Es, posiblemente, la sonrisa más famosa de la historia del arte. Su valor reside no tanto en el trazo o en el uso de los colores, sino en el prodigio técnico del sfumato, que hace que la expresión cambie según el ángulo del que se mira, y la luz que incide sobre él. Además, dicen que es el primer gran retrato psicológico de la historia occiedental. Está en el Museo de Louvre (París).