Charo tuvo dos hijas, Alaitz y Katixa. Un hijo, Imanol. Cinco nietos (Aiora, Izotz, Aratz…). Charo pintaba, oía música y fue la inspiradora de la … familia. Alaitz y Katixa se convirtieron en grandes peluqueras, en grandes maquilladoras. En estetas. Katixa tiene una pasión secreta: los Ferrari. Tan grande que cuando cumplió los 40 le regalaron conducir uno en el circuito de Los Arcos, en Navarra. A 290 lo puso en la recta. Y luego pilotó un F3. No es de extrañar que para ella, un eye liner negro y un pintalabios rojo sean imprescindibles hasta después de un ataque nuclear. Alaitz, por su parte, sabe que hoy en día una peluquera que se precie no solo corta y tapa canas. Más allá de psicóloga es también fisonomista, casi química y por supuesto colaboradora de médicos dermatólogos.
– Acaso ya no juguéis con barbies, convertida ya en un icono feminista pero volved a vuestra niñez, ¿cómo vestiríais, maquillaríais y peinaríais a una de ellas? A la clásica, la de toda la vida.
– Un vestido de aquellos años 50. Que resaltase pecho y cintura. Guantes largos. Como te puedes imaginar, eye liner negro que define, enmarca y potencia la mirada. Los labios rojos, color que nos empodera, nos da vida y fuerza. Hoy la peinaríamos con una melena que tuviera mucho volumen y mucho movimiento.
«Salvada la familia y los amigos, ¿qué nos llevaríamos a un refugio antinuclear? Yo, Katixa, rímel, pintalabios rojo (Ferrari) y un libro»
«Yo, Alaitz, mi instrumental de corte (mis tijeras, las mías) y una plancha. Más las joyas de Charo, nuestra madre»
– ¿Podéis hacer eso? ¿Dar movimiento y volumen a la vez?
– Sí. Volumen arriba y dejar luego la melena suelta, que se te mueva el cabello como si fueran olas…
– ¿No estáis haciendo una mujer muy clásica, muy del siglo XX?
– ¿Y no te parece que una mujer de los años 50 o 60 (décadas que nos maravillan a las dos) sería claramente una mujer de hoy? Libre, sexy, elegante. Bastaría con eso, con que la melena tuviera movimiento y el peinado no fuera recogido, ‘empaquetado’.
– Interesante. ¿A dónde iría?
– A una fiesta, a un cóctel, a una presentación de colecciones en el Museo Balenciaga. Y si tuviese la dicha de poder llevar un modelo de Don Cristóbal, para respetar esa arquitectura textil que él creaba, le recogeríamos la melena y le pondríamos sombrero.
– Divino. Guapo lo que decís en el titular, ¿no? Esperanzador incluso en un mundo de apariencias. ¿Creéis de verdad que se acabó el postureo?
– Tanto como acabarse… Además Katixa y yo hablamos desde nuestra experiencia,propia, que acaso no es igual a la de otras profesionales. Nos parece que quizás cuando somos jóvenes y tenemos que afianzar nuestra personalidad, encontrar nuestro sitio, seamos más dadas a aparentar y a fantasear lo que no somos pero nos parece que cumplidos los 30, cuando ya, más a menos, sabes quién eres y lo que eres empiezas a ser más auténtica. Tal vez porque te has dado cuenta de que hemos alcanzado un buen grado de libertad.
– Ajá.
– Las mujeres (por lo menos las que se acercan a Fuenterrabia 37) saben que estamos ganando la libertad de ser lo que queramos en cuestión de género, de moda, de opción sexual. ¿Para qué crearte una imagen falsa si puedes ser, simplemente, tú?
– En este local siempre sucedieron sucesos extraordinarios. ¿Os acordáis de cuando era Polyester, con Genty de peluquera y More de tatuador?
– Estamos en una zona magnífica, cerca del Pokhara, cerca de Reyes Católicos. Y sí, aquí se vivió el boom de los primeros DJs que arrasaban la escena, de las primeras Drag Queens…
– ¿Y ahora?
– Aunque la palabra esté muy utilizada, la peluquería se está convirtiendo en una auténtica experiencia de vida. En algo mucho más potente que venirte a que te laven, te corten y te tapen las canas. Incluso se van creando redes entre las clientas, un alegre ‘networking’ de emociones. Es curioso también que hasta exista una ‘selección natural’…
– Significando eso….
– Todas son bienvenidas pero hay quien descubre que no encaja en la red. Y no vuelve. Pues perfecto.
– Muy paradisíaco pero sin embargo hay algo que os preocupa a las dos. ¿Qué?
– Nuestra piel, nuestro cabello no son los de las mujeres de antes (no hablamos ni de las que trabajaban la tierra ni de las aristócratas sino de mujeres de clase media). No vamos a tener con 70 u 80 años ni el pelo ni las uñas que tenían ellas. Algo pasa. Quizás en nuestra alimentación, en nuestra exposición al medio ambiente pero el cabello está debilitado, es frágil. La piel se daña y se duele más fácilmente. Tenemos que estar investigando de continuo (tratamientos de protección, regeneración, sellado) y más de una vez derivar a clientas al dermatólogo.
– ¿Por qué llevar un rimel al refugio?
– Porque te abre la mirada. Y porque para mí, caras totalmente lavadas ni en un búnker.
– ¿Por qué tus tijeras, las tuyas?
– Porque son las mías. Obsesión.