El conflicto de EEUU e Israel con Irán toca más cerca a unos 30.000 españoles que residen en Oriente Próximo, así como a decenas de turistas y de deportistas que se han quedado varados por el cierre del espacio aéreo. Uno de los turistas afectados es Rubén Hurtado, estudiante de ingeniería informática de 19 años de Gran Canaria, a quien el ataque de EEUU a Irán le ha sorprendido en mitad de unas vacaciones con su padre, Álvaro Hurtado, en Dubái. Habían reservado habitación en la planta treinta del The Tower Plaza Hotel Dubai, un rascacielos de casi 300 metros que sobresale en el skyline de la ciudad. «No nos sentimos seguros en el hotel porque está en el distrito financiero, una zona explícitamente amenazada por Irán«, reconoce Hurtado a 20minutos, y explica que por la noche «se ven las explosiones de los misiles en el cielo», truenan las alarmas y tienen que quedarse en la planta baja leyendo convulsamente las noticias y llamando a todo aquel que pueda ayudarles a salir del país.
«Llevábamos dos días en Dubái, habíamos hecho alguna de las excursiones, iba todo genial, pero de repente EEUU atacó Irán y las alarmas del país empezaron a sonar en el hotel como estruendos. Aquí tienen unos escudos antimisiles muy potentes y no están impactando por ahora en el suelo, pero los vemos explotar en el cielo«, cuenta Hurtado. Padre e hijo son los únicos españoles en The Tower, pero este lunes han contactado con un grupo de unos cuarenta turistas españoles refugiados en otro hotel cercano para encontrar juntos la manera de salir del país. El miedo ha aumentado desde que un dron iraní fue interceptado y su metralla provocó un incendio en la fachada exterior del emblemático hotel Burj Al Arab de la ciudad.
Antes de que Emirates anunciara la reanudación de los vuelos, progresivamente, padre e hijo veían que la única manera de salir de Dubái era por tierra: «El espacio aéreo de Omán y de Arabia Saudi sí que está abierto. Quizás podríamos regresar desde allí» plantearon con la intención de dar ideas a las autoridades españolas de cara a coordinar su evacuación. «Lo que esperamos es que desde España coordinen algo y nos puedan sacar». Ahora confían en que les llamen de las aerolíneas y les comuniquen que ya tienen asiento en alguno de los vuelos.
Lo peor son las noches, dice Rubén. «Se ve cómo interceptan misiles con mayor intensidad y suenan las alarmas super fuerte«. El hotel desaconseja subir a las plantas altas del edificio, así que desde el sábado los Hurtado descansan como pueden en los sofás de la recepción, junto a otros huéspedes que han hecho del suelo su cama. Para dormir más, la última noche se trasladaron puntualmente a otro establecimiento en un emirato cercano, a Sarjah, considerado más seguro.
Otro español que está en Dubái, el onubense Fernando Palacios, de 54 años, tenía previsto regresar a España el domingo, pero el estallido del conflicto le mantiene retenido en casa de su sobrina, en un suburbio a 20 kilómetros del centro de la ciudad. «Tenía una semana de vacaciones en febrero y me vine a verla, pero cerraron el puente aéreo. Me he quedado encerrado y no puedo salir de ninguna manera. Estoy en frente de Irán, tengo a Israel al lado y me siento acorralado», explica por teléfono.
Los turistas varados coinciden todos en que las embajadas están saturadas,y mientras tanto los hoteles les cobran cada noche extra. Palacios ha mandado por iniciativa propia un email a la embajada española con su geolocalización y está intentando que la subdelegación del Gobierno de Huelva interceda por él. Tenía que incorporarse al trabajo y a sus obligaciones este lunes, pero sigue instalado en casa de su sobrina, a 7.600 kilómetros.
«Salir por mar es inviable y por tierra es jugártela»
«La idea es salir lo antes posible de aquí. Si España fletase un avión para venir a buscarnos, maravillosamente. He intentado moverme por otro tipo de locomoción, pero está habiendo atentados, se han interceptado 80 misiles, hemos llegado a pasar pánico. Somos sus objetivos».
La posibilidad de salir por tierra en dirección a Omán o a Arabia Saudí que barajan los canarios Rubén y Álvaro Hurtado no la contempla Fernando Palacios: «Eso sería jugarme la vida. Salir por mar es inviable y salir por tierra es jugártela, no se puede ir ni a Abu Dabi», explica.
Aún a riesgo de que la situación se alargue en el tiempo, Palacios es partidario de esperar a obtener una plaza en un vuelo, ya que en el suburbio de su sobrina todavía puede moverse un poco. «Tenemos cierta libertad alrededor de casa, nada de ir a la playa, eso no, pero podemos ir al supermercado. Es como el confinamiento, aunque en un área. No podemos permitirnos el lujo de salir de ese área porque estás expuesto. Esto es una guerra, no es ningún tipo de broma».
El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha recordado este lunes que los espacios aéreos de los países afectados están en su mayoría cerrados y por vía terrestre las distancias son muy grandes. A modo de ejemplo, señalaron que desde Dubái hasta Riad, la distancia supera por carretera los 1.000 kilómetros, sin que además haya plena garantía de que a la llegada el espacio aéreo esté abierto. En todo caso, Exteriores confirmó que está evaluando y barajando todas las opciones de evacuación, tanto aérea como terrestre, con garantías razonables de éxito de la operación. Igualmente, destacó que se está en contacto con las compañías aéreas para aprovechar cualquier ventana de oportunidad de que los vuelos comerciales se retomen «y dar posibilidad de salida también por esa vía al mayor número posible de compatriotas”.
Atrapados en Jerusalén y en Doha
También la Junta de Andalucía ha confirmado este lunes que está trabajando con agencias de viaje y la embajada para traer de vuelta a casa por Egipto a dos grupos de peregrinos andaluces —35 personas «controladas e identificadas»— que están en Jerusalén afectados por el conflicto bélico. Una parte ya ha salido en autobús hacia El Cairo. Otros españoles en Doha (Qatar) han señalado que viven una situación de «calma tensa», marcada por el cierre indefinido del espacio aéreo, la escucha de explosiones y misiles desde sus alojamientos.
Eduardo Vergara es uno turistas que se quedó atrapado en Doha cuando regresaba de Maldivas junto a su mujer y otras dos personas tras una escala aérea. «Situación, como digo, de una calma tensa», ha señalado.
Por su parte, Óscar Alonso, su mujer Maribel y su hija de 9 años, Valeria, residentes de Pinto (Madrid) están viviendo la conflictiva situación desde un crucero atracado en el puerto de Dubái después de que la naviera cancelara el viaje a Doha ante los bombardeos. El abogado madrileño dice que se sienten más seguros en el barco que los turistas que están en tierra. Han visto en el cielo algún fulgor, por la interceptación de drones, pero destacan la normalidad a bordo, donde hay 6.000 pasajeros, medio centenar de ellos españoles. «Nos ha pillado en el mejor sitio, en Dubái», explica Alonso, «a diferencia de otros puertos en los que hemos estado, como Doha o Bahréin, aquí no hay una base militar estadounidense, así que pensamos que el riesgo es menor». El último mensaje del capitán del crucero les acaba de anunciar este lunes por la noche la reanudación progresiva de los vuelos internacionales y les pide que, por el momento, aunque esté permitido bajar del barco, se recomienda no salir de la terminal portuaria siguiendo las pautas que les trasladan las autoridades locales.