Esta foto tomada este viernes en el puente de la Zurriola es un claro de ejemplo de los tiempos en los que vivimos. El deseo … de registrar cada paso que damos, para alardear muchas veces en redes sociales, provoca que imágenes como esta sean cada día más frecuentes. El tipo que se saca el selfie estará feliz con su foto y seguro que tenía todo controlado, pero ¿cuántos accidentes no se habrán producido en situaciones similares?
El fenómeno, lejos de ser una anécdota aislada, es una imagen que se repite cada vez más en los puntos turístcos de la ciudad. La necesidad de obtener el mejor ángulo para compartirlo en redes sociales parece nublar, en ocasiones, el sentido del peligro. Lo que para el protagonista, en este caso, es una simple foto de recuerdo, para los servicios de emergencia es una conducta de riesgo que podría terminar en una caída fatal.
Más allá del susto individual, este tipo de acciones generan una preocupacion real entre la gente que está paseando y las autoridades locales. El mobiliario urbano está diseñado para la seguridad de todos, no como ‘photocall’ para que los turistas se suban a sacarse fotos. Al final, cabe preguntarse si la satisfacción de publicar una imagen llamativa compensa el riesgo que se asume en estas estructuras, que no siempre están preparadas para soportar el peso de alguien que decide saltarse las normas.