Tuvo que refugiarse en Francia tras pasearse con una armadura por las calles de Kabul, donde nació en 1989, para denunciar el acoso sexual que sufren las mujeres en Afganistán. Cuando los talibanes regresaron al poder, le envió una carta a varias líderes internacionales (Angela Merkel, Ursula von der Leyen, Kamala Harris…) para que estableciesen un Gobierno afgano en el exilio dirigido exclusivamente por mujeres.
La propuesta cayó en saco roto, pero su silencio inspiró a la artista y performer Kubra Khademi, quien se propuso juntar a las «líderes mujeres del mundo» en su proyecto Pan, trabajo y libertad, que puede verse estos días en ARCO en el stand de la galería parisina Eric Mouchet. Una obra contra el patriarcado que dirige el mundo y un canto a la alegría y el gozo, que ha captado los focos por la representación de una orgía lésbica en dos cuadros.
– El título de la obra, Pan, trabajo, libertad, remite al grito de protesta de las mujeres afganas tras el regreso de los talibanes al poder en 2021.
– Cuando Afganistán cayó en manos de los terroristas talibanes, sabíamos que las mujeres lo perderíamos todo y no podríamos vivir allí, al igual que las minorías religiosas y de género.
– Y decidió escribir una carta a las líderes mundiales, de Angela Merkel a Kamala Harris.
– Fue una acción desesperada. Los grandes poderes están dirigidos por hombres, pero en 2022 Kamala Harris era la segunda persona con más influencia en Estados Unidos. Como Afganistán estaba sufriendo lo peor que le puede ocurrir a un país, escribí una carta abierta dirigida a mujeres como Ursula von der Leyen o Hillary Clinton, preguntándoles por qué dejamos que todo esto suceda. Sin embargo, no fue publicada ni recibí ninguna respuesta.
– ¿Cómo se sintió?
– Triste y decepcionada, aunque esa tristeza me dio la idea de pintar a esas mujeres. Pensé que así la gente quizás podría leer mi carta, pero también verla y sentirla. Ellas están de pie y representan simbólicamente a las mujeres de Afganistán [señala varios cuadros en el stand de la galería]. Estas palabras en color dorado las conectan a todas: Pan, trabajo, libertad, el título de la obra y también el lema de las mujeres que se manifestaban en Afganistán, muchas de ellas asesinadas, torturadas y encarceladas.
En esta serie también añadí a personalidades como Benazir Bhutto o Margaret Thatcher, por la relación que sus países tuvieron con el mío y porque sabían cómo llegó Afganistán a esta situación. Y en los siguientes cuadros las mujeres pasan a la acción, comienzan a actuar y muestran la dirección que debemos tomar. Ninguna es la líder, todas pueden serlo.
– Digamos que su silencio inspiró la obra.
– Efectivamente, su silencio dio forma al proyecto y se convirtió en el motor que me hizo pensar: en el arte nada es imposible. Afganistán es el caso más extremo de represión femenina, porque allí se vive una auténtica guerra contra las mujeres. Ahora bien, aunque se trata del peor ejemplo, es una cuestión mundial. Por eso, en este cuadro [donde las líderes internacionales aparecen desnudas practicando sexo] la acción aparece en forma de amor. Si las reúno a todas, pero no usan su poder y permanecen en silencio, significa que aceptan que estos criminales que hacen la guerra sigan gobernando el mundo. Esta obra también es una forma de imaginar otro sistema para gobernar el mundo.
– Usted también figura en varios cuadros.
– Sí. Se trata de redefinir los valores, porque necesitamos un mundo matriarcal. Las mujeres no necesitamos a los hombres para experimentar alegría y placer, ni tampoco para gobernar el mundo. De hecho, sabemos cómo los hombres en el poder están destruyéndolo. Mientras hablamos ahora en ARCO, en algunos países están cayendo bombas, igual que ha sucedido en Afganistán durante medio siglo. En mi obra, para mí era importante empezar con el gesto de ponerse de pie y terminar con una alegría pura que se alza contra la guerra.
– Su proyecto critica la falta de reacción internacional ante la situación de las mujeres en Afganistán. ¿Qué respuesta esperaba?
– Esperaba que estas mujeres, que saben mucho y tienen conocimiento sobre cómo sus países han contribuido a la guerra en Afganistán y al respaldo del terrorismo, hablaran. Pero no les pido que nos salven, de ahí que aparezca mi propio retrato. Yo también estoy implicada y participo activamente. Tenemos que apoyarnos unas a otras. Por eso les pido que rompan ese silencio y que hablen. Es un diálogo entre mujeres, por las mujeres y para las mujeres.
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– El cuerpo ha sido un elemento central de su obra.
– Vivo en el cuerpo de una mujer. Si miro hacia mi infancia, nací en una familia muy grande, con diez hermanos, y viví la injusticia desde el nacimiento. He experimentado la injusticia hacia las mujeres en todos los niveles: en los huesos, en los músculos y en la piel. Cuando me hice mayor, decidí que no lo permitiría más. Luché mucho dentro de mi familia para poder estudiar, para no casarme, para ser una mujer libre… Todo fue muy difícil, pero lo negociamos. Para desmontar el sistema existente, hay que hablar para imaginar y proponer otro.
– En 2015, salió a las calles de Kabul con una armadura para denunciar el acoso sexual a las mujeres. Después de aquella performance, titulada Armor, tuvo que exiliarse.
– Porque fui condenada a muerte. Quería mostrar cómo las mujeres viven diariamente los espacios públicos, ocupados por hombres que practican el acoso visual, verbal y físico. Las mujeres no pueden caminar libremente y yo representaba a una guerrera, porque estar viva y continuar con tu vida diaria es propio de una guerrera. Hoy, lejos de mi país, me considero una superviviente.
– Sin embargo, en Pan, trabajo y libertad ejerce la crítica política desde el placer, no desde la confrontación.
– Sí. Es una celebración pura de la alegría y de los cuerpos, aunque tal vez eso ya sea una forma de confrontación, porque son cuerpos femeninos con deseo. Es mejor celebrar el deseo que celebrar la victoria en una guerra.
La artista afgana Kubra Khademi, en ARCO.Público
– En los dos cuadros más íntimos, ¿por qué eligió el erotismo, la orgía y el sexo lésbico para hablar del poder y la política?
– Es una forma de dirigirse a un mundo que ha sido destruido por el patriarcado. Lo hice así para demostrar que no necesitamos estar gobernados solo por hombres ni por un sistema que los proteja. Podemos existir y continuar sin ellos. Por eso en las escenas solo aparecen mujeres. Para mí, el placer y la alegría representan el punto más alto de estar en paz con nosotras mismas. Necesitamos amor.
– ¿Y cómo relaciona ese placer y esa alegría con la represión que están viviendo las mujeres en Afganistán?
– Está muy relacionado. Mi carta empieza dirigiéndose a ellas para que hablen y se levanten, pero hubo silencio. Ese silencio significa que no quieren o que están encadenadas y no pueden hablar. Las mujeres están atrapadas en una gran prisión llamada Afganistán, bajo torturas y muriéndose. Aunque incluso fuera, en el mundo libre, muchas siguen sin hablar, porque también hay otra opresión. Así que la celebración del cuadro simboliza primero la liberación de ellas mismas. La cuestión de las mujeres es un problema mundial.
– ¿Y si alguien la acusase de que con su obra solo pretende provocar?
– La gente ha dicho eso muchas veces sobre mi trabajo, pero yo lo niego: no busco provocar. Repito: he vivido la injusticia desde que nací, en mi familia y en la sociedad, y he sido condenada a muerte. Provocar es lo que hacen esos hombres que queman el Corán en Suecia. Sin embargo, el arte funciona de otra manera. Yo tengo una forma muy directa de hablar, aunque eso no significa que sea una provocadora.
– ¿Cree que el arte puede ejercer una presión política real o su papel es simbólico?
– Por supuesto que puede ejercer presión. ¿Por qué fui condenada a muerte en mi país? Porque hacía que los talibanes se sintieran incómodos. Mi trabajo los colocaba en su posición de acosadores, por lo que me consideraban peligrosa, y decían que mi arte liberaba sexualmente a las mujeres. Desde luego que el arte es peligroso para cualquier forma de opresión.
– Si las líderes que retrata leyeran su carta o vieran su obra, ¿qué les diría?
– Cuando expuse Pan, trabajo, libertad en Alemania, realmente esperaba que Angela Merkel estuviera entre el público, porque al fin y al cabo ella también es un ser humano. La cuestión de las mujeres es internacional. Estamos conectadas unas con otras. Creo que deberían sentirse orgullosas de verse junto a otras mujeres, sin barreras. No las siento lejos de mí, ni las culpo por lo que sus países han hecho en Afganistán. Las veo como seres humanos que pueden defender a otras mujeres en el mundo. Y creo que deberían darme las gracias por aparecer en la obra.