
Reconstruir Kanto y llenarlo de Pokémon es una experiencia tan adorable como adictiva, que explota un poco la nostalgia pero toca todas las teclas perfectas para mantenernos enganchadittos.
Unas cincuenta horas después de haber comenzado mi aventura en Pokémon Pokopia, su concepto me resulta ya tan natural que cuesta pensar que la franquicia ha tardado treinta años en encontrarlo. Ha sido – y será: no veo universo posible en el que no continúo jugando, incluso después de terminarlo – una absoluta delicia ir modelando, poco a poco, este universo en compañía de mis Pokémon favoritos. Una tarea que, incluso si parecía sencilla en las primeras imágenes que se nos ofrecían por el título, ha demostrado tener mucha más profundidad de lo esperado.
Mientras descubría nuevas criaturas y, sobre todo, mientras exploraba sus mapas y desbloqueaba nuevas habilidades, no podía dejar de sorprenderme por las posibilidades. Por las cientos de maneras en las que me imagino a los jugadores reconstruyendo cierta ciudad, o decorando cierto espacio, o remodelando playas, cuevas y campos, interiores y exteriores.
Para cierto tipo de público, describir este título como una intersección entre Pokémon y Animal Crossing es más que suficiente para, por un lado, entender la dinámica, y, por otro, estar, como mínimo, un poco emocionado al respecto. Si no sois uno de esos usuarios, quizás os llame más la atención saber que aunque la inspiración en ambas sagas de Nintendo es más que evidente y está presente durante toda la experiencia, la columna vertebral del juego está en otro lado. El ingrediente secreto de Pokémon Pokopia es Dragon Quest Builders, la saga de sandbox de Square Enix que, si bien menos conocida, guarda una amplia reputación entre sus jugadores por ser ridículamente adictiva.
De Builders saca Pokopia tanto sus mecánicas centrales como, de hecho, su premisa. Comenzamos siendo un pequeño Ditto que, a diferencia de la mayoría de estas criaturas, es un poco torpe a la hora de transformarse en otros Pokémon, pero tiene la capacidad de transformarse en humanos. Nos despertamos en una cueva con la única compañía del Profesor Tangrowth, un Pokémon dulce aunque un poco estresado que nos explica que todos los humanos y casi todos los Pokémon han desaparecido del mundo. Por lo que parece, ha habido alguna especie de cataclismo que ha dejado las ciudades y sus edificios destruidos. Llegamos a la conclusión, pues, de que reconstruir el mundo puede llevar a que los humanos y los Pokémon vuelvan a vivir en él como antaño. Para ello, nos ayudaremos de una Pokédex que encontraremos en estas ruinas, y del sistema de PC disponible en los Centros Pokémon, que, por algún milagro, aún funciona.
Información básica
- Desarrollador: Koei Tecmo
- Editor: Nintendo
- Plataformas: Switch 2
- Versión probada: Switch 2
- Lanzamiento: 05/03/2026
La dinámica general es la siguiente. Encontraremos a algunos Pokémon en el mapa que se ofrecerán a enseñarle a Ditto a copiar algunos de sus ataques para utilizarlos libremente en el mapa. Aprenderemos Pistola agua, Golpe roca o Follaje por ejemplo, que nos servirán para regar la tierra y la vegetación, romper piedras o el suelo, o hacer crecer hierba en ella. Después, utilizaremos estas posibilidades para crear espacios en los que puedan vivir nuevos Pokémon.
Como en el juego de Square Enix y Koei Tecmo, en Pokopia todo el mapa está compuesto de cubos. Cubos en los que cabe tierra, arena o roca, pero también hierba, árboles y distintos tipos de materiales de construcción o muebles. Hay ciertas reglas lógicas que debemos seguir – por ejemplo: los vegetales sólo crecen en hierba que no esté seca, o el agua fluye prioritariamente hacia abajo – pero, por lo demás, podemos poner y quitar los cubos como consideremos para construir nuestro paisaje. Lo interesante es que colocar cubos de maneras específicas dará lugar a hábitats, es decir: lugares en los que pueden aparecer y vivir Pokemon.
Los hábitats son la mecánica central del juego, especialmente durante el transcurso de la historia. Son lo que permite que conozcamos a Pokémon nuevos que, a la vez, nos ayudarán tanto a construir edificios como a realizar distintas tareas alrededor del mapa. Ditto no puede copiar todas las habilidades de los Pokémon que encuentra, pero sí puede, por ejemplo, pedir ayuda a un Pokémon de fuego cuando quiera encender una hoguera, o a un Pokémon con la habilidad de Cortar madera cuando necesite convertir troncos en tablones. Aunque los hábitats son muy sencillos cuando comenzamos el juego, y consisten apenas en colocar hierba o flores en lugares específicos, junto a un árbol o cerca del agua, conforme progresen nuestras habilidades y desbloqueemos más objetos y posibilidades se volverán más complicados, requiriendo configuraciones, por ejemplo, de muebles específicos. Aunque hay maneras de conseguir pistas sobre algunos de estos hábitats dentro del juego, lo divertido, para mí, es que el juego no te explica cuáles son a priori. Depende de nosotros experimentar y usar la imaginación para pensar cómo combinar los items o los elementos geográficos. Además, algunos hábitats pueden contener varios Pokémon, algunos más raros que otros.
Incluso si podemos pasar tanto tiempo como queramos combinando hábitats, construyendo edificios y buscando Pokémon, la verdad es que las posibilidades reales del juego no se desbloquearán hasta que no terminemos la historia. Una secuencia de misiones de alrededor de 30 horas, si vamos muy directos, pero muchísimo más amplia, si nos detenemos a explorar y construir, en la que el profesor Tangrowth y Ditto irán descubriendo los distintos mapas del juego y solucionando los problemas de los Pokémon que allí habitan, con el objetivo de repoblarlas y devolverlas al estado de antaño.
La historia es la parte, también, en la que el juego verdaderamente desvela sus cartas. Aunque The Pokémon Company no se ha hecho mucho eco de ello, la verdad es que Pokopia es el juego definitivo de celebración del 30 aniversario del lanzamiento de Pokémon Rojo y Azul. Aunque ya sabíamos, por las primeras informaciones y las primeras impresiones del título, que el juego está ambientado en Kanto, puedo deciros que esto no es una mera excusa narrativa. Encontraremos y visitaremos ubicaciones específicas y reconocibles de las ciudades o las rutas de los títulos de Game Boy y descubrimos más detalles sobre el mundo y sobre lo sucedido en Pokopia a través de documentos y pequeños detalles.
Pokopia se siente un homenaje bonito y pensado a no sólo unos juegos concretos, sino a la historia y el progreso de la saga durante estos años. Hay un punto de nostalgia, de unión emocional con la serie: hacerte una casita con tus Pokémon favoritos y decorarla para ellos, o encontrar, por fin, a uno de los que más te gusta de manera inesperada en un hábitat. Descubrir una ubicación que recuerdas de los juegos originales y rehabilitarla para que sea tu casita. Pero ante todo es un juego endiabladamente adictivo, un valor que, en mi opinión, lo extiende muchísimo más allá del mero homenaje, y abre las puertas a que sea, incluso, el primer contacto de algunos jugadores con la serie.
El secreto, creo, es que en Pokopia siempre hay algo que hacer. Literalmente siempre. No ha habido un sólo minuto en el que me haya sentido ociosa. A las tareas principales se le unen ciertas misiones secundarias que nos pueden otorgar los Pokémon que vamos encontrando en nuestros hábitats, instándonos a crear otros hábitats distintos para atraer a Pokémon que conocen, a experimentar con ciertas construcciones, o a explorar áreas determinadas del juego. Restaurar los Centros Pokémon de cada zona será un objetivo secundario principal importante, ya que desbloquearemos interesantes funcionalidades en su interior. Y también podremos mejorar su nivel de satisfacción habilitando los espacios en los que vivan con objetos que les gusten o que nos pidan. Realizando estas tareas, subiremos el “medidor de entorno”, una especie de nivel de compleción que podremos consultar en los PC de los Centros Pokémon. Al subir el medidor de entorno, se nos desbloquearán nuevos objetos que podemos comprar en la tienda, que servirán para crear nuevos hábitats y construcciones o, simplemente, para decorar. Para comprar en esta tienda usaremos monedas, que se nos ofrecerán por completar diferentes tareas, como recoger madera o piedras o asfaltar los caminos. Tanto las misiones como la tienda tienen partes permanentes, pero otras cambiarán una vez al día, haciendo que siempre sea interesante echarles un vistazo cuando nos ponemos a jugar.
El título juega de una manera muy inteligente, también, con el tiempo. Algunas cosas dentro del juego, como la aparición de Pokémon en los hábitats o la construcción o reparación de edificios tardan tiempo real en suceder. Eso quiere decir que, durante unas horas, o hasta el día siguiente, tendremos que pausar la tarea que estábamos realizando para centrarnos en otras. Eso nos permite estar en constante movimiento, siempre con tres o cuatro cosas en mente que queremos progresar o mejorar. Esto llega a su punto álgido cuando ya hemos desbloqueado tres o cuatro zonas. Dejaremos a nuestros Pokémon construyendo o creando materiales en un área para explorar o crear nuevos hábitats en la siguiente; mientras esperamos a que aparezcan Pokémon en ellos, iremos a una tercera para recolectar los materiales que queremos para reparar otro Centro Pokémon. Así, hasta el infinito.
Me gustaría señalar que incluso si el juego establece unos objetivos, es bastante laxo a la hora de dejarnos decidir cómo completarlos. Esto quiere decir que los jugadores más creativos pueden profundizar tanto como quieran en las áreas durante horas casi infinitas, pero el jugador que siente menos inclinación hacia ello no necesita sacarse, de repente, una licenciatura en arquitectura. Como estamos reconstruyendo un mundo derruido, podemos simplemente seguir el patrón de las ruinas de las ciudades y pueblos que nos encontramos y restaurar sus edificios y caminos; o podemos ignorar todo esto, derribar cualquier obstáculo o edificación, y crear nuestro propio mundo desde cero. La clave no está en seguir ningún tipo de norma sino en encontrar nuestro punto medio perfecto entre lo que plantean sus zonas y lo que se nos pueda ocurrir a nosotros. Es divertido restablecer a su vieja gloria edificios icónicos, como el Club de Fans Pokémon o el Museo de Ciudad Plateada. Pero si queremos, por ejemplo, crear un pueblo completo de Pokémon fantasma, o simplemente construir un casoplón enorme con nuestras criaturas favoritas, también eso está a nuestro alcance.
Hablo mucho de los Pokémon porque realmente en Pokopia hay muchos, muchos Pokémon. Si os habíais hecho a la idea de que esta era apenas una recopilación de grandes éxitos y poco más, con decenas de bichos y ya, la verdad es que no es el caso: aunque no os puedo contar el número exacto, las criaturas que podemos desbloquear se cuentan en varias centenas, y están escogidas con mucho mimo. Cada una de ellas tiene asignado un tipo de personalidad. Personajes como, por ejemplo, Lucario tienen una manera de conducirse más seria, mientras otros como Magikarp hablan con expresiones más familiares y, en ocasiones, bastante hilarantes. De “pana” a “camarada” o “comadre”, tendrán sus apelativos cariñosos para nosotros. No hay un progreso de relaciones tan profundo como, por ejemplo, en los Animal Crossing clásicos, pero lo que sí que llama la atención es que todos ellos tienen preferencias en cuanto a los objetos que colocamos en sus hábitats y diálogos únicos que aparecerán las primeras veces que los encontramos y cuando se relacionen con otros Pokémon. Es interesante, por tanto, intentar cultivar estas interacciones, por ejemplo, colocando varios Pokémon del mismo tipo o con hábitats similares juntos.
Incluso si ya llevo un buen puñado de horas jugadas, me quedan por descubrir alrededor de un 50% de los hábitats disponibles del juego, una tarea que se extiende incluso cuando ya hemos terminado la historia principal y nos sumergimos en su extenso post-game. Las zonas tienen multitud de áreas secretas, objetivos secundarios y demás que podríamos, perfectamente, no encontrar en ningún momento durante el progreso en el modo historia, pero que se vuelven especialmente relevantes cuando pasamos los créditos.
Pero lo que redondea la experiencia, y lo que consolida aún más la experiencia de Pokopia es su modo multijugador. Como en un Animal Crossing, podemos invitar a hasta otros tres jugadores a nuestros distintos mapas para que puedan interactuar con nuestros Pokémon y ver el progreso que hemos hecho. En esta modalidad, los otros jugadores no podrán ayudarnos a modificar el terreno. Sin embargo, hay un mapa concreto, la Pradera Paleta, que está pensado para ser una experiencia colaborativa. En este mapa, al que podemos acceder desde bastante temprano en la aventura, podemos ir construyendo y cultivando al ritmo que queramos, sin apenas requisitos de historia; y cuando nos conectemos con otros usuarios, éstos pueden contribuir a crear casas o a explorar cuevas con nosotros, aportando colectivamente a las misiones que tengamos activadas.
Aunque este modo es divertido y tiene, en sí mismo, mucho potencial, para mí lo que convierte Pokopia en un título estelar es la presencia de las Islas Nube. Una especie de servidores privados que podemos crear y compartir con nuestros amigos, pudiendo visitarlos o editarlos incluso cuando el creador de éste no esté conectado. Así, podemos establecer un proyecto compartido e ir contribuyendo, poco a poco, cuando tengamos tiempo, a un mapa común. Estos servidores paralelos tienen sus propios objetivos, su progreso de entornos, e incluso una Pokédex propia que se va rellenando entre todos. Las Islas Nube también pueden compartirse con otros jugadores, de manera que otros podrán visitarlas y ver el progreso que hemos conseguido. Por otro lado, se nos permite descargar las Islas Nube de otros jugadores en nuestra propia partida para poder editarlas y modificarlas como queramos. Es aquí donde va a aflorar el verdadero aspecto social del juego. Estoy segura de que, en apenas un par de semanas, veremos a usuarios compartir absolutas maravillas hechas con este sistema, y que cientos de miles de otros escogerán el mundo de Pokopia como punto de reunión para simplemente charlar y compartir un rato con colegas.
Cada elemento de Pokémon Pokopia está tan bien pensado, tan lleno de amor y cariño por la serie, que sólo puedo sacar una verdadera pega real: es inexplicable que un título tan cuidado haya sido relegado a un lanzamiento en formato físico únicamente a través de game-key card. Creo que eso puede ser uno de los aspectos que haga que muchos usuarios no entiendan este título como lo que es: no un pequeño spin-off, no una curiosidad o un Animal Crossing con skin de Pokémon, sino una propuesta jugable hecha y derecha, de una calidad altísima, que nos mantiene pegados al mando, siempre con algo que descubrir y encontrar. Diseñada con mucho cariño, con el fan en mente, pero también con ganas de dar la bienvenida a aquellos con curiosidad por este universo, pero con poca predilección por los RPG.