Igor Antón se hizo ciclista en El Vivero. O, como él dice, «salí ciclista en una pista de atletismo». Ubicada en lo alto de Galdakao, … en el barrio de Elexalde, hasta allí tenía que subir tres veces a la semana para dar sus primeras pedaladas en la escuela de ciclismo. Es una rampa muy dura, y más para un chaval. Lo hizo durante cinco años. «Más de 2.500 veces», calcula. Era como su parque. Y lo siguió siendo de mayor, en juveniles, aficionados y en profesionales.

Esta cuesta formó parte de la segunda etapa de Vuelta al País Vasco en 1996. Allí se impuso Fancesco Casagrande. El entonces ciclista del Saeco fue el más fuerte en ese tremendo repecho que sorprendió a muchos. Se quejó el italiano de la dureza de la llegada: «La subida final había sido más fuerte de lo que creía. En el libro de ruta no venía reflejada su dureza real y, al igual que yo, los corredores que no la conocían se han visto engañados». En ese repecho también ganó Miguel Induráin en los años 80 cuando el navarro militaba en aficionados.

Treinta años después de que Casagrande levantara los brazos en Elexalde, la prueba vasca volverá a ese enclave. Pero no se detendrá ahí. La Itzulia pidió a Antón que realizara el recorrido de la cuarta etapa con inicio y final en Galdakao. El exciclista se conoce como la palma de su mano El Vivero. Su ‘parque’ cuando era un chaval. Deseaba meter una ascensión inédita. Así que pidió a la organización que asfaltara otros 450 metros para llegar a la carretera general de este mítico puerto vizcaíno.

A 60 kilómetros de la meta

Esta ascensión a El Vivero nunca se ha hecho en el ciclismo. EL CORREO acompaña a Antón, que disecciona cómo cree que se afrontará este puerto, que se subirá a falta de 60 kilómetros de la meta. Antes del reconocimiento, detalla los pasos por las diferentes vertientes que harán los profesionales. Él quería que los ciclistas bajaran por Lezama, pero «por seguridad» le han aconsejado que se haga por Santo Domingo. En el Tour de Francia de 2023 Richard Carapaz y Enric Mas se fueron al suelo en el descenso de El Vivero y dijeron adiós a la ronda gala a las primeras de cambio. Además, apunta Antón, la Ertzaintza recomendó que los giros fueran más grandes para regular la carrera. «Cuando los extranjeros vean el mapa, dirán ‘¿qué es esto?», añade.

La cuarta etapa comenzará en Galdakao. Tras pasar Gernika, Bermeo y los altos de Aretxabalgane, San Pelaio, Jata y Unbe, la prueba vuelve a la localidad vizcaína. Será entonces cuando deban afrontar la subida inédita a El Vivero por Elexalde. «Será el tramo caliente», vaticina el exprofesional. Cuatro kilómetros con duras rampas hasta coronar el puerto. En los primeros mil metros de esa ascensión también estará ubicada la meta. Un repecho muy duro que bien dejó patente Casagrande hace 30 años.

Pasada esa zona comienza «la encerrona», explica Antón. Los ciclistas deben hacer un pequeño giro a la izquierda y meterse por una pista de hormigón donde la pendiente llega al 18%. «Irán lanzados, todos en fila, los primeros metros ni se enterarán», sostiene el exciclista. Sin embargo, a la velocidad que lo hace el vizcaíno todo es diferente. «Clonk, clonk». Es el ruido de su cambio trasero al subir la cadena hasta el piñón más grande. El desarrollo más ligero para subir, y aun así se tiene que poner de pie sobre los pedales para avanzar. «Se agarra, ¿eh?». «Por aquí pasarán unos escapados, pero el pelotón se tiene que poner las pilas para empezar a trabajar, ya que tras coronar solo quedarán 60 kilómetros a la meta», subraya.

Tras pasar un tramo de hormigón, se vuelve a girar a la izquierda, por una zona que ahora está asfaltado. «Por aquí venía en mountain bike, pero ahora va a ser una vertiente por la que muchos ciclistas podrán subir», expone. No obstante, para Antón, «lo duro de verdad son 300 metros». Además, si «vienes entrenando parece más duro, pero en carrera no lo es tanto», considera.

Otra subida por Larrabetzu

En este reconocimiento de la subida, Antón se topa con un grupo de chavales que estudian para Guardia Forestal. El fotógrafo que acompaña al exciclista les pide que animen. No lo dudan. Al exciclista se le ilumina la cara y sonríe. Por un momento parece que vuelve a competir y pasa a través de los aficionados que se agolparán en esa zona de El Vivero. «Qué bueno. Parece que estaba preparado. Ni queriendo sale esto», dice, dando las gracias tras los apoyos. Tras ese divertido instante, hay un pequeño descenso hasta volver a la carretera principal de El Vivero. Hasta aquí son 3,3 kilómetros desde el Ayuntamiento. Después hay que sumarle 800 metros hasta coronar. Una ascensión por donde pasaron en el Tour y la Vuelta a España.

En esa carretera ancha, a la derecha hay un cruce por donde los corredores deberán ascender en último lugar. Es la vertiente de Legina y Larrabetzu, junto al restaurante Horma Ondo. Un homenaje a su cocinero, Mikel Bustinza, fallecido en un accidente de tráfico en enero. Tres kilómetros al 8% de pendiente media y con un tramo al 21%. «Ahí hay un rampón que flipas», dice. «Si un ciclista saca unos segundos, quizá pueda llegar a la meta en solitario», añade. Desde ahí tendrán que bajar hacia Galdakao. Allí les espera la rampa de Casangrande, o mejor, dicho, la de Antón, donde el corredor se hizo ciclista. En El Vivero.