Viernes, 6 de marzo 2026, 08:10
«De manos todas, pero pintar nunca». Margarita Negro García no pensaba dedicarse a la pintura. Punto, tejido, macramé… la creatividad siempre estuvo en sus manos pero no en los pinceles, al menos hasta que la pandemia le sorprendió en Lanzarote. «Tenía un apartamento allí, iba a venderlo y me pilló la pandemia, como tiempo me sobraba, empecé a pintar con rotuladores», explica. Aquellos días de confinamiento fueron el comienzo de una etapa que cambiaría su vida.
Vivió dos años en la isla y, desde octubre de 2022, no ha parado de pintar. «Sin profesor alguno» dio rienda suelta a su imaginación para dibujar. «Es muy raro que yo dibuje con lapicero», defiende mientras incide en cómo fue su evolución desde los rotuladores hasta la cochinilla.
El verdadero giro llegó cuando descubrió el pigmento que llevaba años llamándole la atención. Era la cochinilla, el insecto Dactylopius coccus, del que se obtiene el carmín o ácido carmínico, el colorante natural E-120. «Es un bichito como un piojo», explica Margarita con naturalidad. Desde entonces, su objetivo es claro: «Encontrar el rojo perfecto». En esa búsqueda incansable a través de sus pinturas, la artista berciana asegura que no trabaja con medidas.
El papel, el agua, el pincel o los minerales alteran el resultado. «La clave para conseguir el rojo perfecto es el papel». El pigmento es tan sensible que cualquier mínima variación cambia el tono.
Pintar desde la mancha
El proceso creativo de Margarita parte desde la mancha. «Es una meditación, echas una mancha y no sabemos lo que va a salir». A veces, de ese gesto inicial nace una mujer, otras un gallo, son sus temas principales y los que Margarita disfruta representando. «Cuando la mancha se seca, buscas qué hay en ella». Asegura que nunca ha roto ningún dibujo sino que lo reconvierte.
La artista presenta en Ponferrada ‘La huella de la mujer’, una exposición en el restaurante La Casona en Fuentesnuevas, que podrá verse hasta el próximo 5 de abril. Esta es su primera exposición en la capital berciana, tras casi una decena de muestras fuera de la comarca. Serán 15 las obras seleccionadas de una serie dedicadas a figuras femeninas. Su intención es que se trate de una exposición itinerante que recorra otros puntos de la comarca.
Mujeres e historia
«Se me ocurrió hacer esta exposición para el 8 de marzo y no politizarla», señala la artista. La coincidencia con la muestra ‘Descaradas’ en el Real Jardín Botánico de Madrid, centrada también en mujeres históricas, reforzó aun más una idea ya reposada y trabajada. «Me encontré con ideas paralelas sin saberlo», comenta orgullosa.
Durante las exposiciones, la pintora berciana organiza talleres para explicar cómo un pigmento que «nos comemos todos los días» puede transformarse con productos naturales como por ejemplo el limón o el agua. «Vamos a hacernos nosotros nuestros colores», propone a sus alumnas, a las que anima a recoger todo tipo de productos de la naturaleza para experimentar.

Cuadro dedicado a Origata, «la musa» de Margarita Negro.
EBN

Margarita siempre firma como Origata, en homenaje a la minina recientemente fallecida que le acompañó durante su etapa de aprendizaje en Lanzarote y que siempre está presente, de alguna forma, en sus cuadros. Su nombre artístico responde al hecho de que el animal, que ha sido «su musa», contaba con una sola oreja.
Con esta seña, incluso tres de sus obras han cruzado el Atlántico y se cuelgan en una galería canadiense. «Si vendo vendo, si no vendo me da igual», afirma de forma rotunda. Porque para ella, pintar es otra cosa y va más allá del beneficio económico, va de la mano de la creatividad y de esa aspiración a perseguir, mancha a mancha, el rojo perfecto.
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