La gran noche de Amílcar Cabral fue ayer en el corazón de Nueva York. El director madrileño, criado y afincado en Mallorca, Miguel Eek, estrenó en el Museum of Modern Art (MoMA) su cinta documental Amílcar, líder revolucionario de la Guinea Portuguesa y una de las figuras más importantes de la independencia de regiones como Guinea-Bisau. La película, que se ha realizado a lo largo de un lapso de 12 años, se estrenó en Estados Unidos seleccionada dentro del Doc Fortnight, el festival anual de documentales que se celebra en el importante museo neoyorquino. Fue, de hecho, la primera cinta del festival que continuará durante casi dos semanas.
El acto tuvo lugar en el Roy and Niuta Titus Theater del MoMA y tras la proyección del documental hubo un coloquio con el propio cineasta que explica a Ultima Hora que «el acto fue muy bien y el público fue muy entusiasta y cinéfilo; llenaron la sala».
Temáticas
Las temáticas que el filme trata van desde la política a los dramas migratorios, pero todo desde un punto de vista autoral que Miguel Eek ha querido darle al proyecto para tratar la figura de Amílcar, la cual le generó una fascinación cuando el cineasta vivió en Cabo Verde y entró en contacto con el legado de este revolucionario. Así pues, Eek detalla que la aproximación al personaje es arriesgada, ya que se parte del hecho de que Amílcar era alguien capaz de liderar una revolución y, a su vez, escribir cartas de amor a sus seres queridos.
Es una humanización de alguien cuyo discurso es, en opinión de Eek, «daba respuestas que no veía en la política europea del momento», una idea de que «la política se hace con el pueblo, y no para el pueblo». Un discurso que cobra significancia e importancia cuando se tiene en cuenta el contexto en el que se ha proyectado la película: el de la ciudad santuario de Nueva York, urbe natal del actual presidente de los Estados Unidos, Donald J.Trump, quien ha puesto en marcha una política antiinmigración feroz y que choca frontalmente con la visión del actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, nacido en Uganda y que aboga precisamente por una política mucho más abierta.
Mamdani, de hecho, tuvo una reunión en la Casa Blanca escasas horas antes de la proyección del filme, a la que por cierto fue invitado formalmente, para discutir la detención de una estudiante de la universidad de Columbia, Elmina Aghayeva, por los ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) sin orden judicial. El debate estaba servido tras el visionado de Amílcar, un filme que a Eek le ha hecho llegar a una conclusión que no es otra que la de que «los derechos humanos y sociales hay que reconquistarlos constantemente».
Eek detalla que «la sala estaba totalmente llena». y celebra que «que el coloquio posterior se hizo corto» de lo bien que fue. El auditorio estuvo ocupado por gente que descubrió el personaje de Amílcar Cabral gracias al filme y, además, Eek señala que «las ideas coloniales y el colonialismo han resonado mucho» en el público loca en pleno auge de tendencias totalitarias en un Estados Unidos con ansias expansionistas, con la sombra planeando sobre una posible anexión de Groenlandia, así como el ataque a Irán –inminente cuando se produjo el coloquio– llevado a cabo junto a Israel.