Lunes, seis de la tarde. Los seis rectores de las universidades públicas madrileñas están citados en la Plaza de Pontejos, número 3, sede de la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid, para mantener una reunión que puede marcar un hito en la región. … Les esperan el consejero anfitrión, Miguel Ángel García, portavoz del Gobierno de Ayuso, y la nueva consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo. Hay hilo directo con la consejera de Economía y Hacienda, Rocío Albert, que desde la ‘trastienda’ lleva todas las cuentas que se discuten sin dejar pasar ni un decimal de más. Sobre la mesa, el último borrador del acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación de las universidades públicas. Es una reunión intensa y productiva y dos horas después la fumata blanca llega hasta el despacho de Isabel Díaz Ayuso, en la Real Casa de Correos, a muy pocos metros de Pontejos.
A última hora de la tarde del lunes el Gobierno regional de Ayuso había conseguido uno de sus mayores éxitos de la legislatura. Solo quedaban pequeños flecos que se fueron cerrando a lo largo de la noche, con un intercambio incesante de whatsapp entre los consejeros y los rectores y sus equipos. No había un grupo creado entre todos ellos, por lo que los mensajes fueron individuales, a la carta para contentar a todos a la vez y a cada uno por separado. Todo quedó listo para que al día siguiente desde la Puerta de Sol se convocara a los medios de comunicación a la firma de acuerdo de Ayuso con los rectores a las 13 horas en la Sala Canalejas de la Real Casa de Correos. Ayuso comparecerá ahora este jueves en el Pleno de la Asamblea con una victoria ante la oposición, que presagiaba un fracaso rotundo.
El acuerdo es tan «histórico», según lo calificaron todas las partes, como peculiar. Solo dos semanas antes, Ayuso ejecutó la primera crisis de gobierno de la legislatura al descabezar la Consejería de Educación. Emilio Viciana fue destituido el lunes 16 de febrero de manera fulminante, después de no cumplir los objetivos que la presidenta le había marcado dos años y medio antes, y que pasaban por aprobar un plan universitario que tuviera como punto central un nuevo modelo de financiación plurianual para los seis centros públicos: Complutense, Autónoma, Politécnica, Alcalá, Carlos III y Rey Juan Carlos.
El miércoles 18 de febrero, tomó posesión la nueva consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, con una misión muy concreta: encauzar el plan universitario y desbloquear el modelo de financiación. Zarzalejo no llegaba en blanco. Desde octubre ejercía el cargo de viceconsejera de Universidades, en un movimiento de Ayuso para tratar de dar un impulso a la consejería con alguien de su máxima confianza y con un perfil político firme. Su papel como portavoz en la comisión de investigación sobre el supuesto trato de favor de la Universidad Complutense a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, le hizo ganar muchos puntos internamente. En los cuatro meses de trabajo como viceconsejera estableció numerosos contactos con los rectores y con sus equipos, por lo que no partía de cero cuando fue nombrada consejera.
El martes, al tomar la palabra tras la firma de acuerdo de financiación, la rectora de la Universidad Autónoma, Amaya Mendikoetxea, no olvidó mencionar a Emilio Viciana en su lista de agradecimientos por «iniciar el camino» que ha permitido llegar al final. Desde el Gobierno regional confirman que la consejera Zarzalejo no empezó la negociación de cero, sino que la base estaba ya trabajada.
Pero faltaban muchos puntos por cerrar. Demasiados. De hecho, fuentes próximas a la consejera señalan que cuando tomó las riendas de la negociación hace dos semanas quedó sorprendida de la cantidad de capítulos que seguían abiertos relacionados con la financiación en general y en concreto para cada universidad.
En estas dos semanas se han producido más de diez reuniones presenciales con los rectores y sus equipos, y muchas más telefónicas, y con dos consejeros protagonistas: Miguel Ángel García y Mercedes Zarzalejo, que han formado un auténtico ‘tándem’ para pedalear hacia el acuerdo. No solo era necesario cerrar un acuerdo global, sino atender las necesidades específicas de cada universidad, las peculiaridades propias de todas, y en eso se volcó Zarzalejo. Su primera misión, urgente, fue extraer el modelo de financiación de un borrador de ley de Universidades que había fracasado con Viciana y cuando el foco se sitúo en los recursos económicos el acuerdo se aceleró.
