La aversión al riesgo por el conflicto entre EE UU e Irán y el aumento de los precios de la energía han desatado una ola de ventas en los mercados bursátiles. Los inversores se muestran preocupados por la interrupción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, lugar de tránsito para petroleros y gasistas, lo que ha socavado la confianza. El descalabro continúa en las Bolsas asiáticas, mientras los futuros de Wall Street y Europa reducen las fuertes pérdidas, después de que el presidente Donald Trump haya ofrecido garantías sobre la protección del transporte marítimo a través de Ormuz, lo que ayuda a calmar los ánimos (si bien faltan detalles).
El índice Koski de Corea del Sur se desplomó más del 8% este miércoles, provocando una suspensión temporal de las operaciones, después de haber caído un 7% el día anterior. Los índices chinos registran su mayor descenso en casi un año, de más del 3%, y el Nikkei de Japón retrocede cerca del 4%. Por su parte, en Europa, el EuroStoxx 50 apunta a caídas del 0,10%.
Los precios del petróleo han subido un 14% en lo que va de semana, hasta superar los 82 dólares por barril. Hoy siguen al alza y suman cerca del 2%. El coste del gas en Europa se ha incrementado un 70% desde finales de la semana pasada. En las divisas, el euro se deprecia un 0,2% y baja del nivel de los 1,15 dólares, ya que los inversores prevén que Europa se verá gravemente afectada por el aumento de los costes energéticos. “El impacto de la guerra con Irán en el cruce del euro con el dólar se reduce a una sola cosa: la energía”, indica George Saravelos, director global de análisis de divisas de Deutsche Bank. “Se está produciendo un shock negativo de oferta que representa un impuesto directo para los europeos, que debe pagarse a los productores extranjeros en dólares”, apunta. Además, Trump ha desatado su furia contra España, un aliado “terrible”, por la prohibición del uso de las bases militares en su suelo para la ofensiva militar contra Irán. “Vamos a cortar todo el comercio con España”, ha arremetido el republicano, en una reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, en el Despacho Oval.
El ataque estadounidense-israelí contra Irán ha desestabilizado Oriente Próximo y amenaza con provocar una nueva crisis inflacionista en la economía mundial, por los temores a un aumento sostenido en los precios de la energía. Tampoco hay una idea clara de cuándo o cómo terminará la guerra, lo que aumenta la posibilidad de un conflicto prolongado y consecuencias imprevistas que escapan al control de la Casa Blanca.
“Los mercados asiáticos se están ahogando en un cóctel tóxico: el aumento de los precios de la energía, el resurgimiento del dólar y las tensiones geopolíticas que ya nadie puede ignorar”, afirmó a Bloomberg Hebe Chen, analista senior de mercados de Vantage Global Prime. “No se trata solo de un retroceso técnico, sino más bien de una capitulación psicológica”, apuntó. Damien Boey, estratega de cartera de Wilson Asset Management en Sídney, opina que “parece que el conflicto se prolongará un poco más de lo que se pensaba inicialmente. Y se ha intensificado, ya que la guerra se está extendiendo para incluir a los aliados de EE UU“. Para Chuck Carlson, director ejecutivo de Horizon Investment Services, ”el principal problema que los inversores intentan sopesar se centra en la interrelación entre la inflación y los tipos de interés”.
El oro repunta casi un 1%, hasta los 5.169 dólares la onza, recuperándose de un mínimo de más de una semana alcanzado en la sesión anterior afectado por la fortaleza del dólar. La plata y el platino suben más del 2%.
Los expertos aseguran que para que los mercados lleguen a un punto de estabilidad necesitan señales de desescalada en el frente bélico, devolviendo el foco de los inversores a los fundamentales.
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