El Grand Palais de París, tradicional escenario de los desfiles de Chanel, se llenó ayer de grúas de colores, generando así la sensación de que Matthieu Blazy se encuentra en plena construcción de su trabajo en la maison. Tomó como referencia las citas de una entrevista que Coco Chanel hizo para Le Figaro en los años 50. “Necesitamos vestidos que se arrastren y vestidos que vuelen. La mariposa no puede ir al mercado y la oruga no puede ir al baile”, dijo. En esa dualidad de estilos y necesidades del armario femenino se movió ayer la colección otoño-invierno 2026/2027 de Chanel.

No faltaron en la primera fila las incondicionales de la firma. Encabezando esta lista de invitados célebres estaba su mayor embajadora: Charlotte Casiraghi, demostrando con su impecable estilismo por qué lo es.

Charlotte Casiraghi

Arnold Jerocki/Getty Images

Eligió una de las fórmulas más clásicas de la casa, el traje de chaqueta y falda de tweed. Lo llevó al plano de máxima actualidad al combinarlo con un jersey negro de cuello alto y unos zapatos de salón destalonados bicolor con una manzana incrustada en su tacón. También recurrió a unos pendientes en cascada, algo raro en ella, que suele preferir la contención en lo que a complementos se refiere.