El talento no depende ni va aparejado a ningún código postal. Los éxitos, tampoco. Cierto es que, si repasas toda la geografía española, unos suelen tenerlo más fácil que otros. En general. En casi todo. Sin embargo, a veces, los argumentos que uno tiene en … sí mismo son lo suficientemente poderosos como para no solo superar, sino para también derrumbar cualquier barrera que se anime a siquiera esbozar una España de dos o tres divisiones. Glow ha conseguido nacer, crecer y triunfar como productora de cine de animación desde Almendralejo. 30.000 habitantes. En el corazón de una provincia, la de Badajoz, profundamente azotada por la despoblación más virulenta, se ha erigido, a base de empeño -y talento sin código postal- una especie de milagro que llega a la 40ª edición de los Premios Goya con tres nominaciones bajo el brazo, dos por los cortometrajes ‘Decorado‘ y ‘El corto de Rubén‘ y una tercera por el largo animado ‘El estado del alma‘.
La historia de Glow es el fruto -como ocurre con la mayoría de historias improbables- de la intuición, el trabajo y también, quizás, de una especie de creencia, cercana a la locura, de quien sueña en grande mientras otros le creen extraordinariamente alejado de la realidad de este mundo nuestro. El ahora más que reconocido director y también CEO de la productora, José María Fernández de Vega, cuenta cómo nació Glow en 2010. Ellos querían hacer cine de animación. Ni más ni menos. Aunque hacerlo, precisamente desde Extremadura y en aquel momento, para muchos fuese una quimera. No por falta de talento, dice, sino por falta de ecosistema: «Estábamos lejos de todos los núcleos creativos tradicionales». Lo que, en palabras llanas, viene a ser: lejos de la industria, lejos de los contactos, lejos de las infraestructuras y, sobre todo, lejos de la inversión.
Es cierto que el estudio de animación no surge de la nada. Antes, existía una empresa dedicada al diseño 3D, pero enfocada a la arquitectura. Se sobrepuso al boom inmobiliario y cuando el contexto no le benefició, el proyecto de Glow ya estaba en marcha. Frágil, seguramente. Muy pequeño, de hecho. Con pocos mimbres cuantitativos, pero sí cualitativos, que son los que acaban marcando la diferencia. Ya había entonces un equipo creativo dispuesto a llevar todo lo que sabían al terreno de lo audiovisual. Desde entonces, y pese a algunos grandes éxitos, la productora, como empresa, nunca ha perdido el norte, cuenta su CEO. Han llegado a picos de hasta 80 profesionales, pero subraya que siempre han mantenido una estructura estable de entre 20 y 25.
Antes y después de Buñuel
Para que la historia nos conduzca justo al punto en el que estamos hoy, con una productora de Almendralejo encarando los Goya con tres nominaciones bajo el brazo, evidentemente, tuvo que haber, en algún momento, un gran punto de inflexión. Un golpe de genialidad que lo cambiase todo, que dejase atrás el milagro para abrir paso a una realidad ya incontestable. Y seguramente ese golpe fue «Buñuel en el laberinto de las tortugas», dirigida por Salvador Simó y que fue un rotundo éxito para la crítica y el público. Fue la mejor cinta de animación en los Goya de 2019 y ganó incontables galardones, pero el mayor «premio» fue que se convirtió en una especie de sello de calidad, en la confirmación de que, desde Almendralejo, se podía hacer animación de calidad: «Antes de la película, casi nadie sabía que existíamos. Después, quien no sepa que existe Glow es que no está en el cine español».
Los triunfos y reconocimientos de Glow ya no son, desde hace años, una rareza. Más bien lo contrario. Aunque, cierto es que lo conseguido este año es un hito difícilmente igualable: el 30% de las obras nominadas en los Goya a las categorías de animación llevan el sello de Glow. Entre ellas, «Decorado», un cortometraje arriesgado y existencial muy celebrado por la crítica; «El corto de Rubén», que combina con mucha solvencia animación 2D y 3D para, de alguna forma, reírse de la propia industria; y «El Estado del Alma», que es otra muestra del gran músculo del estudio.
Pilar Díaz Pardo, joven extremeña, es la directora de producción. Ella en sí mismo es el ejemplo de que el éxito del estudio va más allá de los premios. Glow es también una plataforma, un primer paso, la puerta abierta a un mundo audiovisual que, hasta hace no mucho, parecía muy lejano para quienes nacían en la Extremadura más rural. Ella cuenta que el éxito no tiene que ver con historias épicas, sino con constancia. Reivindica que «el talento no entiende de geografías». Trabajar en su tierra, explica, ha supuesto un reto logístico, por supuesto, pero también le ha dado al estudio una identidad clara y una manera distinta de hacer cine, menos industrial, pero mucho más humano.
La victoria de lo rural
Hay una anécdota que resume todo a la perfección. Fernández de Vega cuenta que, en los inicios, hubo quien, como poco, le sugirió no identificarse con el lugar en el que estaban: «Nos recomendaban no poner Almendralejo en las tarjetas». Les decían que debían suavizar su procedencia, no cargar con el estigma de lo rural. Algo así como perder el acento, pero en términos audiovisuales. Ahora, paradójicamente, Almendralejo es marca. Almendralejo es, para el sector, referencia total de la animación y, además, un buen argumento para defender que la descentralización cultural es posible y, dice Fernández de Vega, también necesaria.
El CEO de Glow compara su recorrido con el de otros fenómenos extremeños que hicieron de lo rural, de su esencia, su marca. No hay que irse muy lejos. Robe Iniesta logró con Extremoduro poner, a su manera, el nombre de Extremadura en cada esquina del país. El Extremadura, uno de los dos únicos clubes de la región que llegó a Primera División, lo hizo, precisamente, desde Almendralejo, pero con el nombre de toda una comunidad autónoma. O más recientemente, el extraordinario fenómeno en el que se han convertido los Sanguijuelas del Guadiana, cuatro jóvenes de «pueblo chico» que están rompiendo, con letras sobre Extremadura, todos los moldes a nivel nacional.
Todo ese espíritu está en el equipo de Glow. Mary Cruz Leo es guionista. Ella también evita hablar de milagros. No los hay. Hay trabajo diario: «Somos el ejemplo de que querer es poder». E insiste en ese espíritu: «Llevamos Extremadura en nuestras historias para que el mundo vea que somos igual de competitivos». Reivindica además que se puede vivir del audiovisual en la región.
Sin techo en el horizonte
Paradójicamente, mientras más arraigada se siente la producción de Glow, mientras más apegada está la productora a su tierra, más universal es su discurso, que no deja de ser el de crear historias desde la periferia. Eso les ha abierto puertas. El estudio ya trabaja con socios nacionales e internacionales y desarrolla nuevos proyectos que miran más allá del corto plazo. «No hay techo», dicen, «hay camino. Glow, dice su CEO, »podría haber nacido en cualquier otro sitio«, pero, entonces, »sería totalmente distinto«. Su esencia es su motor. Se resignaron a tener que borrar su esencia de las tarjetas con las que se presentaban cuando todavía no habían conseguido nada. Ahora no solo no la borran, sino que hacen bandera de ello. Glow es una productora que lo ha logrado todo, que ha triunfado en los Goya, que ha peleado un Oscar, pero que, por encima de todo, ha demostrado que no existen mapas culturales. Y que, si existen, pueden dibujarse de nuevo. Incluso -o, más bien, sobre todo- desde Almendralejo.
