A veces, el problema no es que no surjan ideas, sino que no existe forma de ejecutarlas. Es endémico, por ejemplo, en el campo de … las ciencias. Aquí, en la provincia de Granada, el Instituto de Investigación Biosanitaria centraliza todos los estudios y ensayos clínicos que 1.200 expertos llevan a cabo, muchos de ellos en colaboración con instituciones de otros territorios. Sin embargo, sacarlos adelante no es tarea fácil. A la vista está. Mariano Barbacid, jefe del Grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ha conseguido curar el cáncer de páncreas en ratones, pero para financiar ensayos clínicos en humanos necesita 30 millones de euros. Sobre las dificultades para conseguir financiación, algunos investigadores granadinos se muestran contenidos, pero otros no dudan en señalar en voz alta lo que no funciona. Aunque sea lo que nos hace avanzar como sociedad, la investigación no es una prioridad. Y aun así, de Granada siguen saliendo cada año casos que marcan un antes y un después en la lucha contra el cáncer.
Epigenética. Reeducar las células malignas para que sean reversibles
Una de las investigaciones oncológicas más prometedoras que actualmente se está gestando en Granada busca reeducar las células malignas para que sean reversibles. Lo clásico es intentar eliminarlas. Este es un abordaje nuevo. Detrás está el grupo de epigenética del Centro de Genómica e Investigación Oncológica (GENyO), que estudia la alteración de la función del ADN en enfermedades, sobre todo, en envejecimiento y casos de cáncer. El investigador líder, David Lanteira, comparte con IDEAL algunas claves: «Queremos reeducar las células a nivel funcional para que la malignidad sea reversible. En los últimos 20 años se han diseñado fármacos exclusivos para esto. Se prueban y finalmente se implementan en la clínica. Los que usamos nosotros ya están disponibles. Hasta ahora, los hemos probado para cáncer de pulmón, de mama y mieloma múltiple. Vamos saltando según el desarrollo».
Él y su equipo repararon en que si el ser humano está formado por un genoma (que es el conjunto de ADN) con diferentes epigenomas (las modificaciones químicas que experimenta ese ADN), entonces algunas enfermedades podrían no estar determinadas genéticamente, sino ser consecuencia del deterioro de la memoria epigenética. «En quimioterapia, algunas células sobreviven y se hacen resistentes. Creemos que es por epigenética. El objetivo es que, si es por alteraciones en el epigenoma, el cáncer sea menos virulento y más sensible a algunos fármacos», explica Lanteira. La actividad de grupos de investigación como el suyo hacen de GENyO un referente internacional en el conocimiento sobre las bases moleculares que subyacen el desarrollo del cáncer. Aun así, sufren la «falta y continuidad de financiación». «El sistema tiene carencias enormes. La Junta dice que resuelve en seis meses y tarda dos años. ¿Qué haces? Tú has hecho cálculos para trabajar seis meses», lamenta Lanteira, que asegura que las subvenciones son en general «insuficientes».
Naturaleza. Moléculas de esponja marina contra el cáncer de pulmón
Aunque cueste creerlo, en la naturaleza hay elementos que pueden marcar un antes y un después en el tratamiento del cáncer de pulmón con células no pequeñas, de los cuatro más frecuentes de España y quizá el más mortal. El catedrático de la Universidad de Granada José Carlos Prados lleva años trabajando en terapias más efectivas con su grupo de investigación Tecnología Aplicada a Oncología y Terapia Génica. Recientemente, de hecho, ha encontrado posibilidades nada más y nada menos que en el mar.
La protagonista es la esponja marina. El equipo cogió una molécula de este animal marino y la modificó genéticamente. Y después, la probó en células de pacientes con este tipo de tumor en el pulmón. ¿El resultado? Las células malignas «quedan reducidas prácticamente a cero». «Esta molécula natural es capaz de matarlas y, además, favorece la autofacia, que se autodestruyan cuando ya están alteradas. Todo lo probamos en animales y ya hemos visto que reduce mucho el número de metástasis», asegura este experto en anatomía y embriología humana.
Tecnología. Degradando proteínas
Los investigadores de la universidad granadina están trabajando para aplicar, también contra el cáncer de pulmón «porque hay muy pocas opciones», terapias desarrolladas con una tecnología revolucionaria que se llama Protac. Se trata de quimeras dirigidas a la proteólisis, que es la degradación de proteínas. Normalmente, cuando se trata de cáncer, la función de los fármacos suele ser bloquear la proteína que se altera. Con esta tecnología, sin embargo, esta se degrada hasta destruirse «por completo». «La lleva a una parte de la célula y acaba con ella. De hecho, con una sola molécula Protac es posible eliminar múltiples proteínas diana, que son las que están alteradas», indica el doctor Prados.
Gracias a esto, se puede llegar a proteínas que los fármacosconvencionales no alcanzan, las dosis pueden ser más bajas y el efecto es «más duradero». Su funcionamiento e impacto se empezó a analizar hace un par de años, en 2024. A día de hoy, el estudio ya se encuentra en una fase «muy» avanzada. No obstante, hay que tener paciencia. El científico advierte que todavía sigue en experimentación, por lo que queda mucho para que se pueda probar en humanos. «La ciencia tiene sus tiempos y hay que respetarlos, eso es indiscutible. Aunque también es verdad que la falta de financiación a menudo retrasa la investigación. Hay que pagar a la gente a cargo y los ensayos son muy caros», admite.
Nanomedicina. Nueva herramienta
La escasez de dinero es una realidad incluso cuando hay hallazgos patentados de por medio y todo un departamento de Química volcado. Resulta que, a través de la nanomedidina, el grupo de investigación dirigido por José Carlos Prados ha diseñado estructuras muy pequeñas capaces de transformar el tratamiento de un paciente oncológico. «Hemos usado un nanofármaco basado en un fármaco que ya existe, que es Olaparif. Al unir esa molécula efectiva con una nanopartícula, ha mejorado la biodisponibilidad de personas que tienen cáncer de ovario y próstata», señala.
La nanopartícula protege el fármaco, es como si lo envolviera, lo mantiene más tiempo en la sangre y eso hace que llegue a las células malignas con más efectividad. Desde la UGR ya lo han patentado y ahora persiguen el objetivo de desarrollarlo. Y es que, según este investigador, puede tratarse de una nueva herramienta terapéutica para los pacientes oncológicos. La cuestión es que «para eso necesitamos financiación».
Etiología. Alimentación y estrés, dos grandes agravantes
Aunque hoy hay muchas investigaciones en marcha, otras ya han dado sus frutos y son una realidad. La Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) lleva 40 años, desde 1985, analizando el riesgo de la población de Granada de desarrollar cáncer a través del Registro de Cáncer de Granada, el único de toda Andalucía y uno de los pocos que hay en España. Esta institución fomenta la investigación en epidemiología, tiene en cuenta otros indicadores y hace seguimiento de cohortes. Son varias las líneas de investigación: cánceres raros;en gente joven; práctica clínica… Es una gran base de datos que se centra muy especialmente en la etiología.
Existe un estudio prospectivo europeo en el que participan 521.000 personas de 10 países europeos y 23 centros;de aquellas, 21.000 pertenecen a cinco centros de España;y 8.000, en concreto, son de Granada. «Así hemos sabido que la carne roja favorece el desarrollo de cáncer de colon y recto mientras que la fibra protege frente a estos dos y el de mama. Es muy importante tener conocimiento de los riesgos. Cereales, fruta, verdura son esenciales en la prevención», subraya María José Sánchez, responsable del Registro de Cáncer de Granada, además de directora científica del ibs.Granada.
Actualmente, esta investigadora está centrada, entre otras cuestiones, en medir el estrés. «Lo hacemos a través de la carga alostática y observamos 14 biomarcadores en sangre. La verdad es que los resultados están siendo prometedores. Parece que sí existe una relación entre el nivel de estrés y el desarrollo de patologías oncológicas», presume. Pero más allá de la prevención, en la EASP se estudia el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con cáncer. La supervivencia de los granadinos se compara con otros territorios en el marco de los programas EuroCare y Concord, que sirven para conocer las desigualdades que existen a la hora de acceder al sistema sanitario, así como socioeconómicas y otras.
Para todo se necesita dinero. En su caso, la doctora Sánchez intenta aprovechar la financiación pública competitiva, los proyectos europeos y también subvenciones del institutos de salud como el Carlos III. «La realidad es la que es. Me paso la vida pidiendo financiación y también recursos humanos. Como directora, tengo que pensar en promover a mi gente y que tenga proyectos. No da tiempo a todo», confiesa.
¿Y los hospitales?
Los investigadores de los dos hospitales de referencia de la provincia también reconocen que las condiciones no siempre son las mejores para sacar el trabajo adelante. «Contamos con financiación pública de mucha competitividad, así que también necesitamos apoyo privado, de la Asociación Española Contra el Cáncer y sociedades médicas o de farmacia», cuenta la jefa de Oncología del Virgen de las Nieves, Encarnación González. En este sentido, su homóloga en el Clínico San Cecilio, Isabel Blancas, subraya que «aunque hay convocatorias públicas, la financiación privada es igualmente importante para que pueda haber colaboraciones de calidad».