En los últimos años, los fármacos agonistas del GLP-1 han supuesto una revolución en el abordaje de la obesidad y de otras múltiples enfermedades vinculadas a esta, como las cardiovasculares. Medicamentos como Ozempic, de hecho, han demostrado ya beneficios cardiovasculares en prevención secundaria, es decir, en pacientes que ya habían …


En los últimos años, los fármacos agonistas del GLP-1 han supuesto una revolución en el abordaje de la obesidad y de otras múltiples enfermedades vinculadas a esta, como las cardiovasculares. Medicamentos como Ozempic, de hecho, han demostrado ya beneficios cardiovasculares en prevención secundaria, es decir, en pacientes que ya habían sufrido un evento cardiovascular. Sin embargo, hasta la fecha no existían ensayos clínicos específicamente diseñados para evaluar el impacto de estos fármacos en prevención primaria, antes de que tenga lugar ese primer evento cardiovascular.

Un estudio liderado por la Unidad de Ensayos Clínicos en Cardiología del Hospital Universitario de Santiago, y que ha contado con la participación de farmacéuticos de Atención Primaria de 13 centros de salud gallegos, ha demostrado por primera vez, en la práctica clínica, que los fármacos GLP-1 pueden tener un impacto muy importante en prevención primaria cardiovascular en la vida real, reduciendo considerablemente el riesgo estimado a 10 años de sufrir un infarto o un ictus en pacientes con diabetes tipo 2 y obesidad.

El estudio, que contó con 105 pacientes que iniciaron tratamiento con GLP-1 y a los que se siguió durante 44 semanas, demostró que estos fármacos reducen en un 13,45% el riesgo relativo a diez años de que estos pacientes sufran un accidente cardiovascular. «Este estudio constituye la primera evidencia prospectiva y de vida real de esta magnitud en prevención primaria y apoya el uso temprano de los agonistas del GLP-1 en individuos con diabetes y obesidad de alto riesgo», explica el doctor José Seijas Amigo, autor principal del estudio.

Beneficios integrales de los agonistas del GLP-1 en vida real

El coordinador de la Unidad de Ensayos Clínicos en Cardiología del Hospital Universitario de Santiago destaca que, además del impacto sobre la prevención cardiovascular, el uso de los fármacos GLP-1 produjo una mejora general en múltiples parámetros de salud de los pacientes. Así, por ejemplo, la hemoglobina glicosilada –indicador del control del azúcar a largo plazo– se redujo un 1,5%; el peso de los pacientes disminuyó una media de 6,5 kg, y también descendieron los niveles de colesterol LDL (-21 mg/dL), triglicéridos (-54 mg/dL) y la presión arterial sistólica (-8 mmHg). «Esto significa que no estamos tocando solo el azúcar, sino un montón de piezas que construyen el riesgo cardiovascular», añade Amigo, que matiza que los resultados de este estudio no sustituyen a los ensayos clínicos aleatorizados, pero sí aportan evidencia complementaria muy relevante sobre la efectividad de estos tratamientos en condiciones reales de práctica clínica.

«Desde el punto de vista clínico, los resultados sugieren que los agonistas del GLP-1 no solo deben valorarse por su efecto sobre el control glucémico o el peso, sino también por su potencial impacto en el riesgo cardiovascular estimado desde fases tempranas de la enfermedad –continúa el facultativo–. Esto puede ayudar a una toma de decisiones más integral, especialmente en pacientes con diabetes tipo 2 y alto riesgo cardiovascular, incluso antes de que hayan desarrollado enfermedad cardiovascular establecida. Además, abren la puerta a incorporar herramientas de estimación de riesgo cardiovascular en la monitorización rutinaria del tratamiento, algo especialmente relevante en Atención Primaria».

Tal y como señala el autor principal del estudio, el papel de los farmacéuticos de Atención Primaria ha sido «absolutamente clave» en la elaboración y ejecución del mismo: los FAP han aportado el acceso longitudinal a los pacientes y al uso real del medicamento en el día a día. «Desde primaria se conoce la adherencia, la evolución del tratamiento, los ajustes y el contexto clínico global del paciente, algo fundamental en estudios de vida real», subraya José Seijas Amigo.

Importante papel de los farmacéuticos de Atención Primaria

Su opinión la comparte José Manuel Paredero, presidente de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP), para quien este estudio ejemplifica «el enorme potencial investigador» de los farmacéuticos de Atención Primaria cuando se trabaja con datos poblacionales de vida real. «Nuestro acceso continuado a la historia farmacoterapéutica, a la evolución longitudinal del paciente y a los patrones de utilización de medicamentos permite generar evidencia con un valor añadido único para comprender el impacto clínico de los tratamientos en condiciones reales», sostiene.

Tanto para Paredero como para el autor del estudio, los resultados de la investigación ponen en valor el «papel estratégico» de los farmacéuticos de Atención Primaria en prevención cardiovascular, ya que, como recuerdan, los FAP no solo participan en la optimización terapéutica y en la revisión de tratamientos, sino que pueden integrar herramientas de estratificación de riesgo cardiovascular en la evaluación del paciente con diabetes.

«Si los agonistas del GLP-1 muestran un potencial preventivo desde fases tempranas, el FAP puede contribuir a identificar qué pacientes podrían beneficiarse más, colaborar en la adecuación terapéutica y reforzar la adherencia y el seguimiento», sostiene Amigo, quien añade que los farmacéuticos de Atención Primaria pueden ejercer también de puente entre guías clínicas, sostenibilidad del sistema y práctica real, especialmente cuando se disponga de evaluaciones que permitan valorar no solo el beneficio clínico, sino también su impacto global en la atención sanitaria. «En definitiva, la prevención cardiovascular empieza en Atención Primaria, y este estudio demuestra que también puede impulsarse desde la investigación colaborativa entre niveles asistenciales», concluye.