Un nuevo estudio, publicado hace unos días en Nature, ha vuelto a situar en el centro del debate el cada vez más demostrado efecto protector de la vacunación contra el herpes zóster (HZ) frente al riesgo de demencia. La investigación, elaborada con un amplio número de participantes y un enfoque metodológico sólido, confirma la tendencia que diversos estudios internacionales llevan años sugiriendo: las personas vacunadas contra el virus varicela-zóster podrían enfrentarse a una probabilidad significativamente menor de desarrollar algún tipo de deterioro cognitivo a largo plazo. Lejos de ser un hallazgo aislado, el nuevo trabajo se incorpora a un cuerpo de evidencia creciente que dibuja un patrón epidemiológico difícil de ignorar.
Según los datos disponibles, el estudio examinó a 65.800 personas que habían recibido las dos dosis recomendadas de la vacuna recombinante contra el HZ (Shingrix, por su nombre comercial) y a 263.200 parejas no vacunadas mayores de 65 años. Para minimizar posibles sesgos, los autores emplearon técnicas estadísticas avanzadas que permiten igualar las características de ambos grupos más allá del hecho de haberse vacunado o no. Los resultados mostraron que quienes habían recibido la pauta completa presentaban una reducción aproximada del 50% en el riesgo de desarrollar demencia con respecto al grupo de control. El efecto se mantuvo en distintos grupos demográficos y en diferentes condiciones de salud, y, como ya habían sugerido trabajos anteriores, la magnitud del beneficio observado fue mayor en mujeres.
En los últimos años, distintos estudios habían planteado hipótesis y hallazgos en esta misma línea. Uno de ellos señalaba que la vacunación frente al herpes zóster podía integrarse dentro de estrategias preventivas más amplias para mitigar la aparición de demencia,. Otro trabajo, especialmente citado en la literatura reciente, observó que la vacunación completa contra el herpes zóster reduce en un 32% el riesgo de demencia,consolidando así la idea de que la inmunización podría ejercer un papel significativo en la protección neurológica durante el proceso de envejecimiento.
Varias hipótesis
El mecanismo por el que la vacuna podría influir en el riesgo de demencia sigue en estudio, pero empiezan a perfilarse varias hipótesis. Una de las más respaldadas señala que el virus varicela‑zóster (VVZ), latente desde la infancia tras causar la varicela, puede reactivarse con la edad y provocar herpes zóster, generando inflamación local y sistémica. Esa inflamación repetida, según múltiples trabajos, se relaciona con procesos neurodegenerativos vinculados al alzhéimer y otras demencias.
Otra línea de investigación plantea que las reactivaciones del VVZ podrían activar también otros herpesvirus dormidos, como el HSV‑1, implicado en la formación de placas amiloides en el cerebro. Desde esta perspectiva, la vacunación reduciría la frecuencia de reactivaciones virales y con ello el riesgo de desencadenar cascadas inflamatorias dañinas.
Los expertos coinciden en que aún no se puede hablar de una relación causal definitiva. Para ello serían necesarios ensayos clínicos aleatorizados específicamente diseñados para evaluar este efecto. Sin embargo, la solidez y la coherencia de la evidencia actual comienzan a dibujar un escenario esperanzador: la vacunación contra el herpes zóster, ya recomendada en muchos países, España entre ellos, para adultos mayores,podría ofrecer una protección adicional y no prevista contra una de las enfermedades más devastadoras asociadas al envejecimiento.
Vacunación desigual en España
Desde 2022, las comunidades autónomas han ido incorporando la vacuna Shingrix en sus calendarios de forma progresiva siguiendo, en la mayoría de los casos, las recomendaciones de la Ponencia de Vacunas del Ministerio de Sanidad. Estas recomendaciones establecen la financiación para las cohortes de 65 y 80 años, además de para personas inmunodeprimidas o con condiciones de riesgo. Sin embargo, la implementación práctica es muy desigual entre territorios, lo que crea importantes inequidades en el acceso. Inequidades que son cada vez más relevantes a la luz de lo que apunta la evidencvia científica: que el beneficio es mayor cuando se administra la pauta completa y se hace en el momento adecuado.
Madrid ofrece una de las coberturas más completas, financiando todas las edades entre los 65 y los 84 sin interrupciones. En Andalucía, sin embargo, solo están cubiertas las cohortes de 65, 66 y 67 años, mientras que Aragón ha ampliado la vacunación hasta los 83 años, incluyendo las edades 65, 66, 67, 68, 80, 81, 82 y 83. Asturias mantiene la protección para los 65, 66, 67, 68, 69, 80, 81 y 82; y Baleares abarca una de las coberturas más amplias, llegando desde los 65 hasta los 83 años con muy pocas interrupciones intermedias. Canarias también contempla a los 65, 66, 67, 68, 80, 81, 82 y 83, mientras que Cantabria mantiene la financiación solo en las cohortes de 65 y 80, permitiéndola entre los 66 y los 79 únicamente bajo solicitud individual del ciudadano.
Castilla-La Mancha financia la vacunación a las cohortes de 65 a 68 años y de 80 a 83, un esquema idéntico al de Galicia, La Rioja y Extremadura. Castilla y León va algo más allá al incluir también los 69, y Murcia sigue un patrón similar al de Galicia. Cataluña, aunque ha dado pasos en falso, parece comprometida ahora con extender la vacunación desde los 65 hasta los 84 años, e incluso a mayores de 90.Ceuta ha optado por financiar todas las cohortes entre los 65 y los 83 años, mientras que Melilla incluye desde los 65 hasta los 84. Navarra mantiene un criterio propio, concentrado en 65 a 68 y 75 a 78; y el País Vasco contempla solo los 65, 66 y 75 años. La Comunidad Valenciana, por su parte, cubre los 65, 66, 67, 68, 80, 81, 82 y 83 años.
La vacunación, una herramienta revolucionaria
La demencia representa uno de los principales desafíos de salud pública a nivel global, con previsiones de incremento exponencial en las próximas décadas debido al envejecimiento poblacional. Si una intervención ya disponible, segura y ampliamente utilizada -como la vacuna recombinante contra el herpes zóster- pudiera disminuir de manera significativa el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo, los sistemas sanitarios tendrían en sus manos una herramienta de gran impacto tanto para la calidad de vida de las personas mayores como para la sostenibilidad de los cuidados a largo plazo. En paralelo, el conocimiento que puedan aportar los estudios en marcha podría abrir nuevas puertas a estrategias preventivas y terapéuticas en el ámbito de las enfermedades neurodegenerativas.