Hacerte sentir bien en tu propia casa. Sin duda una premisa que debe regir y guiar cualquier obra de diseño interior de un profesional. Y la clave está, sin duda, en otorgarle a tu hogar una identidad que sintonice directamente con tu estilo de vida y tus gustos, pero también que te arrope, te sane y proporcione, ante todo, bienestar. Convertirlo en tu aliado a la hora de forjar tus mejores recuerdos; y tu refugio en las épocas más difíciles. Ya sea una reforma integral, una revisión de acabados o un completo trabajo de decoración, la obra debe dar funcionalidad al espacio y, además, buenas vibraciones. Y dentro de ese círculo de trabajo, entran en juego muchos elementos como la luz natural y también las lámparas con luz cálida, las texturas, la paleta de color y los muebles que te van a acompañar e, incluso, los aromas. De todo ello hablamos con la interiorista del norte Natalia Zubizarreta (su estudio está en Bilbao), experta en decoración emocional. Para ella, esta corriente sitúa al diseño de interior al alza. Y lo explica con asertividad al afirmar que «uno debe diseñar pensando en cómo quieres sentirte cuando llegas a casa. Porque las casas no son moda; son una forma de vida».

Cortesía Nataliza Zubizarreta
Las casas no son moda, son una forma de vida

Cortesía Natalia Zubizarreta
Natalia, ¿cómo conseguir ese bienestar en casa y cuáles son esos elementos que deben guíar tu casa para lograr una decoración emocional?
El auténtico bienestar aparece cuando tu casa está alineada con tu momento vital, tu ritmo y tu personalidad. Cuando entras y sientes: “aquí respiro”. Desde la distribución de la planta (cómo te mueves por el espacio), pasando por el cuidado de la luz natural y artificial, o los materiales que tocas cada día y los colores que te rodean…, hasta los muebles vintage con historia que son el nuevo lujo y conectan contigo. Siempre digo que, al final, una casa se construye más desde lo emocional que desde lo arquitectónico.
¿Crees que la decoración puede sanarnos en circunstancias difíciles de nuestra vida? Una casa quizá no sea una medicina en el sentido literal, pero sí puede convertirse en un apoyo profundo en momentos complejos. Puede sostenernos y acompañarnos mientras recolocamos lo que por dentro está movido. La clave está en crear espacios que aporten calma, orden y cierta sensación de control cuando emocionalmente estamos más vulnerables. A veces algo tan sencillo como despejar, reorganizar, introducir luz cálida o recuperar una pieza que nos conecta con un recuerdo bonito transforma por completo la energía del ambiente… y eso, inevitablemente, impacta en cómo nos sentimos. Sin duda, el hogar es nuestro refugio y debe ser un verdadero lugar de apoyo.

Cortesía Nataliza Zubizarreta
¿Qué piezas y colores crees que no deberían entrar nunca en un hogar?
Más que hablar de piezas “prohibidas”, prefiero pensar en piezas que no tienen sentido para quien vive en esa casa. Lo que intento evitar siempre es el mobiliario que no encaja en escala y termina saturando el espacio, los objetos sin significado que generan ruido visual y los colores que elegimos por pura tendencia, aunque en realidad no conecten con nosotros. Una casa no es un escaparate de moda, es un espacio vivido. Y cuando entiendes eso, la manera de elegir cambia por completo. Al final, cada elección debería sumar equilibrio y coherencia al conjunto. Cuando una casa está bien medida (en escala, en color y en significado) se percibe. Y eso marca la diferencia.
«Una casa no es un escaparate de moda, es un espacio vivido. Y cuando entiendes eso, la manera de elegir, cambia»

Cortesía Nataliza Zubizarreta

Cortesía Nataliza Zubizarreta
Un cliente tiene que renovar una casa heredada pero sus espacios le traen buenos y, a la vez, malos recuerdos… ¿Cómo se gestiona este contexto a la hora de realizar el proyecto? Aquí el proyecto es casi más emocional que técnico. Lo primero es escuchar mucho. Entender qué quiere conservar (aunque sean los recuerdos) y qué necesita transformar para poder empezar una nueva etapa. Muchas veces no se trata de eliminar, sino de reinterpretar. Podemos mantener una pieza concreta, restaurarla o integrarla en un ambiente completamente distinto. También funciona muy bien transformar los espacios más cargados energéticamente: cambiar distribución, abrir puntos de luz, modificar textiles y colores. Es un equilibrio delicado entre respeto y renovación. Y cuando se hace bien y alineado con el deseo de su propietario/a, el resultado es muy liberador.
Cuando uno vive en el norte, como Bilbao, el clima y la luz del invierno complican a veces ese bienestar que buscamos en la decoración. ¿Algún consejo para conseguir una atmósfera más amable en casa? En el norte la luz es un auténtico regalo… pero en invierno hay que trabajarla con intención. No podemos depender de una única lámpara central; es mucho más efectivo multiplicar los puntos de luz cálida y crear pequeñas escenas que envuelvan el espacio. A eso le sumo siempre tejidos acogedores como linos lavados, lanas, terciopelos o textiles bouclés, que aportan abrigo visual y físico, y maderas naturales que introducen esa calidez que el clima a veces nos resta.
También ayuda apostar por una paleta base neutra y cálida —beiges, tonos piedra o topo— que suavizan el ambiente y envuelven la luz, en lugar de blancos excesivamente fríos que pueden resultar más duros en climas grises. Si la vivienda lo permite, las ventanas de tejado son una solución elegantísima para introducir más luz natural y cambiar por completo la percepción del espacio.
En casas amplias pero oscuras, abrir visualmente las estancias funciona muy bien: ampliar un arco de paso o incorporar correderas acristaladas entre cocina y salón permite que la luz fluya sin perder independencia. Y, por supuesto, el espejo es un aliado infalible: uno de gran formato, orientado hacia la ventana, multiplica la luz y aporta una sensación inmediata de amplitud y claridad.
Los textiles, las maderas y los colores cremas son aliados imprescindibles del bienestar

Cortesía Nataliza Zubizarreta

Cortesía Nataliza Zubizarreta
Dinos 3 piezas de objetos a los que recurres siempre para crear un buen clima en casa.
Una buena lámpara de sobremesa con pantalla textil, porque la luz baja y cálida cambia completamente la atmósfera. Una manta o cojines bien seleccionados, que aporten abrigo visual y físico. Una pieza con alma, como un mueble con historia, una cerámica artesanal, una fotografía familiar, un objeto heredado reinterpretado.

Cortesía Nataliza Zubizarreta

Cortesía Nataliza Zubizarreta