena. Pero lo más inquietante es que algunas de las tallas se están desmembrando. Los casos más evidentes son los de Marcelo y Aníbal. No deja de ser una paradoja que este último lograra cruzar los Alpes en el 218 antes de Cristo, en la segunda guerra púnica, y ahora corra peligro de ‘caer abatido’ por el transcurso de los días.
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1515
Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, falleció en 1515. A partir de ese año María Manrique se confabuló para lograr un enterramiento más suntuoso para su esposo que el de los Reyes Católicos.
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1,80
Las ocho figuras grandes, cuatro de hombres y cuatro de mujeres, están realizadas a escala humana. Miden 1,80 metros.
No es el único mal que sufre la iglesia de San Jerónimo. En el muro de poniente del coro hay una grieta de varios metros provocada por los terremotos y el golpeo de la torre, reconstruida en los años setenta con hormigón, contra la iglesia cada vez que se produce alguna vibración, algo frecuente en una tierra alta sismicidad como Granada. La brecha ha desdibujado uno de los murales, una exaltación de la Virgen, pintado por Juan de Medina entre 1723 y 1739. Un programa pictórico espectacular que jamás ha sido restaurado.
Tesoro
Lo dicho, estamos ante un verdadero tesoro histórico y artístico de Granada. Y uno de sus mejores conocedores se llama Antonio Callejón Peláez, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Granada y guía turístico oficial. «Yo nací en la calle Duquesa y mi padre vivió en Gran Capitán;estaba claro que yo terminaría aquí», dice esbozando una sonrisa. Antonio tiene un conocimiento enciclopédico sobre este conjunto escultórico en peligro porque hizo sobre él su tesis doctoral. Conoce cada una de las estatuas. «Las más importantes son las ocho más grandes que tienen cartelas con sus nombres», dice. Cuatro son de mujeres, Esther, Penélope, Artemisa y Alcestis, y cuatro de hombres, Escipión, Julio César, Pompeyo y Aníbal. «Todos personajes de la antigüedad clásica con virtudes atribuibles al Gran Capitán, que está enterrado en el altar mayor». Y en este punto hay que hablar de la persona que quiso que todo esto fuera así.
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«La situación es preocupante, pero tiene solución con técnicas de conservación y restauración»
Joaquín Martínez
Portavoz del Monasterio de San Jerónimo
Se llama María Manrique de Lara, fue la esposa de Gonzalo Fernández de Córdoba, el ‘Gran Capitán’, y no dudó en invertir gran parte de su fortuna en que el mausoleo de su esposo tuviera incluso más enjundia que el de los propiosReyes Católicos en la Capilla Real. ¿Por qué? Porque, según ha demostrado la historiografía, el Gran Capitán fue condenado al ostracismo por Fernando de Aragón en los últimos ocho años de su vida –falleció en 1515– y el único empeño de María Manrique era que se honrara «al mejor militar de la Historia de España». Por este motivo, tras lograr los permisos para intervenir en San Jerónimo por parte de Carlos V, no escatimó un maravedí en el empeño.
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Imagen de la iglesia desde el andito.
PEPE MARÍN
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«Ella era libre porque no tenía hijos varones, era muy culta y disponía de un gran erario al haber sido virreina de los ducados de Sessa yTerranova, en Italia, lo que le proporcionaba cuantiosas rentas», asegura Antonio Callejón. Por eso María Manrique, Duquesa de Sessa y Terranova, contrató para Granada a prestigiosos artistas de Italia que representaban, además, el Renacimiento, el estilo que se imponía en Europa frente al tardo gótico en el que estaban empeñados los Reyes Católicos.Por eso contó primero con Jacobo Florentino y, tras la muerte de este, con Diego de Siloé. «La mayoría de las fuentes dicen que Siloé fue traído para la Catedral, pero realmente fue para San Jerónimo», esclarece Callejón Peláez. Compaginó ambas obras durante veinte años. «De hecho, existen múltiples similitudes entre las dos construcciones básicamente porque fueron hechas por los mismos».
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«Entre el centenar de tallas, hay ocho más grandes de personajes con virtudes que se atribuían al Gran Capitán»
Antonio Callejón
Historiador del arte
Y por si todo fuera poco, añade el experto, María Manrique llegó a contactar con el mismísimo Miguel Ángel para encargarle la tumba, pero aquello se frustró por la huida del genio tras el saqueo de Roma en 1527 y por el óbito de MaríaManrique ese mismo año. «Dinero para pagarle tenía», señala el especialista taxativamente. Y fue ella, María Manrique, quien indicó a Diego de Siloé todas las representaciones mitológicas que debían tener las bóvedas y que ahora corren riesgo de perderse si no se actúa más pronto que tarde.
Lejos de alarmismos, San Jerónimo está mandando varias señales de SOS. Ahora solo hace falta que alguien se dé cuenta y coja el guante. El tiempo empieza a pasar ya demasiado rápido.
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