Muchas mujeres lo esconden o evitan hablarlo. Pero patologías como la incontinencia, el dolor pélvico o las disfunciones sexuales son muy comunes y afectan sobre todo a ellas, aunque sigue siendo un tema tabú en la sociedad: «Hay mujeres que tienen incontinencia y no hacen nada, aceptan que es parte de su vida y no lo hablan ni con su familia, a veces por vergüenza, a veces porque piensan que es normal con la edad», resume el urólogo Xavier Brugarolas.
El doctor liderará la nueva Unidad de Suelo Pélvico que acaba de abrir en el Hospital de la Cruz Roja en Palma y pretende cambiar la lógica de acudir a consulta cuando el problema ya es incapacitante: «Cuanto antes se consulta, más opciones hay de mejorar y de evitar que la patología progrese».
La unidad no está pensada solo para mujeres que ya arrastran problemas graves, sino también para quienes empiezan a notar síntomas o tienen factores de riesgo. Brugarolas insiste en que muchas pacientes buscan ayuda médica cuando llevan años con pérdidas o molestias: «Si una mujer empieza a notar escapes, sensación de peso, dolor o cambios que le afectan en su día a día, cuanto antes vaya al médico, más margen hay para solucionarlo».
El suelo pélvico (los músculos y tejidos que sostienen vejiga, útero y recto) puede fallar por múltiples motivos. En la consulta, explica el doctor, se ven factores que han agravado el problema, como los partos, el aumento de peso, la menopausia o incluso ciertos deportes de impacto.
La principal novedad, según el especialista, es el enfoque global: la idea es que las pacientes no vean solo a urólogos o ginecólogos, sino que sea un trabajo coordinado para abordar lo físico y lo emocional, porque factores como el estrés o la ansiedad también afectan a las patologías del suelo pélvico. Por eso en la unidad colaborarán no solo ginecólogos, urólogos, médicos rehabilitadores o fisioterapeutas, sino también psicólogas, endocrinos e incluso dietistas: «La alimentación es determinante para aliviar los problemas del suelo pélvico», asegura Brugarolas.
«No consiguen hablarlo con nadie, dejan de hacer planes y sienten vergüenza o culpa»
Mari Carmen García, neuropsicóloga de la unidad, explica que el objetivo es ayudar a las pacientes a manejar todo lo que implica sufrir una afección como la incontinencia urinaria o fecal. «Muchas veces generan patrones evitativos: no consiguen hablarlo con nadie, y poco a poco dejan de ir al gimnasio, de salir o de hacer planes por miedo a que no haya un baño», señala. Que las pacientes se encierren, explica, agrava con el tiempo la ansiedad, el estado de ánimo y sobre todo su autoestima.

Mari Carmen García, neuropsicóloga de la nueva unidad de suelo pélvico del Hospital de la Cruz Roja en Palma. / Cruz Roja
García cuenta que muchas pacientes viven con una «ansiedad anticipatoria» constante al pensar que pueden tener pérdidas fuera de casa, vergüenza o incluso culpa: «Se preguntan por qué les ha tenido que pasar a ellas, se castigan o incluso dejan de relacionarse por miedo a ser juzgadas. Todo eso hay que tratarlo antes de que sea destructivo». En consulta, explica, trabajan herramientas como la reestructuración de pensamientos, técnicas de relajación y estrategias para frenar esa «rumiación».
El doctor Brugarolas, que lleva más de una década trabajando con patologías del suelo pélvico, asegura que a la hora de tratar a las pacientes hay que poner el foco primero en su estado emocional y también en su estilo de vida, con factores como el estrés, el sobrepeso, la falta de musculación o los hábitos: «El debilitamiento del suelo pélvico no solo está ligado a los partos, también influye el desequilibrio muscular o una vida sedentaria. Hay que enseñar y acompañar en el cambio de hábitos para que el suelo pélvico aguante mejor el paso del tiempo».
Ese enfoque global también busca evitar intervenciones que, aunque son útiles, no son inocuas, como la colocación de mallas quirúrgicas: «El éxito es haber hecho todo lo posible para no llegar al quirófano», comenta el doctor Brugarolas.
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