El número 21 de la calle Fuencarral fue siempre un espacio misterioso. Y estaba convirtiéndose en algo cada vez más extraño a medida que pasaban los años, por resistirse a la lógica comercial de la calle: albergaba un local artístico, propio de otro lugar y otra época, sin apenas actividad económica, en una de las esquinas más cotizadas del centro de Madrid.
“Centro Cultural F. Gonmar, pintura surrealista”, rezaba el cartel que anunciaba su actividad, en el cruce de Fuencarral con San Onofre, mientras la calle era peatonalizada y las franquicias florecían a su alrededor. La historia que guardaba al cruzar su puerta de madera la conocían pocos en Madrid, aunque algunos se atrevieron a cruzar ese umbral y dentro se encontraron con Fanny, la dueña, una mujer peculiar, una artista autodidacta, casi obsesiva, con mucho genio pero también una persona “encantadora”.