Las melodías en la voz de Chris Isaak (Stockton, California, EE UU, 1956) son de las que se quedan pegadas como pelo de gato en … traje de gamuza, y hacen que conducir sea un placer si resuenan desde el salpicadero. El músico californiano atesora hits para llenar el set list de un concierto como el que ofrecerá en el festival BBK Legends Bilbao, que se celebrará en junio, y en el que coincidirácon Tom Morello (Rage Against The Machine), Graveyard, Cracker, Dea Matrona y la superbanda Beat. Ya estuvo Isaak en este mismo festival en 2023 con todas las entradas vendidas, y por el Azkena de Vitoria ha pasado en 2010 y 2017, siempre con gran éxito, porque el canto de Isaak gusta y él lo sabe.

– Cumplirá 70 años tocando en Bilbao y en una forma insuperable. ¿Cómo se imagina cuando sea mayor?

– No lo pienso, me mantengo ocupado. Sigo metiéndome en el agua a pescar cangrejos, sigo surfeando y entrenando todos los días. Hoy estoy haciendo entrevistas y luego, más tarde, iré a practicar algunas canciones con mi bajista. Así que nada cambia realmente.

– Si no fuera músico, ¿qué tipo de vida le hubiera gustado tener?

– ¿Sabes? Alguna vez pensé que tal vez podría haber sido delincuente. Creía que sonaba interesante. Pero los criminales normalmente suelen ser duros o violentos, y yo no tengo ninguna de esas cualidades.

– ¿Qué pueden esperar sus fans cuando le vean en Bilbao? ¿Va a bajar del escenario para cantar entre el público?

– Sí, normalmente bajo a cantar entre el público y a veces subimos gente al escenario. Tengo una gran banda y están preparados para seguirme en todo lo que hago. Así que no estoy obligado a hacer el mismo show todas las noches, puedo cambiarlo para hacer lo que el público quiera. Si está quieto escuchando baladas, entonces canto más baladas. Y si quieren bailar puedo tocar más rock and roll.

– Su madre trabajaba haciendo patatas chips y su padre era operador de grúas. ¿Tuvo una infancia complicada?

– En absoluto. Fuimos bastante pobres, no teníamos mucho dinero, pero todos nuestros amigos también eran pobres, así que no nos importaba. Mi mamá era muy inteligente. Trabajaba en la fábrica de patatas chips, pero luego volvió a estudiar y obtuvo un doctorado en Psicología. Fue una gran familia. He hablado con algunas personas y o no están unidas con sus hermanos y hermanas, o no les gustan sus padres… A mí me encantan mis hermanos y hermanas. Y estaba muy unido a mis padres, siempre hacíamos cosas juntos. Íbamos a recoger setas, a coger mejillones a la playa… Siempre estábamos haciendo cosas para conseguir comida porque tratábamos de ahorrar dinero.

– Después, usted se empleó en varios trabajos, incluso fue boxeador, hasta que se convirtió en un músico de éxito. ¿Cómo aprendió a tocar y a cantar?

– Mi hermano mayor me enseñó a tocar la guitarra. Lo primero que él hizo fue aprender a tocar una armónica. Y después de que él aprendió, lo hice yo también. Luego él continuó aprendiendo a tocar la guitarra por sí mismo, y luego seguí sus pasos. Y nunca he sido un gran guitarrista, pero me gusta la forma en la que toco. Es muy simple y muy funky.

El fenómeno de una canción

Suele contar Isaak cómo, cuando escribió ‘Wicked Game’, pensó que lo útimo que necesitaba la banda «era otra balada. Siempre me decían: ‘Eres buen baladista, pero escribe más rock and roll’. La grabamos y salió como si tuviera vida propia. No sonó en la radio ni fue un éxito. Nadie nos conocía bien todavía». Recuerda cómo poco tiempo después, se encontraba en Europa justo después de grabar el vídeo. «Supe que sería un éxito cuando caminé por el pasillo del hotel y oía en todas las habitaciones ‘The world was on fire…’ (‘El mundo estaba en llamas’, la frase inicial de la canción). ‘Wicked Game’ se usa mucho. Parece que muchos cineastas lo han encontrado evocador». Y no solo ha sido ese tema, muchas canciones suyas se han utilizado en filmes o series, es el caso de ‘Blue Hotel’ en la serie ‘Detective Privado’ (1987), ‘Baby Did a Bad Bad Thing’ en ‘Eyes Wide Shut’ (Stanley Kubrick, 1999); ‘Two Hearts’ en ‘Amor a quemarropa’ (Tony Scott, 1993)…

– La canción ‘Wicked Game’ y la película de David Lynch ‘Corazón Salvaje’, que la incluyó en su banda sonora, se retroalimentaron para crear dos grandes éxitos, musical y cinematográfico. ¿Qué hubiera sido del uno sin el otro?

– Te contaré una cosa. El primer vídeo que se hizo para ‘Wicked Game’ no fue el más famoso, pero fue hecho por David Lynch. Yo no tenía dinero para hacer un vídeo. Había acudido a la Warner para pedir dinero para ello, y ellos me decían que no, que había pasado demasiado tiempo desde la grabación de la canción, y que no podían dármelo. Se lo conté a Lynch y él me dijo «Yo pondré el dinero y haré el vídeo». Y ya siempre lo he amado por eso. Cuando él quería algo de mí, él lo tenía. Te daré un ejemplo. En un momento más tardío de su carrera, quería hacer la inauguración de una película suya cerca de San Francisco, donde yo vivía. Le llame y le dije: «David, en tu ceremonia, ¿vas a tener música?». Y me contestó que no porque no le alcanzaba el presupuesto. Y yo le dije: «Voy a bajar y voy a tocar». Y fui con mi bajista y mi baterista, y me dijo: «Esto no suele ocurrir», ja, ja.

– Después un éxito tan arrollador como el de ‘Wicked Game’, cantado por usted tantas miles de veces, ¿cómo logra que siga siendo emocionante al interpretarla en directo?

– Todo lo que tengo que hacer es mirar al público. Es emocionante para mí ver a la gente. Cuando estás tocando en vivo, ese es la excitación. Ves sus caras y sabes que están pensando: «¡Oh, esta es! Esta es la canción que me gusta». Normalmente, cuando empiezo la canción, incluso les escucho decirlo. Tengo tres o cuatro canciones en mi set que la gente reconoce de inmediato. Y me río porque fui a ver a Paul McCartney y él tiene 23 canciones de ese tipo. Cada canción que Paul McCartney toca, la gente dice «Ooooohhh».

– Su último álbum de estudio, ‘Everybody Knows It’s Christmas’, fue lanzado en 2022. ¿Está trabajando en nuevas canciones?

– Sí. Me encuentro ahora mismo en Nashville hablando contigo y tengo delante en la pared una de esas pizarras blancas con el título de una canción y la letra. Y tengo otras siete en las que estoy trabajando. Quiero sacar nuevo disco el año que viene y espero estar grabando en un par de meses.

– Como actor, ha interpretado pequeños papeles en varias películas y series, pero ¿qué papel principal le hubiera gustado hacer? Habiendo sido boxeador, ¿tal vez ‘Rocky’?

– Me gustó ‘Rocky’. Creo que era un filme muy ‘cool’. No se suele recordar, pero en el momento en que ‘Rocky’ se estrenó, fue muy diferente de todo lo que había estado haciendo. También me gusta mucho el cine negro. Y me gusta ver las películas clásicas en blanco y negro. O si es una cinta sobre gángters… Me gustan las películas que son en parte extrañas o peculiares. Cuando viví en Japón, boxeé allí como peso semipesado (o mediopesado, entre 76 y 79 kilos), y antes de entrenar, por la mañana, iba a ver dos películas seguidas por unos 5 dólares. Eran cintas japonesas antiguas… Soy un fanático de las películas antiguas.

Cuando Isaak conoció a Trump

Un asesor de Donald Trump, Rick Gates, tituló su libro de memorias como la canción más famosa de Isaak, y es buena excusa para preguntarle por la actualidad política de su país, en un momento en el que muchos de sus colegas cantantes, Neil Young, Bruce Springsteen, Billie Eilish… y también artistas de otras disciplinas levantan su voz espoleados por los últimos sucesos en Mineápolis, con dos muertos a balazos del personal del ICE. Además, coincide que el otro cabeza de cartel del festival, el guitarrista Tom Morello, es infatigable activista de múltiples causas, y un anti Trumpista declarado.

– ¿Conoce usted a Trump?

– He conocido a Donald Trump porque tocamos en casinos. ¿Sabes? La mayoría de los músicos de gira tienen uno o dos shows en casinos. Y Trump tuvo casinos y hoteles. Así que en una ocasión llegó acompañado de un montón de ricos y les dijo «Venid, quiero presentaros a Chris Isaak». Yo nunca lo hubiera imaginado. Me dijo «¿Cómo estáis? ¿Estáis disfrutando del hotel?». Y yo le contesté: «Nos encanta, es muy agradable, gracias por hospedarnos». Y eso es todo.

– Muchos cantantes estadounidenses están posicionándose a favor o en contra de su presidente. ¿Dónde se sitúa usted?

– Soy un ‘entertainer’, no un político. Y así lo hago constar en mis shows. Yo canto sobre algo que es mucho más grande que la política, y es el amor. Y no quiero que nadie de la audiencia se sienta incómodo. Ellos no necesitan mi consejo sobre qué pensar. Me río cuando veo actores o cantantes dando consejos políticos. Y lo hace la mayoría de los artistas que conozco, así que… No quiero dar consejos a la gente. Solo pienso en seguir haciendo lo que hago bien; cantaré.

– ¿Pero cómo ve su país ahora mismo?

– Yo no lo veo así. ¿Quieres saber a qué me refiero? Yo no ‘veo’ mi país ahora mismo. Si me preguntas lo que pienso, sobre, por ejemplo, el clima en Nashville, pues estamos pasando ahora por una gran tormenta de hielo y nieve. La gente se ha quedado sin electricidad. Y una amiga mía que es cantante no tenía ningún lugar para quedarse, así que le dije «Puedes quedarte en mi casa, yo estaré en otra. Y así vamos, día a día. Pero preguntarme cómo veo mi país es como preguntarme cómo veo el mundo. Es una vista demasiado grande.

– ¿Qué músicos le han impresionado?

– Oh, te diré con lo que estoy últimamente… Billy Fury cantando ‘That’s Love’. Y suelo escuchar a los Rolling Stones más tempranos, por ejemplo el tema ‘Off The Hook’ (1964)… Me encanta escucharles antes de que todos ellos tuvieran ordenadores, ponías los discos, y aunque la gente estuviera fuera de tono, seguía sonando todo bien.

– Kim Gordon (Sonic Youth) dijo de Lana Del Rey que era la Chris Isaak femenina. ¿Qué opina?

– Bueno, he tocado con Lana y pienso que es un bonito cumplido para mí ser mencionado de esa manera. Creo que ella es diferente, tiene su propia creatividad, así que sí, lo tomaré como un cumplido hacia mí.

– Esto es todo, Chris. Gracias.

– Quería decir que estoy muy emocionado de llevar a mi baterista (Chris Powell) a Europa, porque no ha estado nunca allí y le va a hacer mucha ilusión ese viaje, como un niño pequeño con un nuevo balón.