El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que su administración iniciará una “toma amistosa y controlada” de Cuba, en declaraciones atribuidas a un intercambio con periodistas en la Casa Blanca.

La expresión no ha sido acompañada hasta ahora de un documento oficial, decreto o plan detallado que explique su alcance concreto, pero el mandatario utilizó esa frase al referirse al enfoque que adoptaría su administración respecto a la isla.

Trump hizo el comentario durante un intercambio con periodistas en la Casa Blanca. En ese marco describió a Cuba como “una nación fallida”, afirmó que el gobierno cubano “está hablando” con Estados Unidos y que atraviesa “una situación muy grave”.

También sostuvo que “quieren nuestra ayuda” y que el secretario de Estado, Marco Rubio, “se está ocupando de ello al más alto nivel”, confirmando la existencia de contactos en curso.

La frase “amistosa y controlada”, tal como fue citada, sugiere —según el contexto reportado— un enfoque político o estratégico, no bélico.

En otras palabras, podría implicar tomar control de variables estratégicas: flujos energéticos, incentivos económicos y palancas de negociación.

Qué podría implicar en la práctica: 1) Energía como palanca central

Washington ha buscado restringir el acceso de Cuba a combustible importado y, al mismo tiempo, ha flexibilizado parcialmente algunas restricciones para permitir envíos hacia el sector privado cubano, en un esquema que apunta a reorganizar dependencias.

En un país donde el combustible define transporte, agricultura, generación eléctrica e incluso abastecimiento, esa variable funciona como “interruptor” de estabilidad.

Qué implicaría:

  • Licencias selectivas para suministro (y posibilidad de retirarlas).
  • Incentivos a actores económicos no estatales.
  • Condicionamientos verificables a cambio de alivios parciales.

2) Diplomacia discreta 

Trump afirmó que Rubio sostiene conversaciones con el régimen “a un nivel muy alto”.

Eso sugiere un carril paralelo de negociación cuyo contenido no está explicitado, pero que en lógica de poder suele incluir:

  • Pruebas de voluntad (gestos verificables).
  • Intercambios limitados (humanitario/energético/migratorio).
  • Condiciones graduales y reversibles.

3) Reconfiguración económica gradual

En el documento se plantea que una vía de influencia sería que Cuba dependa más de suministros y mecanismos vinculados a Estados Unidos.

Eso, llevado a política, se parece a un modelo de transformación por dependencia: introducir oxígeno en áreas específicas (privados, cadenas logísticas, energía) mientras se mantienen controles sobre el resto.

El caso de Venezuela: cómo se vería ese molde aplicado a Cuba

En el plan esbozado por Marco Rubio para Venezuela, se ha hablado de un esquema por fases: estabilizar, reordenar, transicionar. Si Trump y Rubio estuvieran pensando algo parecido, “toma amistosa y controlada” para Cuba podría traducirse así:

Fase 1: Estabilización con control de recursos críticos

En Venezuela, el petróleo es la llave. En Cuba, la llave es la energía importada (diésel, gasolina, fuel para generación).

Objetivo: evitar un colapso “desordenado”, pero sin regalar margen político: estabilizar bajo condiciones.

Fase 2: Reconfiguración económica (con actores “aceptables”)

En Venezuela, el planteamiento suele incluir rediseño del sector energético y reinserción. En Cuba, habría apertura limitada hacia envíos al sector privado y la idea de licencias específicas como herramienta.

Objetivo: fortalecer un tejido económico alternativo y crear dependencias nuevas que reduzcan el monopolio estatal, sin decirlo abiertamente como “cambio de régimen”.

Fase 3: Presión hacia transformaciones políticas graduales

En este tipo de modelos, lo político llega después: elecciones, garantías, libertades, reglas de competencia.

Aquí la palabra “controlada” sugiere que nada se entregaría sin verificación y sin capacidad de reversión.

Si Estados Unidos aplicara en Cuba una estrategia equivalente a la anunciada para Venezuela las dinámicas internas y de poder en la Isla podrían cambiar de forma radical, por varias razones profundas ligadas a la estructura del régimen actual.

La transición en Cuba sería de forma controlada y bajo el liderazgo de EE.UU. Para empezar, en Cuba no se puede iniciar por elecciones ni por “reformas bonitas”.

Estimaciones de la Inteligencia Artificial revelan que en un plazo de 10 años, se necesitaría para la fase de estabilización, de 6–8 mil millones; para la de recuperación, de 16–23 mil millones y en la de transición, de 20–30 mil millones. 

Por qué “amistosa” y por qué “controlada”

“Amistosa”: sugiere un proceso no bélico, más cercano a negociación + incentivos + presión, con ciertos canales abiertos y sin declarar guerra.

“Controlada”: implica condicionalidad, supervisión, licencias reversibles y un diseño que minimice sorpresas (o “desbordes”) mientras se busca un resultado.

Incluso si esa fuera la idea, hay obstáculos evidentes. En primer lugar, se generaría resistencia del aparato estatal cubano a ceder control real. En segundo, habría competencia geopolítica: Rusia/China/Irán estarían como contrapesos.

Además, existiría el riesgo latente de que el control energético produzca más deterioro humanitario si no se maneja con calibración.

Mientras la isla enfrenta una de sus peores crisis energéticas en décadas, Washington apuesta a que el acceso controlado a suministros vitales pueda convertirse en una palanca de influencia sin levantar de manera general el andamiaje de sanciones.