El tirón de la Occident Bilbao-Bilbao, la gran fiesta del cicloturismo en Bizkaia, no conoce límites. Ni siquiera una gélida matinal –10 grados– y … la incesante lluvia caída la víspera y durante toda la noche ha echado por tierra las ganas de vivir «una jornada inolvidable». Un total de 6.279 amantes de la bicicleta han hecho suyo el lema de ‘A mal tiempo buena cara’ y transitan desde las 8.00 horas de este domingo por las carreteras vizcaínas sin mirar demasiado al cielo. con la vista puesta en el asfalto.
El objetivo es plantarse en la Gran Vía en torno al mediodía. Lo importante es participar, ya que no hay una clasificación final en la meta. Es cierto que las adversas previsiones meteorológicas han restado algo de participación –600 corredores menos que en 2025–, pero entraba dentro de lo esperado. «¿Habrá que subir el Vivero no?», se animaban media hora antes de la salida aquellos que se dirigían a la oficina de inscripción en el centro comercial. Otros aprovechaban los minutos previos para tomar algo caliente, realizar los últimos ajustes a la bicicleta o estirar para que tanto la montura como el motor estuvieran en perfecto estado.
Entre todos ellos se encontraba el exciclista Omar Fraile que ha sido, junto a la directora de tráfico del Gobierno vasco Estibaliz Olabarri, el director foral de Deportes Carlos Sergio Achotegui, y su homólogo en el Consistorio bilbaíno Carlos Muro; el encargado de realizar el protocolario corte de cinta en la salida. Nada más concluir la ceremonia el excorredor santurtziarra se subió a la bicicleta junto a un familiar y algún amigo para completar por primera vez la Bilbao-Bilbao, cita que una edición más cuenta con el patrocinio de EL CORREO.


«Es un día para disfrutar porque las carretas son preciosas», aseguró Fraile. «Ahora disfruto en grupeta con los amigos y parando a tomar un café». Centrado en el proyecto de cantera Bizkaia Cycling Academy se mostró ilusionado en el trabajo que están llevando a cabo con 85 chicos y chicas de entre 6 y 18 años que aspiran a llegar lejos.
Precisamente, además de corredores procedentes de toda Euskadi, también han desembarcaron este domingo en la capital vizcaína cicloturistas de tierras lejanas como Francia o Gran Bretaña, así como de otras más cercanas como Canarias, Andalucía, León, Cataluña o Burgos. Asimismo, cada vez es mayor la presencia de grupos pertenecientes a empresas, así como de mujeres que en esta 37 edición han alcanzado el 18% de las inscripciones.
Los participantes, como en los últimos años, disponen de tres recorridos a elegir, según la preparación y las ganas de superación de cada uno. El trazado más accesible consta de 85 kilómetros y es el que realizan, por ejemplo, los catalanes Antonio Huguet y su hijo Santi que acuden por cuarta vez a la cita desde que debutaron en 1998 y siempre con el mismo dorsal.
El recorrido tradicional consta de 115 kilómetros, mientras que el que incluye la ascensión a El Vivero suma diez más (125). El corto incluye los puertos de Andraka y Unbe como principal dificultad. Los que opten por este trazado, tras el avituallamiento en el Parque Tecnológico de Zamudio, se dirigirán hacia Galdakao para desembocar en última instancia en la Gran Vía de Bilbao, donde estará ubicada la meta. Los ciclistas que apuesten por la ruta clásica, por su parte, tras reponer fuerzas en Zamudio seguirán por Artebakarra y Morga antes de bajar a Larrabetzu y enlazar con la ruta anterior por Galdakao.
500 voluntarios, medio centenar de motocicletas, coches de asistencia mecánica, así como un amplio despliegue sanitario y de seguridad a lo largo del recorrido posibilitan una vez más que la carrera se desarrolle con absoluta normalidad, salvo las inevitables caídas puntuales. En la meta de la Gran Vía bilbaína todos los corredores recibieron su medalla conmemorativa. Todos son ganadores.