8-M y 15-M. Todo en uno. Y es que con las elecciones de Castilla y León a una semana vista, que el Día Internacional de la Mujer iba a estar plagado de mensajes en clave electoral y femenina se intuía y se acababa … de confirmar en la lectura del manifiesto de la Coordinadora de Mujeres de Valladolid, al frente de la principal movilización -no la única, porque otra vez tanto en la capital del Pisuerga como en otras ciudades el movimiento feminista volvía a salir por separado-. «Ante la próxima convocatoria de elecciones a las Cortes de Castilla y León (…) queremos hacer un llamamiento a toda la ciudadanía para transmitir la importancia de no permitir retrocesos en los derechos civiles y sociales que tanto nos ha costado conseguir», arrancaba la lectura del manifiesto en la Plaza Mayor como colofón a la marcha.
«No podemos permitir que nuestro Gobierno, que nuestras instituciones, sean ocupadas por personas que niegan realidades tan evidentes y tan desgarradoras como es la existencia de la violencia machista, que tantas vidas de mujeres destroza a diario, y que considera las políticas de igualdad de trato y contra la Lgtbifobia como algo prescindible y que incluso hablan sin tapujos de suprimir el derecho al aborto de la sanidad pública», clamaba el manifesto, con reivindicaciones también en clave salarial, de vivienda o cuidados.
Para terminar, de nuevo, con la clave electoral y una llamada expresa a las urnas. «En estas elecciones nos jugamos mucho, nos jugamos la democracia, pero también la libertad, los derechos y la convivencia», concluía la lectura entonada por una sucesión de voces femeninas ante unas 3.600 personas, según fuentes de la Policía. Entre ellas, la minsitra de Igualdad, Ana Redondo, prueba también de la clave electoral de este 8-M en Castilla y León. Y es que la vallisoletana optaba por ponerse tras la pancarta de su partido en su ciudad y no encabezar las movilizaciones en Madrid.
Literalmente tras la pancarta del PSOE, junto a las candidatas a las Cortes y la exministra Reyes Maroto, pues desde la organización impedían a la ministra colocarse en la primera fila por más que para hacer las declaraciones previas sí avanzase hasta ese punto. Eso sí, tratando de superar con el tono de su voz al cada vez más elevado sonido de las proclamas que, megáfono en mano, coreaban desde la Coordinadora de Mujeres, ante las que Redondo posaba pancarta en mano: ‘No dejaremos que el pasado a avance’.
Proclama también de su intervención, en la que llamaba a «cambiar el futuro y no dejar que el pasado avance». «El pasado nos lleva a la limitación de derechos, al paternalismo y la sumisión», consideraba la ministra, quien defendía que el Gobierno de Pedro Sánchez del que forma parte «lucha pro la igualdad». «Y la igualdad es paz. El feminismo es pacifista», añadía, precisamente haciendo referencia a otro de los lemas que se colaban y protagonizaban la manifestación: ‘No a la guerra’.
‘Hoy más feminismo que nunca’, ‘Sin nosotras no hay cuidados’, ‘Libres y vivas’, entre las pancartas de la manifestación, en la que no faltaban la batucada y el color morado tiñendo hasta las banderas de los sindicatos. Muchas más mujeres que hombres. Y de todas las edades. También niñas que, alejadas del mensaje partidista más dominante, sonrientes clamaban por su ‘No dejes que nadie apague tur brillo’, ‘No somos princesas, somos guerreras’ o ‘Mi capa de superhéroe es mi inteligencia’.
Escoltada por un importante dispositivo policial, la marcha discurría sin incidentes, aunque con algún momento en el que se elevaban más aún los gritos, como al paso frente a la caseta electoral de PP o la sede de Vox, ya próxima a la Plaza Mayor, donde sobre todo quienes estaban tras la pancarta de Podemos paraban la marcha al grito de ‘Fuera fascistas de nuestras calles’.
Ya en el principal ágora de la ciudad, ambiente más festivo y bailes al ritmo sobre todo del ‘Ay, mamá’, de Rigoberta Bandini.