Nacho Cano ha ratificado esta mañana en el Juzgado de Instrucción número 22 de Madrid lo que lleva meses defendiendo: que fue víctima de un chantaje por parte de Lesly Guadalupe Ochoa. Según han confirmado fuentes jurídicas, Cano ha detallado ante la magistrada cómo la exbecaria trató de imponer todo un «impuesto revolucionario» al equipo de producción.

Lo que comenzó como una negociación para rescindir su beca —con una oferta inicial de 3.000 euros por parte de la productora— derivó, según el testimonio del músico, en una extorsión en toda regla. Ochoa habría exigido el pago de 6.000 euros, una carta de recomendación profesional y el alojamiento en un hotel a cambio de guardar silencio y no interponer una denuncia que, meses después, se demostró carente de fundamento.

En abril de 2025, la Audiencia Provincial de Madrid archivó la causa al entender los magistrados que los imputados no trataron de introducir a los ciudadanos mexicanos que llegaron a España para representar el musical de forma clandestina ni existían indicios suficientes de delito. La justicia fue tajante: no hubo entrada clandestina de ciudadanos ni indicios de delito contra los derechos de los trabajadores. El proyecto Malinche, que recrea la historia de la figura histórica mexicana, siempre contó con un programa de formación reglado para jóvenes artistas.

El ‘núcleo duro’ de la extorsión

A pesar de la estrategia de la defensa de Ochoa, que intenta camuflar las exigencias económicas bajo el paraguas de una «negociación de salida», el entorno de Cano ha aportado pruebas documentales que apuntan en una dirección opuesta. El letrado de la denunciada, Alfredo Arrién, ha reconocido que la falta de entendimiento en las cifras —Ochoa pedía cerca de 5.350 euros más billetes de avión— es precisamente el «núcleo duro» que ha llevado al productor a sentarla en el juzgado.

La instrucción prosigue ahora con el análisis de los mensajes y comunicaciones mantenidos entre la bailarina y los responsables del musical. Un material que, según fuentes cercanas al caso, acreditaría que la denuncia inicial de la joven no fue más que una represalia al no ver satisfechas sus pretensiones económicas.

Nacho Cano, que siempre ha defendido la transparencia de su proyecto y ha denunciado una persecución orquestada contra su figura, confía en que la justicia cierre definitivamente este episodio que ha intentado empañar uno de los espectáculos más exitosos de la Gran Vía madrileña.