La guerra en Oriente Medio ha dejado de ser un conflicto lejano para convertirse en un factor con efectos tangibles en la economía mundial, también … en la vasca. En un mundo interconectado, cualquier tensión que afecte a una región clave para la producción y el transporte de petróleo se traslada casi de inmediato a los mercados energéticos. Y cuando sube la energía, se activa una cadena que recorre toda la economía: desde el surtidor de gasolina hasta la factura de la luz, desde el coste de un vuelo hasta el precio final de muchos productos de consumo diario. Es decir, aspectos que usted y yo percibimos en nuestras facturas del día a día.

Hogares y empresas de Euskadi empiezan a notar ya ese impacto. Las familias lo perciben en el encarecimiento de los combustibles y en la presión sobre su presupuesto mensual. Las empresas, especialmente las más dependientes de la energía y el transporte, ven aumentar sus costes y afrontan un escenario de mayor incertidumbre a la hora de fijar precios o planificar inversiones. Es el primer eslabón de un proceso que puede extenderse más allá de la energía y condicionar el ritmo de la actividad económica en los próximos meses. A continuación, repasamos cómo es y será el impacto de la guerra tanto para hogares como para las empresas.

Un gasto que supone hasta el 40% de los costes totales

El encarecimiento de la energía es el impacto más inmediato y automático de un conflicto en una región clave para el petróleo y el gas. Los mercados reaccionan en cuestión de horas y esa tensión se traslada casi de forma directa al precio de los combustibles y, con algo más de desfase, a la electricidad y al gas industrial. Para muchas empresas vascas, especialmente las electrointensivas –siderurgia, metal, papel o química– o las vinculadas al transporte y la logística, el coste energético es un componente central de su estructura de gastos.

La gravedad depende del peso de la energía en cada actividad. En sectores industriales puede representar entre un 20% y un 40% de los costes totales. Un ejemplo sencillo: si una empresa metalúrgica tiene unos costes anuales de 10 millones de euros y de ellos 3 corresponden a energía, una subida del 15% en el precio eléctrico supondría 450.000 euros adicionales al año.

El efecto cohete se hará notar muy pronto en los surtidores

Las subidas del precio del petróleo en los mercados internacionales –el barril de Brent registró ayer un incremento del 7%– han comenzado a reflejarse ya en los paneles y a trasladarse al surtidor 48 horas después del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aunque aún lo hace de forma muy moderada en las estaciones de servicio guipuzcoanas –el precio medio del diésel es de 1,479 euros frente a los 1.465 del viernes y en el caso de la gasolina ha pasado de 1,506 a 1,516 euros–, el estallido del conflicto se hará notar muy pronto por el efecto cohete, una subida muy rápida que aplican las empresas distribuidoras en estos contextos para proteger sus márgenes de beneficio. Un cóctel suficiente para reactivar viejos reflejos entre algunos conductores: adelantar el repostaje ante el temor de mayores alzas.

La subida del diésel afectará a las mercancías

El encarecimiento del combustible impacta de lleno en el transporte de mercancías, un sector clave para la economía vasca por su peso industrial y exportador. El gasóleo es uno de los principales costes para las empresas de logística y cualquier subida sostenida reduce márgenes o fuerza revisiones de tarifas. Si una flota que consume 500.000 litros al año asume un incremento de 10 céntimos por litro, el sobrecoste asciende a 50.000 euros anuales. Muchas compañías intentan trasladarlo a sus clientes mediante cláusulas de revisión, pero no siempre es inmediato. El resultado es un encarecimiento progresivo del transporte que termina filtrándose al precio final de bienes y servicios.

La tarifa regulada podría aumentar hasta un 50%

También es previsible que suba la factura de la luz. La consultora Independent Commodity Intelligence Services (ICIS) estima que el precio del gas natural en el mercado TTF –de referencia en Europa– subiría hasta los 90 euros el MWh si el paso de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, se mantiene paralizado durante 15 días. Eso supondría –según cálculos de la plataforma Kelisto.es a partir de esos datos– un aumento del 50%del término de energía del Precio Voluntario del Pequeño Consumidor (PVPC), la tarifa regulada de electricidad.

«Este posible aumento en el coste de la energía regulada incrementaría el precio del kWh de los 0,125 euros de febrero a los 0,187 euros, con el recibo medio subiendo de 47 euros al mes a 64 euros», explica Javier Martínez, portavoz de Energía de la firma. En todo caso, recuerdan que el impacto para los consumidores debería ser más contenido que el sufrido en 2022, en pleno estallido de la guerra en Ucrania, gracias al nuevo diseño de la tarifa regulada, que para su cálculo emplea tanto el precio diario del mercado mayorista de electricidad –de mayor volatilidad– como el del mercado de futuros.

Vuelos más caros y descenso de la demanda

El aumento del precio del queroseno encarece los vuelos y puede reducir la demanda, especialmente en viajes de ocio más prescindibles. A ello se suma el factor psicológico: en contextos de conflicto, parte de los consumidores retrasa o cancela desplazamientos por prudencia. Euskadi podría notar un enfriamiento si se combinan billetes más caros y menor confianza. Hoteles, agencias y empresas vinculadas a congresos y eventos son especialmente vulnerables.

Un impacto menos inmediato y más moderado que en 2022

El impacto en la cesta de la compra será menos inmediato, pero difícilmente evitable si la tensión energética se prolonga. A diferencia de los combustibles, cuyo precio se ajusta casi al instante, los alimentos incorporan el aumento de costes con cierto retraso, a medida que se encarecen el transporte, los envases plásticos o los fertilizantes.