Casi nueve años después, la familia de Francisca Cadenas puede pasar el duelo del que se les ha privado todo este tiempo, desde que la vecina de Hornachos (Badajoz) desapareció en la puerta de su casa en mayo de 2017. El Ministerio del Interior, … a primera hora de este jueves, confirmaba que los restos óseos hallados en la vivienda de los hermanos González, los dos detenidos por la desaparición, se correspondían con la mujer a la que, aquella noche, se le perdió la pista en una distancia inferior a 50 metros cuando acompañó a unos amigos hasta el coche que tenían aparcado en la calle paralela a la de su vivienda.
Pasadas las 09.00h, los detenidos eran trasladados en furgones de la Benemérita desde el acuartelamiento de Zafra hasta su vivienda, donde se encontraron los restos. Ya entonces, se vivieron momentos de enorme tensión en la calle Nueva, donde apenas unos metros separan la vivienda de Francisca con la de los hermanos. Familiares y vecinos recibieron con insultos a los dos individuos e incluso, según captaron medios locales, se produjo un cruce de miradas entre el hijo menor de Cadenas, José Antonio, y el mayor de los hermanos. «Mírame a los ojos», decía el hijo. A lo que el detenido solo supo responder con un escueto «yo no sé nada».
Tras un breve paso por la vivienda, la Guardia Civil, junto a los detenidos, se desplazó hasta otra de las propiedades de la familia González. Una especie de corralón alejado del centro de Hornachos. Allí se produjo un nuevo registro de varias horas. Los agentes iban acompañados de perros de agua. Durante la inspección, estuvieron presentes, además de los detenidos, otros dos hermanos más, que también son propietarios. Según fuentes cercanas a la investigación, se hallaron restos óseos de animales. A la salida del registro, el abogado de los detenidos, el mediático José Duarte, atendió a los medios, evitando hacer referencia a la identificación de los restos óseos, pese a existir, horas antes, una confirmación oficial por parte del Ministerio del Interior. De hecho, el letrado insistió en la inocencia de sus clientes: «Creo no un 100%, sino un 200% en que son inocentes», decía. Ya por la tarde, llegó a decir que creía «en un 300% mientras no haya una sentencia condenatoria».
Los hermanos González regresaron, sobre las 12.30h, a su vivienda habitual, donde los registros continuaron también por la tarde. Nuevamente, al llegar a la calle Nueva, fueron recibidos con insultos y frases lapidarias: «Nos habéis tenido en vilo nueve años, no os tapéis la cara, no os pongáis ahora la capucha», gritaba una vecina. Se espera que entre este viernes y el sábado, los detenidos pasen definitivamente a disposición judicial.
Una situación «escabrosa»
Pasadas las horas, paulatinamente, se han ido conociendo más detalles sobre cómo se produjo el hallazgo de los restos óseos que han permitido la identificación de Francisca Cadenas. Según fuentes cercanas a la investigación, estaban enterrados en una zona de paso, una especie de «patio» sobre el que se habían realizado obras con el objetivo de enlosar la superficie. Bajo una arqueta, cubierta de macetas de todo tipo y hasta una lavadora, punto al que llegaron sobre las 18.00h del martes, presenciando una situación «escabrosa e inquietante».
Los detalles del hallazgo han vuelto a elevar la crispación entre los más allegados a Francisca
Los detalles del hallazgo han vuelto a elevar la crispación entre los más allegados a Francisca, que viven, en las últimas horas, una mezcla de emociones, entre la rabia, la incomprensión o, en el mejor de los casos, el alivio por haber cerrado una lucha de casi nueve años. Sobre todo, porque los familiares, especialmente su hijo pequeño, José Antonio, siempre tuvo claro que su madre estaba allí, en esa casa. Siempre creyó que las respuestas que buscaban estaban en la vivienda de los hermanos González, ambos jornaleros de profesión. Uno de ellos, el mayor, tenía coartada. Estaba en el Hospital de Mérida con el tío de ambos. El pequeño, sin embargo, se encontraba en casa aquella noche, cuidando de su padre. Ambos, padre y tío, han fallecido años después.
Si se recurre a la hemeroteca, pueden encontrarse incontables declaraciones de los familiares de Francisca en las que sostenían que no había desaparecido por voluntad propia. Estaban convencidos de que el culpable o los culpables estaban cerca y que las primeras investigaciones estuvieron plagadas de errores. En las primeras horas de la desaparición, de hecho, se realizó una inspección ocular de la vivienda en la que han aparecido los restos. Ahí, ante la falta de indicios, sus seres queridos emprendieron una lucha clara y decidida: querían que la UCO entrase de lleno en el caso. Ya en 2018, llegaron a trasladar esta petición a la entonces delegada del Gobierno en Extremadura, Cristina Herrera. No fue, sin embargo, hasta 2024 cuando la Unidad Central Operativa tomó las riendas.
Sobre el terreno, la incredulidad reina entre los vecinos. «Yo hubiese puesto la mano en el fuego por esos muchachos», decía alguno tras conocerse la noticia. El propio alcalde de Hornachos, Francisco Buenavista, reconocía ante los medios de comunicación que no se conoce historial delictivo ni conflictivo de los hermanos González. El primer edil aprovechaba, además, por hacer un llamamiento a la convivencia entre vecinos tras conocerse una noticia que, desde luego, ha generado un estado de profunda conmoción en un municipio de poco más de 3.000 habitantes. El Ayuntamiento ha decretado tres días de luto oficial y numerosas autoridades, entre ellas, la presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, han trasladado sus condolencias a la familia.
Tras horas de mucha tensión, de conocer unos hechos de tal magnitud, una persona allegada a Francisca atendía a ABC. Contaba algo tan terrenal, tan humano, que define bien lo que ha significado para la familia esta espera eterna de casi nueve años. En el momento de la desaparición, la madre de Francisca aún vivía. Se encontraba sana mentalmente. Había perdido ya dos hijos. Un dolor inmenso que se vio incrementado cuando se le perdió la pista a su hija. Falleció un año después, en 2018. Murió con la pena de no saber dónde estaba su «niña Francis».
