En el momento de máxima necesidad, ante una misión que se prolonga y una Casa Blanca dependiente de su red de bases en Europa y Oriente Próximo, Estados Unidos se topa con Pedro Sánchez, que niega el uso de Rota y Morón para la logística … de la campaña contra Irán y obliga al Pentágono a reubicar cisternas y ajustar corredores, mientras en Washington crece la irritación y los aliados de Trump convierten la decisión española en una ruptura abierta, desafiante, de la relación bilateral.

En las últimas horas se han visto salidas de al menos 15 aviones cisterna y otras aeronaves estadounidenses desde el sur de España hacia otros puntos de Europa, un movimiento que el Departamento de Defensa encuadra como reposicionamiento operativo, pero que se produce en plena discusión sobre permisos y límites de uso en las bases españolas. Una fuente al tanto de la coordinación militar lo resume con crudeza: «España nos ha creado un problema añadido».

El detonante es la decisión de Sánchez el fin de semana de negar permiso para que Estados Unidos utilice Rota y Morón, de uso conjunto, en apoyo de la operación, con el argumento de que cualquier actividad debe ajustarse al acuerdo bilateral y a la Carta de la ONU. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, defendió que España quiere «democracia, libertad y derechos fundamentales» para el pueblo iraní, pero que «en ningún caso» permitirá que sus bases se empleen para acciones no amparadas por el acuerdo con Estados Unidos y por la Carta de Naciones Unidas. La ministra de Defensa, Margarita Robles, aseguró que ni Rota ni Morón han sido usadas en la operación y que, según la interpretación española, las actuaciones deben cumplir el marco legal internacional y contar con respaldo internacional.

«En momentos como estos se conoce la verdadera naturaleza de los aliados»

En Washington, la reacción política subió de tono de inmediato. El senador Lindsey Graham, aliado de Trump, convirtió la disputa en un juicio de lealtad. Dijo que el Gobierno español se está convirtiendo en «el patrón oro» de un liderazgo europeo «patéticamente débil», «reacio a condenar al régimen terrorista iraní» y con «nada más que críticas hacia Estados Unidos». Añadió que «en momentos como estos se conoce la verdadera naturaleza de los aliados» y lanzó la frase que más ha circulado estos días en los despachos.

«Espero que el actual Gobierno español sea una aberración, no la norma». Graham recordó además su paso por bases estadounidenses en España en los años ochenta, cuando servía en la Fuerza Aérea y ejercía funciones legales en Europa durante la Guerra Fría. Dijo sentir «gran admiración» por el pueblo español y que España ha sido «un gran aliado» en el pasado, antes de acusar al Ejecutivo de haber «perdido su rumbo moral».

Columnistas, analistas, comentaristas en televisión y otros medios, sobre todo en la órbita trumpista, repudiaron la decisión española en unos momentos de gran tensión, con ataques iraníes a bases en todo el mundo y alerta creciente a nivel mundial. Marc Thiesen, que escribe en el «Washington Post», asesor del presidente, recuperó la idea de expulsar a España de la OTAN, algo que es un imposible.

Este diario contactó con el Pentágono, la Casa Blanca y el Departamento de Estado. La respuesta fue remitir a las declaraciones del secretario de la Guerra, Pete Hegseth «A diferencia de tantos de nuestros aliados tradicionales que se llevan las manos a la cabeza y se escandalizan ante el uso de la fuerza, Estados Unidos, independientemente de lo que digan las llamadas instituciones internacionales, está desatando la campaña aérea más letal y precisa de la historia».

La fricción se traduce en problemas medibles para Washington. Rota y Morón son nodos cruciales para tránsito, repostaje y despliegue de cisternas. Si España exige autorizaciones caso por caso fuera del ámbito previsto, parte del apoyo se vuelve inviable desde territorio español. En ese marco encaja la salida de cisternas KC 135 que ya participaron en el ataque de junio contra las instalaciones nucleares iraníes, junto a otros movimientos hacia Reino Unido, Alemania y Francia, con un destino recurrente en Ramstein.

El Pentágono evita explicar si esas salidas obedecen a restricciones españolas o a una decisión preventiva para reducir fricción política, pero la secuencia coincide con el endurecimiento del mensaje de Madrid y con la necesidad de mantener un flujo constante de combustible y aeronaves para sostener el ritmo de la campaña.

Límites

España no es el único aliado que pone límites. Turquía también ha dejado claro que sus bases no se usarán para la operación contra Irán, una negativa que añade presión sobre la red de apoyos en el flanco sur y obliga a concentrar activos en otros países europeos o en plataformas marítimas. En una guerra donde el alcance depende del combustible y de los puntos de apoyo, cada restricción de este tipo cuenta.

España y Estados Unidos se rigen por el Convenio de Cooperación para la Defensa, firmado en Madrid el 1 de diciembre de 1988 y en vigor desde 1989, con protocolos posteriores en 2002, 2012 y 2015. El acuerdo regula la presencia y actividades de las fuerzas estadounidenses en España y el uso de instalaciones acordadas, e incluye mecanismos de coordinación bilateral como un Comité Permanente. Vincula el uso de las bases a los fines previstos y contempla autorización previa del Gobierno español cuando el empleo vaya más allá. En crisis, el momento y modo de utilización deben fijarse mediante consultas urgentes y por mutuo acuerdo, un esquema que permite autorizar o denegar apoyos concretos, como determinadas salidas, tránsitos o repostajes.

La Casa Blanca intenta mantener el relato de que se trata de un ajuste operacional y no de una ruptura con Madrid. Discurso público en Washington ha oscilado entre la prudencia diplomática y el reproche. En el Pentágono, Hegseth ha rechazado fijar plazos cerrados o límites públicos y ha insistido en que no van a detallar qué harán o dejarán de hacer. En la parte española, Robles ha reiterado que las bases están bajo mando español y que no se ha prestado «ningún tipo de asistencia, absolutamente ninguna» desde Rota y Morón a la operación, una afirmación similar a la de las autoridades turcas.