Cuando uno empieza en esto de las críticas de cine, aprende muy pronto que escribir sobre una obra maestra, o sobre un bodrio, es mucho más sencillo que hacerlo sobre una medianía incapaz de despertar reacciones viscerales. Pero hay un vértigo aún mayor: aquel que surge ante el deber de valorar una majarada con todas las letras, sobre todo cuando esta llega arropada por un gran estudio y apoyada en la revisión (o la deconstrucción) de un clásico. Como ¡La Novia!, sin ir más lejos. 

Tras debutar tras la cámara con un trabajo de dimensiones esperables (es decir, con La otra hija, adaptación literaria de presupuesto mediano y con aura de prestigio), Maggie Gylenhaal ha echado el resto en su segundo largo. Una película que ya cargaba con la etiqueta de poco convencional… y que, una vez en la pantalla, aparece todavía más osada e irregular de lo que nadie se había imaginado.  

Porque una cosa es esperar una revisión de La novia de Frankenstein en clave feminista, y otra descubrir que la resucitada en cuestión se halla poseída por el espíritu de una Mary Shelley vengadora. Y qué decir de ese Christian Bale cuya Criatura resulta ser un grandullón aquejado de ataques de ansiedad, amante de los musicales y dispuesto a arrancarse por Puttin’ on the Ritz como si de El jovencito Frankenstein se tratara. 

Sumemos a esto una cámara pegada a cada costurón, un montaje con el mismo nervio que la protagonista (esa Jessie Buckley espasmódica, en el mejor de los sentidos) y una colección de referencias que va del «preferiría no hacerlo» de Herman Melville a Marlene Dietrich, pasando por Bonnie y Clyde. Al igual que sus antihéroes, esta película aparece como un gólem de carne y pesadilla que a veces baila sobre nuestros cráneos a pisotón limpio y otras se tambalea como Boris Karloff. 

Porque, si más de un siglo de cine sobre mad doctors nos enseña algo, es que resulta difícil fabricar una criatura sin que algunas piezas se salgan de madre. En el caso de ¡La Novia!, eso se traduce en subtramas cuyo desarrollo acaba desvaneciéndose, como la de los detectives Penélope Cruz y Peter Sarsgaard: el esfuerzo de Gyllenhaal por llevarlas a buen puerto se nota, y resulta loable, pero a poco que uno entre en su juego lamentará que le quiten tiempo a Buckley y su novio. 

Pero lo que más puede irritar del conjunto es su fealdad consciente y buscada: siempre que le dan a elegir entre ser espectacular o ser única, ¡La Novia! escoge lo segundo, aunque juegue en su contra. Algo a lo que el filme debe sus mejores momentos, y también los peores, cuando sus ganas de provocarnos superan a nuestra implicación. 

Entonces, ¿estamos ante una ‘buena película’? Cualquiera sabe. Lo que sí podemos afirmar es que ¡La Novia! es grosera, cruel, ambiciosa, disparatada, erudita y, sobre todo, divertida desde el momento en el que uno baja la guardia y la aprecia en función de aquello que aspira a dar. En sus dos horas de metraje no hay lugar para la perfección… pero, al fin y al cabo, esa palabra está de más cuando hablamos de monstruos.  

Título ¡La Novia!

  • Director

    Maggie Gyllenhaal

  • Género

    Terror, musical, romántica

  • País

    EE UU

  • Sinopsis

    En el Chicago de los años 30, una trabajadora sexual asesinada por unos gangsters sirve como materia prima para un osado experimento: darle una compañera al monstruo de Frankenstein.

  • Guión

    Maggie Gyllenhaal

  • Duración

    126 min.

  • Distribuidora

    Warner Bros.

  • Reparto

    Jessie Buckley, Christian Bale, Penélope Cruz, Peter Sarsgaard, Annette Bening

  • Estreno

    6/3/2026

Póster de '¡La Novia!'.