Corría el año 2001 cuando Benicio del Toro alcanzaba uno de los grandes hitos de su carrera: ganar el Oscar al mejor actor de reparto. Traffic fue la cinta que lo consagró, con la que obtuvo la codiciada estatuilla, tras haber sido galardonado con un Globo de Oro, un Bafta, un Oso de plata y dos premios del Sindicato de actores, por la misma película. Después llegaron otros valiosos reconocimientos, pero pocos supusieron tal vuelco en su carrera como aquel Oscar. Este 2026 la dicha ha vuelto a tocar su puerta, con su nominación al mismo galardón, por su interpretación en Una batalla tras otra, filme de Paul Thomas Anderson, del personaje de Sergio St. Carlos. Esta candidatura supone un impulso más a su brillante y aplaudida carrera, una trayectoria deslumbrante que antecedida por una durísima infancia.

En 2001 Benicio del Toro ganó un Oscar a mejor actor de reparto

En 2001, Benicio del Toro ganó un Oscar a mejor actor de reparto.Steve Granitz

El actor nació un 19 de febrero de 1967 en Santurce, Puerto Rico, en el seno de una familia de clase media. Sus padres, Gustavo Adolfo del Toro Bermúdez, de origen rural y Fausta Genoveva Sánchez Rivera, de buena cuna, ejercían la abogacía. La suya no fue una vida sencilla, pues cuando tenía unos escasos 9 años de edad, su madre falleció de hepatitis. Para entonces ya había pasado por la Academia del Perpetuo Socorro, de formación basada en principios católicos, ubicada en Miramar, un barrio elegante a las afueras de San Juan. “Era un niño muy inquieto y nervioso», dijo en una entrevista.

En el hogar de la reconocida estrella cine, el dolor se camuflaba con sonrisas. «Mi infancia fue como una contradicción. Fue una infancia triste porque sabíamos que nuestra madre se estaba muriendo”, relataba en 2018. Y continuaba: “Todos nos vamos muriendo, pero sabíamos que nuestra madre iba a morir muy pronto. Sabíamos que estaba muy enferma. Y al mismo tiempo, en casa se respiraba una sensación de felicidad. Mi madre tenía un gran sentido del humor. Era como mirar lo que venía de frente y, al mismo tiempo, simplemente disfrutar de la vida. Porque todos vamos a morir y uno puede quedar atrapado en eso. Uno puede simplemente quedarse paralizado: ‘¡Joder, me voy a morir!’. Y no hacer nada, solo esperar la muerte. Ella no se paralizó en absoluto. Mi madre era muy dura”. Este espíritu de resistencia, no obstante, serviría a Del Toro en el futuro.