Cristina Bucsa se abrazaba en Mérida a su padre. No era para menos. Acababa de derrotar a la número siete del mundo, Jasmine Paolini, y, … de paso, se le abría la oportunidad de ganar el primer título WTA individual de su carrera. Mucho que celebrar al final de un día en el que también había certificado su pase a la final de dobles. Buscará dos títulos el mismo día mientras se convierte en la primera raqueta española.
Magdalena Frech es ahora su último escollo en una carrera en la que no solo busca su primer título, sino también convertirse en la mejor raqueta española. De momento ya se ha asegurado el 46º puesto del mundo cuando se actualice la lista de la WTA, pero de ganar será 31ª en un doble récord personal, puesto que no solo significaría pulverizar su mejor clasificación, sino colocarse con comodidad como mejor tenista nacional.
«Trabajo para esto, y si no me considerara favorita no valdría la pena todo el trabajo que estoy haciendo», reflexionaba en la rueda de prensa posterior al partido, cuando ya se sabía doble finalista.
La polaca Magdalena Fręch, número 57 del mundo (frente al 63 que ocupa en esos momentos la cántabra) serña su rival en el camino hacia su primera victoria profesional en el circuito grande (siempre en categoría individual). El Yucatán Country Club puede convertirse así en un escenario histórico para la torrelaveguense. «Cada partido es un mundo, nunca sabes cómo vas a sentirte en cada día», adelanta la montañesa.
En resumen, la torrelaveguense tiene esta madrugada una doble oportunidad de estrenar su palmarés de 2026. En una intensa jornada y sin apenas tiempo para recuperar fuerzas, afronta las finales individual y de dobles del WTA500 de Mérida en el que ya es su mejor torneo de un año en el que comenzó titubeante pero que comienza a encarrilar.
«Para mi son dos partidos más. Es lo que hago día a día. Saldré a darlo todo y disfrutar». Deberá hacerlo además con una gran exigencia física, con dos citas y dos títulos en juego con muy pocas horas de diferencia. «Ya jugué dos finales en Limoges y voy a a por ello; a por todo», añadía
Un ajustado 5-7 y 4-6 le sirvió para dejar en la cuneta Paolini en un igualado partido que se resolvió por la mínima en las dos mangas, aunque sin necesidad de llegar a la muerte súbita en la segunda.
Era la primera vez que ganaba a una jugadora del top 10. Lo hizo en un partido en el que comenzó muy entonada, colocandose con 3-5 a favor, pero no pudo sentenciar el set por la vía rápida y Paolini recortó distancias hasta la igualada antes de que Bucsa se colocara en ventaja tras anar el tie break.
Más acusadas fueron las fases del segundo set, en el que Bucsa dispuso de un 4-0 a favor. «Vio que me quedaba atrás y estaba un poco más conservadora, así que comenzó a atacar y coger más confianza, de modo que intenté hacer lo mismo y ser más agresiva.», explicaba la cántabra sobre esa fase del partido, en la que tras encajar un 3-0 en contra endosó a la italiana un juego en blanco con su servicio, encarrilando el 4-6 final.
Certificaba así el pase a la final justo en el día en que su padre y entrenador, Ion Bucsa, cumplía años, y saltó a la pista una vez finalizado el duelo para celebrar con su hija una fecha que se convertía así en más señalada.
En la final de dobles, en la que es junto a la china Jiang Xinyu la favorita (comenzaron ya el torneo como segundas cabezas de serie) se enfrentará a la neerlandesa Isabelle Haverlag y la británica Maia Lumsden. Como el Limoges hace tres años, buscará dos títulos. La diferencia, entre otras, que aquello era un 125 y ahora es un 500.