Donald Trump no se ha olvidado de la amenaza que hizo hace una semana. Las operaciones contra Irán puede que le mantengan muy ocupado, pero … antes de abordar el Marine One en el jardín de la Casa Blanca ha reiterado que no ha cambiado de opinión al respecto de lo que dijo en el Despacho Oval con el canciller alemán, Friedrich Merz, presente: «Creo que cortaremos todo el comercio con España», ha afirmado en respuesta a las preguntas de los periodistas. «España no está cooperando de ninguna manera. Está siendo muy mala», ha reiterado, en referencia a la negativa del Ejecutivo de Pedro Sánchez a que el ejército que comanda utilice las bases de Rota y de Morón para atacar el país persa.

Sus palabras desdicen a la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Un día después del enfado inicial de Trump, ella afirmó que Madrid estaba ya colaborando e incluso coordinándose con los militares de las barras y estrellas. Lo cierto es que, de momento, la única aportación que España está haciendo al creciente despliegue europeo en respuesta a los ataques de Washington y Tel Aviv contra el régimen de los ayatolás es el envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre. Y la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha dejado claro que solo participará en acciones defensivas.

A vueltas con el presupuesto de Defensa

Visiblemente molesto con esa actitud, el presidente estadounidense ha incidido en otro de los asuntos que le enfrenta con La Moncloa: «No sé qué están haciendo. España está siendo muy mala con la OTAN: la Alianza la protege pero no quiere pagar lo que es justo. Y lo llevan haciendo muchos años ya», ha sentenciado, recuperando el rifirrafe sobre dónde se debe colocar el listón del presupuesto de Defensa: él lo eleva al 5% del PIB, un porcentaje del que incluso Estados Unidos está lejos, mientras que Sánchez lo establece en un 2% que considera compatible con un estado social fuerte.

Eso sí, no todo ha sido negativo: «Deja que te dé una buena noticia: los españoles son fantásticos», ha afirmado Trump con media sonrisa. Pero no se ha podido contener antes de ponerse a caminar de nuevo: «Sus líderes, no tanto», ha apostillado. De momento, el gobierno español no se ha pronunciado al respecto de su renovada amenaza, pero los principales líderes de la coalición de izquierdas ya han dejado claro que los ataques en Oriente Medio están fuera de la legalidad internacional y que no participarán en ellos. «La política de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra», aseveró Sánchez.

No piensan lo mismo desde el principal partido de la oposición. No en vano, el expresidente José María Aznar, que involucró a nuestro país en la invasión de Irak bajo la falsa premisa de que el régimen de Saddam Hussein desarrollaba armas de destrucción masiva, ha afirmado hoy durante una conferencia que «está más que justificado que se intente cambiar a un régimen que altera completamente las reglas internacionales», y ha añadido que ese fin justifica los medios que está utilizando Trump. Es más, en su opinión, «España debería estar al lado de sus aliados y no al lado de nuestros enemigos o de nuestros adversarios», señalando que Madrid se «pone del lado de Hamás en la guerra de Gaza y de Teherán en los ataques de Irán».