Jueves, 12 de marzo 2026
| Actualizado 13/03/2026 09:39h.
El baloncesto, sobre todo femenino, tiene una gran tradición en Hondarribia. En 2014 desapareció el club Txingudi, cuyo primer equipo estuvo en la élite estatal y llegó a jugar en Europa, pero hubo relevo con la creación de Hondarribia Ikasbasket, sobre todo para albergar a los equipos de cantera que entonces estaban en marcha. A día de hoy el club cuenta con quince equipos, en todas las categorías masculinas y femeninas, y también un equipo de veteranas, el Bravologistic Hondarribia, que el domingo a las 17.45 en Hondartza Kiroldegia jugará el partido de la liga guipuzcoana que le puede llevar a la final four.
«Estamos como si fuésemos a a jugar la final de la Copa de la Reina», admite Candy Navarro, presidenta del club y una de las jugadoras. «De normal nos lo tomamos en serio, tanto entrenamientos como partidos, pero estos últimos días se nota que vamos a jugar uno importante». Previo al choque se llevará a cabo la presentación de la cantera.
La alicantina, afincada en Hondarribia desde su paso por el mencionado equipo de élite, recuerda que «el Erroibide de Irun tenía un segundo equipo de chicas y se empezaron a juntar algunas veteranas, pero no tuvo continuidad. En ese momento vinieron a nuestro club preguntando si podrían seguir aquí y les dijimos que sí».
De seis jugadoras a dieciséis
Era una media docena de jugadoras y «se pusieron a buscar más, preguntando a amigas que también habían jugado a baloncesto años atrás. Empezaron a llamarse unas a otras, se fue apuntando gente y salió el equipo».
Para la segunda temporada, la actual, se fueron incorporando más jugadoras, incluida la propia Navarro. «Yo había estado tres años viviendo en La Rioja y jugaba pero en equipos sénior, con chavalas de 18-20 años. Al volver a Hondarribia lo tuve claro y me junté al equipo. Ahora somos dieciséis».
Un equipo en el que también están las hondarribitarras Leire Kanpandegi, Izaro Alza y Sara de la Vega-Hazas, las irundarras Begoña Jiménez, Inés Amado, Ainhoa Babiano, Laura García, Irene Sanzberro, Rebeca Iglesias, Eva Cenizo, Cristina Sáenz y Nidia Salvador, la donostiarra Irene Juguera y la hendaiarra Diana Montilla, así como Pili Domingo, zaragozana que lleva más de media vida en Irun y que coincidió con Navarro en la élite. Más de la mitad de las jugadoras están por encima de los 50 años y la mayor de todas tiene 57 y la más joven, 36.
Navarro admite que «se nota la diferencia de edad. Muchas tenemos 50 o más y el físico ya no es el mismo, pero la ilusión creo que es mayor». De hecho, «es cuando mejor me lo estoy pasando sin presión y muchas dicen ‘es que me dais la vida’, porque venir a entrenar es echarnos unas risas».
Eso sí, «trabajamos un montón, entrenamos a un nivel muy bueno. Tanto en equipo como cada una por su cuenta, para estar al mejor nivel físico posible. Hay arrancadas, contacto, no queremos lesionarnos. Y me ha encantado ver que hay gente en estas edades que juega tan bien». No niega que «jugamos a una intensidad menor que antes. Y yo misma en los entrenamientos no voy al cien por cien como solía, porque como empiece a sacar los codos…».
Basket, familia y trabajo
Otra de las diferencias es que «cuando tienes 20-25 años vas a entrenar y no tienes otras preocupaciones. Ahora tenemos nuestros trabajos, nuestras familias, los hijos…». Y es que todas las integrantes salvo dos de Bravologistic Hondarribia tienen descendencia, lo que da pie a que tengan espectadores de lujo en cada partido.
Desde bebés hasta niños y niñas y adolescentes forman parte de los aficionados de este equipo. «Hay hijos que ya son juveniles. Los de Begoña, Leire, Ainhoa… Vienen y nos graban. Están en una edad muy bonita para ver a sus madres. Otros son más pequeños». Y cuenta que «a mis hijos siempre les digo cómo tienen que entrenar, que no tienen que faltar, cómo se tienen que alimentar… Y ahora les digo que me encanta jugar y practico con el ejemplo».
Entre hijos, trabajos y baloncesto, hay que hacer malabares. «Nos organizamos como podemos. Los hijos con los padres o los abuelos, alguna llega del trabajo con el tiempo justo, yo misma alguna vez pido horas para poder entrenar… Y luego es un partido al mes».
Para el domingo esperan una gran entrada en Hondartza. «Ya ha habido algún partido en el que la grada estaba llena, como en los viejos tiempos. Hubo mucho boca a boca. Y en éste, con lo que nos jugamos, seguro que también habrá mucha afición».
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