Un estudio recién publicado en Nature Communications ha revelado que, cientos de enzimas metabólicas que normalmente se encargan de producir energía en la periferia de las células, trabajan con total libertad por encima de nuestro ADN. Sería algo así como un «mini metabolismo» funcionando en el núcleo. Esto podría ser la clave para entender por qué algunos tumores son tan difíciles de vencer.
Los investigadores han comprobado que cada tipo de célula y, más importante aún, cada tipo de cáncer, tiene su propia «huella metabólica». Es decir, las células cancerosas organizan estas enzimas de forma estratégica, casi como si tuvieran un plan de supervivencia. Esto sugiere que el metabolismo y nuestro código genético no son dos mundos separados. Las células tumorales parecen saber cómo aprovechar esta comunicación para resistir a los tratamientos de quimioterapia o radioterapia, protegiéndose mejor de lo que imaginábamos.
Un nuevo desafío, entender cómo consiguen entrar en los poros nucleares
Las células cancerosas son capaces de usar las células sanas para hacerse más fuertes
Otro hallazgo que deja pensando a los expertos es la capacidad de estas enzimas para moverse hacia las zonas del ADN donde hay daños, ofreciendo su apoyo en las reparaciones de emergencia. Por ejemplo, hay una proteína llamada IMPDH2 que actúa de manera diferente según esté en el citoplasma o en el núcleo: cuando entra al núcleo, se activa como un «guardián» para mantener la estabilidad del genoma.
La gran duda es cómo logran entrar ahí dentro, ya que muchas de estas enzimas son demasiado grandes para los poros nucleares. Para que lo entiendas, sería algo así como intentar meter un mueble enorme por una mirilla, y el hecho de que lo consigan parece indicar que hay algún mecanismo de transporte celular que todavía no conocemos y que, sin duda, merece la pena investigar a fondo.
Si logramos entender cómo este metabolismo oculto ayuda a las células cancerosas a repararse, podríamos encontrar nuevas debilidades que atacar. Todavía queda mucho trabajo por delante, porque hay que estudiar qué hace exactamente cada una de estas enzimas. Hasta ahora, hemos estado tratando el metabolismo y la genética como compartimentos estancos, y al parecer están de algún modo interconectados. Esto no solo explica por qué dos pacientes con mutaciones similares responden de forma tan diferente a un tratamiento, sino que abre una puerta totalmente nueva para diseñar terapias personalizadas en el futuro.