Marcos Menocal

Domingo, 8 de marzo 2026, 01:00

Con cerca de doce meses se suele aprender a caminar. Hay quien con nueve ya se pone de pie y otros son más perezosos y lo hacen con 18, el caso es que Erik Bautista Musina (Santander, 2018) aprendió casi a la vez a andar y a darle a la bola con el palo. «No tenía dos años cuando empezó a jugar», recuerda su padre, Guillermo, mientras ojea una foto de su hijo en el Campeonato del Mundo celebrado en Estepona hace poco más de dos semanas. De sus primeros golpes a la tensión de un evento de tal envergadura han pasado… cinco años. Nada más. Ver para creer, pero la precocidad en ciertas disciplinas se abre paso sin pedir permiso. «Ha sido una experiencia muy bonita», señala este jovencísimo talento cántabro que se llevó al Campo de Los Flamingos, en la localidad malagueña, los deberes para no perder ripio en el ‘cole’ durante los cuatro días que duró el campeonato.

A Erik lo ‘envenenó’ su padre, que fue jugador amateur y pronto se dio cuenta de que al chaval le iba la marcha. Los fines de semana en el Real Gol de Pedreña fueron el prólogo de una historia que no ha hecho más que comenzar y que, por el momento, tiene a un cántabro entre los aspirantes a todo en un deporte al que esta tierra le debe tanto.

Ingleses, dubaitíes, portugueses, marroquíes, suecos… Erik se puso la gorra tres días para completar los nueve hoyos diarios destinados a la categoría más joven del evento. Tras una selección previa en la que los candidatos a una plaza deben reunir una serie de requisitos, el santanderino fue incluido entre los 19 finalistas y logró meterse en el ‘Top 10’ final. «Me gustaría volver. Fue una experiencia poder jugar con jugadores tan buenos», recuerda el protagonista de esta historia.

El caso de Erik no es muy común. De hecho, no es nada sencillo encontrar competiciones y rivales de su edad con los que poder medirse. «Tenemos que salir fuera, a Castilla León, Madrid o donde podamos para que juegue porque aquí no puede», explica Guillermo, que cada fin de semana monta la oficina móvil con su mujer, Dinara, y se desplazan en busca de que el joven Erik siga dando rienda suelta a su pasión. «A mí lo que más me gusta es el golf», indica en un alarde de sinceridad que corrobora su padre. «Es así. Su hermano, Mark, de cinco años, también le da a la bola, pero le gustan otras cosas; el fútbol… A Erik solo le gusta el golf», sentencia. Y en esas está, en ese proceso de aprendizaje continuo que se esconde detrás de un chaval de siete años que se convierte en una esponja al absorber conocimientos de una disciplina tan específica.

La cita de Estepona es uno de los seis eventos que se encuadran en una Liga inglesa, de creación reciente ya que apenas lleva tres años, que funciona en colaboración con Tour Mundial. La precocidad de los jóvenes talentos ha obligado a readaptarse y crear campeonatos de gran nivel debido a la irrupción a edades tan tempranas. «No existe una fase de clasificación, porque como digo, no es sencillo encontrar competiciones para estos niños, así que se hace una solicitud donde se enumeran los logros que hayan podido hacer; puntuables en eventos nacionales y cosas así. Y nos admitieron», rememora Guillermo, que cuando se quiso dar cuenta ya estaba en el campo rodeado de la cantera mundial de golfistas.

Erik fue de menos a más. Después de un arranque discreto, su último día fue brillante. Recortó cuatro golpes -algo que no suele ser habitual- y superó al campeón inglés para meterse entre los diez primeros. España tiene una base de la que presumir y de la que los aficionados pueden estar atentos porque los cuatro representantes de casa se colaron en los puestos de privilegio: segundo, tercero, noveno y décimo.

«Me gustaría volver», dice Erik, a quien no le falta un detalle de su ídolo, Jon Rahm. La gorra, la camiseta, el pantalón… «Es su ídolo», admite su padre no sin antes recordar que pese a su edad su verdadero referente es ‘Seve’: «Es lo que ha aprendido y lo que le hemos enseñado; sabe lo que significó Severiano Ballesteros y lo que hizo y es su verdadero ídolo», confiesa quien creció disfrutando de los éxitos del de Pedreña y que no se cansa de recordárselo a su joven aprendiz.

Para Erik, lo vivido en Estepona, más allá de ser parte de uno de los eventos más importantes de este deporte le ha servido como un test y un cursillo de aprendizaje acelerado. Acostumbrado a competir con chavales de catorce años, por fin ha podido medir su potencial con niños de su edad. «Me gusta entrenar todos los días y poco a poco iré aprendiendo más y me lo paso muy bien», admite el mundialista, que cada día aparca los libros por la tarde para dedicarle unas horas a su entrenamiento, a las órdenes de Gabriel Sota, quien también le enseño parte de lo que sabe a su padre. Ahora comparten pasión y entrenador.

Cerrado este primer capítulo, ahora este ‘cantabruco’ pone los ojos en el Campeonato Nacional Júnior que se disputa en La Manga (Murcia), donde tendrá que enfrentarse a niños de hasta diez años y en el que se celebran diez pruebas. Este fin de semana es la cuarta en Valladolid, y Erik va viento en popa. «Ha sumado puntos suficientes para poder estar en la final», explica Guillermo.

Y en esas está. Con el legado de Seve planeando, Cantabria está necesitada de un sucesor del genial golfista que situó en el mapa Pedreña y que labró un palmarés de leyenda. Erik sigue con su mejora de golpes lejanos, donde es capaz de mandar la bola a 100 metros, la mitad de lo que suele golpear un adulto de nivel medio. Eso sí, el chaval tiene algo en el juego corto. Ese que es habilidad pura y dura. Apunten su nombre.

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