Más que no saber, más que no querer, el Zaragoza lo que es, es que no puede. No le da. Ni le dio, ni le da, ni parece que le vaya a dar para salvarse de la mayor deshonra de su historia. No le llega ni cuando juega mal, ni cuando lo hace un poco mejor, ni cuando el rival le somete, ni cuando se levanta sobre ellos… Si este Zaragoza debió salir mejorado del enero de Txema Indias, Mariano Aguilar y Fernando López, aquí están los resultados: una nueva derrota, contra un Burgos que parece menos de lo que es, después de un partido indigesto, poblado de impotencia, pobre de calidad (pases, controles, tomas de decisiones…) y, sobre todo, deprimente. No fue peor el Zaragoza que el Burgos, pero el Burgos jugó mejor de acuerdo a sus códigos. La derrota horada más la sepultura del equipo aragonés, a ocho puntos crece la desventaja a la salvación, y deja a Sellés muy tocado. El entrenador demostró en su día su validez, su capacidad para hacer del Zaragoza un equipo competitivo y hasta ganador. Lo condujo vivo a enero, pero el club y las lesiones clave le asestaron una puñalada mortal. De aquel Zaragoza apenas queda nada. La crisis puede llevarse todo y a todos por delante, pero, desde luego, el desfile de salidas, esta vez, no debería empezar por abajo, sino por arriba. Por el palco que tanto señaló un zaragocismo indignado y abatido.