La importancia de la solidaridad, la salud pública como prioridad o el saber que un pequeño gesto salva vidas son solo tres de las muchas … lecciones que dejó la pandemia y que en Medina de Rioseco se materializó en la escultura homenaje a las personas mayores del escultor Ángel Martín, que, con el nombre de Esperanza y promovida por el Ayuntamiento riosecano, representa dos manos agarradas en posición vertical, la de más arriba, la de un abuelo, con sus arrugas, y la de más abajo, la de su nieta, más pequeña y con sus rasgos diferenciadores. Los dos inician un tranquilo y relajado paseo por el parque Duque de Osuna, a cuyo inicio se descubrió en septiembre de 2021 la escultura, a pocos metros de la residencia de ancianos, en la que el coronavirus se cobró un buen número de vidas.

Más de cuatro años después, la lluvia, las heladas, el sol y otras inclemencias meteorológicas han dañado seriamente a la escultura, lo que ha provocado que haya regresado al taller de Ángel Martín para su restauración. Tras dejar que la madera se seque de forma natural, se ha procedido a extraer el corazón de la acacia seca utilizada para la talla de la escultura y que estaba podrido al llegar hasta él el agua por las dilataciones. El hueco dejado por el corazón ha sido rellenado con madera de acacia. Un proceso en el que también se ha llevado a cabo la limpieza de los barnices con los que fue protegida la talla con el fin de llegar a la veta original de la madera. A continuación, se han lengüeteado las grietas producidas por las dilataciones, para lo que también se ha utilizado madera de acacia. Todas estas zonas injertadas han sido retalladas a golpe de gubia. La última fase consistirá en proteger la escultura con productos hidrófugos para que el agua la afecte lo menos posible.

El escultor riosecano destacó la necesidad de los trabajos de restauración, «ya que la escultura se estaba perdiendo». Unos trabajos que, una vez que finalicen, devolverán al parque Duque de Osuna a los dos bellas manos talladas, al pretil de piedra de un pozo, con todo lo que lo que tiene de simbolismo, ya que de donde antes salía agua, con toda su importancia para la vida,ahora brota un mensaje de esperanza, fundamental para la existencia humana.

Martín recordó que, en su momento, decidió titular la obra con el nombre de Esperanza, por «ese esperar confiado que deposita el abuelo llegando al ocaso de su vida, queriendo transmitir ese sentimiento a su nieta para que tenga una vida plena y tranquila»,por lo que dedicó la escultura «a nuestros mayores, que tanto sufrieron en esos momentos de la pandemia, y a los que siempre les pedimos que tuvieran esperanza».

Ángel Martín es un veterano escultor que ha seguido los pasos de los grandes imagineros que tuvo su localidad natal entre los siglos XVI y XVIII, con nombres como Pedro de Bolduque, Mateo Enríquez y Tomás de Sierra, con sus hijos Francisco y Pedro de Sierra. En su trayectoria, junto a réplicas de la Virgen de Riego, patrona de Villavellid, en un trabajo que llegó por petición de la cofradía titular al ser robada en 2007, la Virgen de Carajas, patrona de Paredes de Nava o, más recientemente, la helenística de El niño de la espina, destacan la escultura en bronce homenaje al cofrade que preside el atrio del riosecano Museo de Semana Santa, las esculturas en madera del paso del Cristo de la Paz y la Misericordia de la Cofradías de Jesús Divino Obrero de León, un Cristo que preside la residencia de ancianos de Santo Toribio de Mayorga, las esculturas de homenaje al peregrino y a la vida rural, en Valverde de Campos, y la que está restaurando, sin olvidar la restauración de un buen número de obras y la realización distintos tronos y tableros que ha realizado para cofradías de las Semanas Santas de Valladolid, Medina de Rioseco y Segovia, siempre con la ayuda en las policromías de su esposa, María Ángeles González.