El Gran Teatre del Liceu presenta Manon Lescaut, la primera gran tragedia de amor de Puccini, en una producción contemporánea firmada por Àlex Ollé y con el maestro Josep Pons a la batuta, del 17 de marzo al 1 de abril.

Manon Lescaut, ópera en cuatro actos estrenada en 1893 en el Teatro Regio de Turín, está basada en la obra L’histoire du chevalier des Grieux et Manon Lescaut (1731), del abad Prévost, que también inspiró la ópera Manon, de Jules Massenet.

Con el estreno de Manon Lescaut, Puccini emergió como uno de los grandes compositores de ópera del mundo, el heredero natural de Giuseppe Verdi. Fue aquí donde desplegó por primera vez toda su fuerza y los rasgos más reconocibles de su estilo: melodías inmortales, una gran potencia orquestal, un poderoso sentido dramático y personajes creíbles, con un énfasis especial en la dimensión heroica y trágica de sus protagonistas femeninas.

Escena de Manon Lescaut (©Barbara Aumüller)

Una producción que redefine a Manon en el siglo XXI

La puesta en escena de Àlex Ollé, creada originalmente para la Ópera de Frankfurt, sitúa Manon Lescaut en un contexto contemporáneo y conmovedor. Al inicio, unas proyecciones muestran a Manon y a su hermano Lescaut cruzando una valla fronteriza y entrando como inmigrantes sin papeles. El acoso que ella sufre desencadena una espiral de abuso y explotación que atraviesa toda la historia.

Con el vestuario urbano de Lluc Castells y la escenografía de Alfons Flores, Ollé traslada a estos personajes, inflamados de amor y debatidos entre la virtud y el deseo, a espacios reconocibles de nuestro tiempo: una estación de autobuses, un club nocturno donde Manon se convierte en la estrella, o unas celdas claustrofóbicas como paso previo a la deportación. La presencia constante de unas letras gigantes con la palabra LOVE actúa como recordatorio visual de la pasión amorosa, imprevisible y devastadora, que articula la ópera.

La soprano Asmik Grigorian, una de las voces más destacadas de la actualidad, asume el papel protagonista con una interpretación de gran intensidad vocal y dramática. A su lado, el tenor estadounidense Joshua Guerrero da vida a Des Grieux. La Manon que dibuja Ollé es inocente y vulnerable, pero también capaz de una pasión firme y de una voluntad indomable.

En esta lectura, Manon podría venir de cualquier lugar del mundo: huye de la miseria, de la guerra o de la degradación social, o bien ha sido seducida por el espejismo de una Europa idealizada. A partir de este punto de partida, la dramaturgia propone una relectura contemporánea del mito. Manon muere de agotamiento, tristeza y desesperanza. Su amor más verdadero es el amor feroz de quien no quiere renunciar a un futuro mejor; su desierto, la soledad infinita ante la valla que la separa definitivamente del futuro.

Los cuatro actos transcurren en espacios sórdidos y opresivos. El primero nos sitúa en una estación de autobuses donde se insinúa que Manon puede ser víctima de una red de tráfico de mujeres, con un Geronte dispuesto a pagar por ella. El segundo convierte la casa de Geronte en un entorno de degradación y abuso. El tercero presenta una prisión asfixiante, cercana a un centro de deshumanización. Finalmente, el cuarto acto, ambientado en el desierto de Louisiana, es el más austero: el escenario queda casi vacío, con la única presencia de la estructura que, a lo largo de toda la obra, ha formado las cuatro letras de LOVE.

Asmik Grigorian y Àlex Ollé durante la rueda de prensa (©GTL)

Un reparto a la altura de la intensidad dramática

La protagonista de esta producción es la soprano lituana Asmik Grigorian, una de las grandes voces del panorama operístico actual, que regresa al Gran Teatre del Liceu tras su reciente éxito con Rusalka. Grigorian afronta el papel de Manon con la valentía y la intensidad física que la caracterizan. Si en aquel título sorprendió con una gran exigencia corporal, en esta producción asume nuevamente un reto escénico de gran dificultad, reforzando la dimensión dramática del personaje.

La Manon de Giacomo Puccini es de gran complejidad: combina momentos líricos de alto voltaje emocional (como el aria final Sola, perduta, abbandonata) con la evolución psicológica de una joven que transita de la inocencia a la conciencia trágica de su destino. El papel exige fortaleza física, belleza tímbrica y una gran capacidad expresiva, cualidades que confluyen en la interpretación de Grigorian.

A su lado, el tenor estadounidense Joshua Guerrero da vida a Renato des Grieux, con arias tan emblemáticas como Donna non vidi mai y apasionados duetos con Manon, como Vedete? io son fedele. Completan el reparto el barítono bielorruso Iiuri Samoilov en el papel de Lescaut y el bajo italiano Donato di Stefano como Geronte di Ravoir, un rol habitualmente reservado a voces experimentadas.

Los papeles secundarios (Edmondo, el Maestro de danza y el Músico) son interpretados respectivamente por el tenor croata Filip Filipović, el tenor valenciano Álvaro Diana y la soprano argentina Mercedes Gancedo.

La partitura, suntuosa y rica en colores, se caracteriza por su vitalidad juvenil y por estar llena de melodías gloriosas: desde el dúo apasionado de Des Grieux y Manon, Vedete? io son fedele, hasta la desolación abrumadora del aria final de Manon, Sola, perduta, abbandonata, pasando por Donna non vidi mai del acto I o In quelle trine morbide del acto II.

El argumento

La historia comienza con el encuentro entre el caballero Renato des Grieux, un joven apasionado de buena familia, y Manon, una inmigrante ilegal que acaba de llegar a un nuevo país y debe buscarse una nueva vida. La acompañan su hermano Lescaut y el anciano Geronte, dispuesto a seducirla con dinero y promesas de lujo. Pero Des Grieux se adelanta: se enamora de Manon a primera vista y le propone huir juntos. Ella acepta y se adentran en una aventura guiada por el amor.

Sin embargo, Manon se siente atraída por el confort y la estabilidad que Geronte puede ofrecerle. Incapaz de resistir la tentación del lujo, abandona a Des Grieux y se convierte en la amante del rico protector. El recuerdo del primer amor, sin embargo, la atormenta. Cuando los dos jóvenes se reencuentran, Des Grieux la perdona y deciden escapar juntos, llevándose joyas y dinero. La fuga fracasa: la policía detiene a Manon.

En el tercer acto, ella es encarcelada y condenada al exilio en Louisiana, colonia francesa en Norteamérica donde se enviaban delincuentes y prostitutas. Des Grieux, desesperado, soborna al capitán del barco que cruza el Atlántico para poder acompañarla. El viaje, sin embargo, no los conduce a la libertad sino a la tragedia.

En el último acto, la pareja atraviesa un desierto inhóspito con la esperanza de llegar a territorio inglés. Exhausta, sin agua ni fuerzas, Manon se derrumba. Muere en los brazos de Des Grieux, confesándole su amor. Él, finalmente fiel y constante, no puede evitar el desenlace fatal. Todos los esfuerzos han sido en vano.

Asmik Grigorian, Àlex Ollé y Víctor García de Gomar durante la rueda de prensa (©GTL)

Àlex Ollé, artista residente del Gran Teatre del Liceu

El director de escena Àlex Ollé, artista residente del Liceu y responsable de la dirección escénica de Manon Lescaut, ha sido recientemente distinguido con el premio a la mejor dirección escénica en los Premios Ópera XXI por su trabajo en Lady Macbeth de Mtsensk, la ópera con la que el Liceu inauguró la temporada 2024/25. En estos mismos premios, el escenógrafo Alfons Flores, también responsable de la escenografía de Manon Lescaut, fue reconocido con el galardón a la mejor escenografía por el mismo título. Además, Ollé ha sido condecorado con la Medalla de Oro del Liceu en reconocimiento a su trayectoria artística y vinculación con la institución.

Es uno de los directores artísticos de La Fura dels Baus desde sus inicios hasta 2023. Su trayectoria en dirección escénica abarca diversos géneros: teatro, ópera, cine y propuestas de gran formato. Entre sus primeros trabajos destacan la trilogía Accions (1984), Suz/O/Suz (1985) y Tier Mon (1988), espectáculos que consolidaron a La Fura dels Baus como compañía de culto a nivel internacional y que forjaron un lenguaje propio. Su intervención en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 marcó un antes y un después, tanto por la innovación que supuso en eventos de ese formato como para la historia de la compañía.

En el mundo de la ópera, Àlex Ollé ha dirigido más de treinta y cinco títulos, ocho de ellos junto a Carlus Padrissa. Ha trabajado en más de cuarenta teatros en todo el mundo, entre los que destacan la Royal Opera House de Londres, la Opéra National de Paris, La Scala de Milán, el New National Theatre de Tokio, la Ópera de Sídney, el Teatro Real de Madrid, el Festival de Salzburgo, la Arena de Verona y, por supuesto, el Gran Teatre del Liceu.

Toda esta trayectoria le llevó, hace cinco temporadas, a ser nombrado artista residente del Gran Teatre del Liceu. Su encargo más reciente para el teatro fue Lady Macbeth of Mtsensk, de Shostakovich, con el que se inauguró la temporada 24/25.

Ollé también lidera el proyecto Òh!pera “microóperas de nueva creación”, que promueve las oportunidades para jóvenes creadores de todos los ámbitos artísticos involucrados en la creación de una ópera, contribuyendo a renovar su lenguaje y a definir lo que debe ser la ópera del siglo XXI, con la mentoría de Ollé desde hace cinco temporadas.

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