Estados Unidos ha descabezado a los regímenes de Venezuela e Irán en menos de dos meses. Para China son dos piezas relevantes en el suministro energético y en la resistencia al orden occidental, e Irán, en particular, ha sido su socio más firme en Oriente Próximo. ¿Sus respuestas? Limitarse a condenar el uso de la fuerza en Venezuela y resaltar la “amistad incondicional” con Irán. Pero Pekín ni intervino para sostener a Nicolás Maduro ni va a hacerlo para sostener el régimen de los ayatolás.
China no es Estados Unidos: más que alianzas, teje relaciones comerciales a largo plazo. Involucrarse militarmente en regiones lejanas no está en sus planes. Menos aún cuando la ofensiva sobre Irán desgasta a Washington en la competición que mantienen por el liderazgo global. Eso le permitirá a Pekín sacar rédito económico una vez el conflicto se resuelva mientras le despeja el terreno en Asia-Pacífico.
Irán es clave para China, pero tiene alternativas
No es que Irán no sea importante para China: es una pieza clave de la Nueva Ruta de la Seda, la red de corredores que busca conectar China con Asia Central y Europa. En 2021, la firma del Acuerdo de Cooperación Integral para los próximos veinticinco años entre los dos países parecía inaugurar una era de modernización e inversiones millonarias para la República Islámica. Sin embargo, muchas de las inversiones prometidas no se han ejecutado, en parte por el aumento de las sanciones estadounidenses.
Además, Irán no es el único ni el más importante socio regional para China. Mientras que el comercio bilateral con Irán fue de 13.400 millones de dólares en 2024, con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos superó los 100.000 millones en cada caso. Aunque la cifra real de Teherán es superior debido al comercio opaco de crudo que escapa a los registros oficiales, el volumen sigue lejos de la prioridad estratégica que representan las monarquías del Golfo para Pekín. De igual manera, las monarquías del Golfo, mejor integradas en el sistema fin…