Al Kosner Baskonia todavía le duran algunos síntomas de la resaca después de su victoria copera de hace dos semanas. Tras no poder ni … siquiera salir de la cama pocos días después de la hazaña ante el Valencia Basket y víctima también de un cuadro de malestar general notable ante el París hace escasos días, al bloque de Paolo Galbiati tampoco le sentó del todo bien el regreso a la ACB. Fue uno de esos domingos de pesadez en las piernas en una carrera constante por acompasar la cabeza y el físico a la exigencia del torneo liguero. Algo que se vio en su larga búsqueda de una ventaja sólida: no fue hasta el minuto 36 cuando logró impulsar su brecha a más de tres puntos.

En un equipo de idas y venidas, con muchos de sus primeros espadas inmersos también en esa carrera de altibajos, Paolo Galbiati encontró la claridad en las manos de un hombre que ha mostrado sobradas dotes de generación de juego a pesar de que en un primer vistazo parezca un jugador en las antípodas de ese perfil: Eugene Omoruyi. El nigeriano fue, a la vez, uno de los pocos interiores con presencia en una rotación de nuevo carente de referentes en la pintura mientras desde ese rol movía los hilos de un conjunto encorsetado por la buena estructura defensiva del Hiopos Lleida. Ese gigante con muñeca de seda y mente afilada que se marchó al filo de un doble-doble inusual para un jugador de su demarcación: 17 puntos y 9 asistencias. Es el quinto jugador interior en la historia de la competición en alcanzar ese registro de asistencias y al menos 15 puntos. El último, Tomic, lo hizo en 2022.
Pudo elevar esas cifras pasadoras porque encontró en ocasiones prometedoras a varios de sus compañeros, pero ahí el Baskonia se topó con el muro de la falta de puntería. Se fue sin un sólo acierto en el primer cuarto en sus cinco triples, la fórmula que buscó para desatascar por la vía rápida la compleja estructura zonal del Lleida. El paso de los minutos permitió corregir esos registros, sobre todo en el segundo y tercer cuarto -8 encestado de 18 intentos entre ambos parciales- aunque el conjunto azulgrana sigue lejos de ese nivel de finura previa. De todos, tal vez, el caso más claro sea el de un Cabarrot que apenas anotó 8 puntos, su anotación más baja de la temporada, y víctima de una precipitación constante que le impidió brillar.
Simmons por Howard
El Baskonia tiró de coraje para encauzar el encuentro, también a lomos de un buen y silencioso Forrest, y de nuevo con la presencia de otro registro habitual en el juego del equipo: los tapones de Diakite. El guineano, cuyo bloqueo a dos manos a Shengelia en la Copa aún perdura en la memoria de la afición azulgrana, finalizó el encuentro con seis. Cinco de ellos llegaron en el último cuarto, que disputó al completo. Su energía desborda la soledad en la que se volvió a encontrar como único pívot disponible del equipo.
Algo diferente sucedió en una decisión que Galbiati debe tomar antes de cada partido doméstico, el descarte de sus extracomunitarios. Se volvió a quedar fuera Nowell, pero la novedad residió en que el segundo elegido fue Howard. El escolta es uno de esos azulgranas en un momento complicado, lejos de la productividad de sus mejores momentos, y el técnico optó por reservarlo. Simmons tuvo la oportunidad y la aprovechó. Su entrada al encuentro también fue irregular, pero resultó junto a Spagnolo clave para sostener tras el descanso las crecientes prestaciones ofensivas del equipo. Con su buen partido, 13 puntos anotados, Simmons quiso reabrir el debate de los descartados.