Domingo, 15 de marzo 2026, 00:04

Después de la histórica misión del programa Apolo y el último alunizaje en 1972, la humanidad no ha vuelto a pisar la superficie lunar durante más de seis décadas.

Sin embargo, en la actualidad la carrera espacial ha vuelto a acelerarse y los cohetes más grandes y potentes jamás construidos se ensamblan con un objetivo claro: regresar a la Luna y permanecer allí.

Para el ingeniero aeroespacial Sergio Hidalgo, el motivo de este regreso puede resumirse en dos factores esenciales: interés estratégico y capacidades tecnológicas renovadas.

Tras el programa Apolo, la exploración lunar perdió impulso político y presupuestario, y el foco se desplazó a la órbita terrestre, a programas como los transbordadores espaciales y la Estación Espacial Internacional. Sin un rival directo en la Guerra Fría, no hubo suficiente presión para mantener la exploración lunar como prioridad.

Hoy, ese interés se ha reactivado gracias a una combinación de actores públicos y privados. Las empresas aeroespaciales han transformado la forma de construir y lanzar cohetes, con proyectos como Starship de SpaceX que prometen reducir los costes y hacer viable la colonización espacial.

Al mismo tiempo, el programa Artemis de la NASA busca, no solo orbitar la Luna con humanos —como hará Artemis II—, sino establecer una presencia sostenida con Artemis III y misiones posteriores.

Este nuevo impulso lunar responde también a una visión estratégica más amplia: la Luna no es solo un destino en sí mismo, sino un trampolín para explorar Marte y otros objetivos del sistema solar.

Los planes actuales incluyen estaciones en órbita lunar, sistemas tecnológicos para vivir fuera de la Tierra y estudios científicos que solo pueden realizarse con presencia humana directa.

Si bien los retos técnicos y presupuestarios siguen siendo enormes — el programa Artemis ha enfrentado retrasos, problemas de cohetes y debates políticos sobre prioridades y costes — la exploración lunar vuelve con una peculiar mezcla de ambición científica y competencia comercial global. La pregunta ya no es si volveremos a la Luna, sino qué haremos cuando lleguemos para quedarnos allí.

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