Domingo, 8 de marzo 2026, 06:18
El Hospital de Salamanca ha publicado un artículo en ‘Journal of Hospital Infection’, liderado por Moncef Belhassen, en el que explica cómo un hospital general se ha convertido en modelo en el manejo de enfermedades graves como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, pese a no ser un centro de referencia oficialmente designado.
La publicación llega en un momento en que —debido a la abundante lluvia invernal— se prevé una primavera con vegetación muy alta y, con ello, mayor riesgo de picaduras de garrapatas. Con más hierba alta en el campo y más garrapatas, aumenta la probabilidad de picaduras en personas que trabajan o pasan tiempo al aire libre, especialmente mayores o residentes en entornos rurales. Eso hace aún más valioso que hospitales como el de Salamanca estén preparados para sospechar y manejar de forma segura estos casos desde el primer minuto.
El Complejo Asistencial Universitario de Salamanca se encuentra en plena zona endémica y ha atendido la mitad de los casos confirmados en España, muchos de ellos en personas mayores del medio rural. Sin ser centro nacional de referencia, ha tratado diez de los veinte casos notificados en el país sin ningún contagio dentro del hospital, algo que los especialistas consideran una prueba de que, con buena organización, un hospital general puede manejar infecciones de alto riesgo con garantías.
Para ello, el hospital puso en marcha un proyecto de cambio global que va más allá de una habitación de aislamiento. Se creó un equipo de 18 profesionales de distintas áreas (medicina preventiva, infecciosas, urgencias, UCI, enfermería, microbiología, farmacia, riesgos laborales y gestión) encargado de revisar todo el proceso de atención a estos pacientes.
El hospital aprovechó que es un edificio nuevo, con sistemas de ventilación y filtros HEPA, e introdujo mejoras en urgencias, en la unidad de enfermedades infecciosas y en la UCI, donde se han equipado boxes con esclusa de entrada para minimizar fugas de patógenos. También se ha diseñado un circuito diferenciado para los pacientes sospechosos desde su llegada a urgencias hasta el ingreso.
Cualquier caso se atiende en aislamiento estricto y las exploraciones se realizan con equipo de protección individual completo: bata impermeable, doble guante, mascarilla FFP2 o FFP3, protección ocular y gorro. El hospital dispone de pruebas en el propio punto de atención y colabora con un laboratorio de nivel de bioseguridad tres situado a pocos metros, además del Centro Nacional de Microbiología, lo que permite confirmar el diagnóstico en menos de 24 horas.
Las muestras viajan en triple envase y con un protocolo de transporte muy estricto. También se utilizan dispositivos que generan vapor de peróxido de hidrógeno para descontaminar estancias y existen duchas de descontaminación en puntos críticos. Además, el centro mantiene almacenado un stock de unos 500 kits completos de EPI.
Otro punto fuerte es la formación. Más del 65% del personal clave ha recibido capacitación específica en fiebre hemorrágica de Crimea-Congo y el programa incluye formación continua con simulacros periódicos para reconocer el diagnóstico y actuar con rapidez desde el primer momento. Aunque el proyecto nació ligado a esta enfermedad, sus impulsores señalan que las medidas sirven también para otras infecciones de alto riesgo como Ébola o Nipah, reforzando la capacidad de respuesta del hospital ante futuras emergencias sanitarias.
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