Desde la década de los 80, una de las imágenes más clásicas que se recuerdan de cualquier celebridad del ámbito de Hollywood es la de Jack Nicholson viendo los partidos del equipo de la NBA, Los Ángeles Lakers. Primero en el pabellón L.A. Forum, y a partir del año 1999 en el Staples Center, Nicholson ha sido un habitual de los partidos de baloncesto que jugaba como local el equipo púrpura y oro, siempre sentado en primera fila, con su sonrisa burlona y portando sus inconfundibles gafas de sol de cristales anaranjados que el actor ha convertido en parte de su imagen durante varias décadas. No obstante, el uso obsesivo de este accesorio ha llevado a muchos fans a preguntarse qué se esconde tras ello.

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Para entenderlo, primeros debemos remontarnos a sus comienzos en la industria cinematográfica, a finales de los años 50, cuando realizó su debut en un thriller de bajo presupuesto titulado ‘Grita, asesino’ (Jus Addiss, 1958) que le abrió las puertas de la industria. Durante la siguiente década, el actor hizo carrera bajo las órdenes de directores de culto bregados en el cine independiente de serie B, como Roger Corman o Monte Hellman, con los que trabajó en películas como ‘El cuervo (The Raven)’ (Roger Corman, 1966), o ‘El tiroteo’ (Monte Hellman, 1966). Ya a finales de los 60, el actor consiguió establecerse dentro del cine contracultural de la época, destacando en títulos como ‘Pasaporte a la locura’ (Richard Rush, 1968), o la legendaria ‘Easy Rider (Buscando mi destino)’ (Dennis Hopper, 1969), por la que recibió su primera nominación al Oscar en la categoría de Mejor actor de reparto.

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Esta serie de filmes hizo que su popularidad aumentara progresivamente en Hollywood y Nicholson fuera considerado para papeles de una envergadura mayor. Tras pasar por las manos de realizadores jóvenes pero contrastados como Mike Nichols o Hal Ashby, el actor ofreció una de las interpretaciones más recordadas de su carrera en ‘Chinatown’ (Roman Polanski 1974), pero sin embargo fue en la segunda mitad de los 70 donde el actor se instauró definitivamente como una gran estrella mediática de Hollywood gracias a sus participaciones en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ (Milos Forman, 1975), por la que ganó el Oscar en la categoría de Mejor actor principal, y ‘El resplandor’ (Stanley Kubrick, 1980).
A partir de entonces, el enorme nivel de fama y popularidad al que llegó Nicholson le convirtió en uno de los rostros más famosos del mundo, y su gusto por las fiestas y por las mujeres hizo que los paparazzis de la prensa amarillista le persiguieran allá donde fuera. Fue entonces cuando el actor comenzó a aparecer con sus icónicas gafas de sol en diferentes encuentros con la prensa y actos públicos. El propio Nicholson explicó años más tarde el motivo de su uso:

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“Son graduadas. Por eso las uso. Hace mucho tiempo, mi yo de clase media podría haber pensado que estaba un poco afectado. Pero la luz es muy fuerte en el sur de California. Y una vez que experimentas la negatividad en la vida pública, empiezas a aceptar la idea de las protecciones. Soy una persona acostumbrada a mirar a los ojos a los demás. Me avergüenza decirlo, pero no puedo mirar a los ojos a todos los que quieren mirarme a los míos, no puedo lidiar emocionalmente con ello. Las gafas de sol son parte de mi armadura”.

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