La historia del arte flamenco tiene, también, nombre de mujer. 40 artistas femeninas del Flandes de los siglos XVII-XVIII protagonizan una nueva exposición en Gante: venimos a hablarte de cinco de ellas.

Museo de Bellas Artes de Gante© ShutterstockMuseo de Bellas Artes de Gante

No lo vamos a negar: nombres como Van Eyck o El Bosco, Rubens, Memling o Bruegel, han ocupado durante siglos el centro del relato cuando de hablar de arte en Flandes se trataba. Sin embargo, en los márgenes de ese canon brillante, también trabajaron mujeres extraordinarias que desafiaron las limitaciones sociales de su tiempo para abrirse paso con pincel propio. Hablamos de Clara Peeters y de Michaelina Wautier, de Anna Roemersdr, Judith Leyster, Maria Schalken... Y tantísimas otras más.

Figuras femeninas que no solo participaron activamente en la vida artística de Flandes, sino que contribuyeron también a definirla. Sus trayectorias, a menudo eclipsadas por sus colegas varones, revelaban talento, independencia y una sorprendente modernidad plasmada en sus obras. Piezas de arte que, este año, serán veneradas y mostradas al mundo en una exposición que será inaugurada en el MSK de Gantes este mes de marzo con el nombre de Unforgettable (mskgent.be/en/exhibitions/unforgettable).

La impresionante lista de obras expuestas, creadas por más de 40 mujeres artistas activas entre 1600 y 1750, abarca todo el espectro de las artes visuales, desde pinturas a grabados, de esculturas hasta textiles o delicados recortes en papel. Para acercarte un poco más a este universo injustamente desconocido, venimos a descubrirte el trabajo de cinco de ellas. Nombres que siempre estuvieron allí, pero que durante demasiado tiempo se hallaron en un segundo plano.

 Cartel expo 'Inolvidable'© Martin Corlazzoli Cartel expo ‘Inolvidables’

Media Image© Martin Corlazzoli

Clara Peeters, la reina del bodegón

Aunque no está documentado, muchas pistas halladas en su obra apuntan a que la pintora flamenca nació a finales del siglo XVI en Amberes. Estamos ante una de las escasas mujeres de la época de la que existen cuadros con su firma plasmada, a pesar de que tan solo 39 de ellas hayan sido localizadas: muy probablemente pintara muchas más. Sea como sea, de lo que no hay duda, gracias al talento constatado en sus cuadros, es de que fue una de las grandes pioneras del bodegón en Flandes: sus composiciones de quesos, panes, pescados, flores, copas de metal y delicadas porcelanas no solo deslumbran por su virtuosismo técnico, sino también por su sofisticado juego de luces y texturas.

Más allá de la técnica, hay algo fascinante en su obra: cómo incluyó en algunas de ellas diminutos autorretratos que quedaron reflejados en copas o jarras de plata. Un gesto sutil pero poderoso —¡y maravilloso!— con el que la artista afirmaba su autoría en un mundo dominado por hombres.

Bodegón de Clara Peeters© erwin.donvil@kbcBodegón de Clara Peeters
Michelina Wautier, atrevida y audaz

Son muchas las razones que permiten definir a otra de las grandes artistas flamencas con estas palabras. En primer lugar, porque se animó a utilizar lienzos de gran formato en los que plasmó composiciones, en muchos casos, históricas y mitológicas, géneros considerados los más prestigiosos dentro de la jerarquía académica. En segundo lugar, porque llegó a incluir incluso desnudos masculinos en sus cuadros, algo fuera de lo común en aquel tiempo. El triunfo de Baco, su obra más célebre, ocupó 3,6 metros de ancho y fue un ejemplo de ello. Una muestra de su extraordinaria ambición artística que le llevó a dominar, también, otros géneros como el retrato o la pintura religiosa con una sensibilidad fuera de lo común.

Y es que hablamos de pleno siglo XVII, que fue la época cuando la flamenca, activa sobre todo en Bruselas, desarrolló su carrera. Sin embargo, lo cierto es que durante siglos sus obras estuvieron atribuyéndose a artistas masculinos, lo que provocó su olvido historiográfico. Por suerte, investigaciones recientes le devolvieron el lugar que merece como creadora versátil y técnicamente brillante.

Obra de Michelina Wautier© Rik Klein GotinkObra de Michelina Wautier
Judith Leyster, la pintora de Haarlem

Nació en el seno de una familia burguesa en pleno Siglo de Oro neerlandés y desde los inicios su talento fue tan llamativo como singular. Músicos sonrientes, niños traviesos, animadas reuniones en tabernas… estas eran las escenas que protagonizaban su obra. Un trabajo que destacó siempre por su apuesta por plasmar acontecimientos llenos de vida. A ello ayudó, claro, su dominio sobre la pincelada suelta, el control de la luz y su capacidad extraordinaria para pintar expresiones espontáneas en sus cuadros. 

Entre sus obras más conocidas se encuentra su Autorretrato, donde aparece trabajando ante el caballete, sonriente y segura de sí misma: toda una declaración de intenciones, ya que se presentaba, de una vez, como artista, empresaria y creadora. Leyster, eso sí, no solo triunfó artísticamente, sino también profesionalmente: fue admitida en el gremio de pintores de Haarlem, algo excepcional para una mujer en su tiempo. Además, dirigió su propio taller, algo por lo que hoy se la reconoce como una de las voces más frescas y personales del arte holandés del XVII

Autoretrato de Judith Leyster Autorretrato de Judith Leyster
Anna Roemers, maga de las artes visuales

Hija del influyente escritor Roemer Visscher, Anna Roemers se crio en un ambiente intelectual que favoreció su formación y le permitió integrarse en los círculos culturales de Ámsterdam. Aunque hoy se la recuerda, sobre todo, como poeta y epigramista, lo cierto es que el talento de la artista neerlandesa abrazó también las artes visuales, especialmente el grabado sobre vidrio y conchas marinas. Trabajos para los que eran necesarias aptitudes que ella cubría de sobras: un enorme virtuosismo técnico y una gran sabiduría humanista. 

Utilizando una punta de diamante o herramientas metálicas extremadamente finas, la artista realizaba incisiones directamente sobre la superficie de las copas y vasos, un proceso que requería de una precisión absoluta: cada línea debía ejecutarse con pulso firme, ya que el vidrio no permitía correcciones. Creaba de esta manera composiciones delicadas que combinaban motivos vegetales, emblemas simbólicos y breves inscripciones morales o poéticas. Auténticas piezas de lujo muy valoradas por la élite cultural neerlandesa.

 "La encajera" de Johannes Vermeer© Martin Corlazzoli «La encajera» Johannes Vermeer

MSK Gante© Martin CorlazzoliMSK

Maria Sibylla Merian, artista, naturalista y pionera científica

Venimos a hablar ahora de una figura extraordinaria del arte flamenco. Y es que Maria Sibylla Merian unió con maestría arte y ciencia en una época en la que ambas disciplinas todavía caminaban de la mano. No en vano, hoy se la considera una pionera de la entomología moderna y una de las grandes ilustradoras científicas de la historia. Nacida en Frankfurt y formada en un ambiente artístico, desarrolló desde muy joven una fascinación por el mundo natural, especialmente por los insectos, que acabaría viéndose reflejada en su obra: mientras la mayoría de los naturalistas de esa época estudiaban ejemplares muertos, ella sentía fascinación por los animales vivos, criando orugas y registrando cuidadosamente cada fase de su transformación. Su obra más importante —¡y revolucionaria!— fue Metamorphosis insectorum Surinamensium, publicada en 1705 después de realizar un viaje científico que la llevó a Surinam, por aquella época colonia neerlandesa. 

Durante su estancia en tierras lejanas, estudió y dibujó especies tropicales entonces desconocidas en Europa. Sus láminas, llenas de color y movimiento, no solo ampliaron el conocimiento de la entomología, sino que también influyeron profundamente en la ilustración naturalista posterior. ¿Un detalle más? Pues sí: resulta que Maria Sibylla Merian fue, además, una mujer sorprendentemente independiente para su época: se separó de su marido, dirigió su propio taller y financió sus investigaciones mediante la venta de grabados y libros. Una carrera ejemplar.

Media Image© Martin Corlazzoli

Media Image© Martin Corlazzoli