Raquel Fidalgo

Domingo, 8 de marzo 2026, 18:12

En Montecerrao las paredes hablan pero parece que pocos escuchan. Las pintadas son un problema de degradación que en esta zona residencial de Oviedo se vive con una mezcla de resignación y falta de atención. Un reciente recuento ha puesto cifra a esta realidad: hay, al menos, 50 grafitis repartidos por sus calles.

La encargada de poner orden a estos datos ha sido Lucía Logares, alcaldesa de barrio de Montecerrao. «Somos conscientes de ello y estamos poniéndolo en conocimiento del Ayuntamiento», explica Logares, quien ha liderado un rastreo minucioso por los muros de la zona. «Hicimos un recuento y son 50 los que hayamos contado».

Esta visión es compartida por Ramón del Fresno, presidente de la Asociación Vecinal y Comercial de El Cristo, Buenavista, Llamaquique y Montecerrao, quien considera que el impacto visual en Montecerrao es menor comparado con otros puntos. «Los hay más importantes, como los del antiguo HUCA, que se ven desde el espacio de lo grandes que son», ironiza Del Fresno.

Imagen principal - 50 grafitis 'invisibles' en Montecerrao

Imagen secundaria 1 - 50 grafitis 'invisibles' en Montecerrao

Imagen principal - 50 grafitis 'invisibles' en Montecerrao

Imagen secundaria 1 - 50 grafitis 'invisibles' en Montecerrao

El concejal de Limpieza viaria, José Ramón Pando, explica las competencias del Consistorio ante las numerosas pintadas que aparecen. La clave reside en quién es el dueño del muro: «En propiedad privada el Ayuntamiento no puede actuar», advierte Pando.

No obstante, existen matices. El concejal explica que, si el muro da a la vía pública y la pintada puede eliminarse con métodos sencillos como agua a presión, hay margen de maniobra, pero la pintura son palabras mayores. «Si el muro da a la calle y se quita con una manguera podemos hacerlo, pero si hay que pintar, hay que pedir permiso a la comunidad», detalla el edil.

A pie de calle se revela una realidad curiosa: el grafiti en Montecerrao se ha vuelto invisible para sus propios habitantes. A pesar de los 50 ejemplos detectados, la sensación general entre los viandantes es de indiferencia. «Casi no los vemos», comenta una vecina y añade que «deberían de hacerlo donde corresponda y que les pongan un muro donde pintar». Es decir, que en vez de vandalismo, sea arte.

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