Cada vez queda menos para que tengamos que cambiar la hora del reloj, una variación que se produce dos veces al año y que se suele hacer de una manera automática ya con los nuevos dispositivos inteligentes, pero que no por eso provoca menos desajustes en los ritmos vitales. Más si tenemos en cuenta que el que nos llevará directamente hasta el horario de verano nos obliga a descansar una hora menos, lo que nos puede provocar un desequilibrio mayor.

Como manda la costumbre, será el último domingo de marzo, día 29, cuando los relojes tendrán que retrasarse, de manera que a las 2:00 horas serán las 3:00, un sacrifico puntual que nos abre la puerta a uno de los periodos del año más esperados por la mayoría, el de mejor tiempo, mejor temperatura y un mayor número de horas de luz para poder disfrutar más de la vida en la calle.

Más luz por la tarde

El principal efecto es evidente: habrá más luz natural al final del día. El sol se esconderá más tarde y eso cambia la sensación de jornada. Las terrazas se llenan antes, los paseos se alargan y la actividad comercial se estira de forma natural. Sin embargo, el peaje es ese día de apenas 23 horas.

Aunque pueda parecer un intervalo anecdótico, el ritmo biológico suele reclamar su factura durante unos días. Expertos en cronobiología recuerdan que el impacto, aunque no es grave, resulta especialmente perceptible en niños y personas mayores, quienes acusan más ese desajuste entre el reloj de la muñeca y el ritmo interno.

Esta alteración del ciclo circadiano puede manifestarse en cuadros de cansancio leve, irritabilidad o falta de concentración. El organismo necesita un periodo de transición para acompasar la producción de melatonina a la nueva exposición solar, un proceso que suele completarse en menos de una semana.

Dispositivos que cambian automáticamente

La mayoría de los aparatos electrónicos modernos actualizan su hora de forma automática gracias al protocolo de red NTP (Network Time Protocol). Smartphones, tabletas, ordenadores y televisiones inteligentes se ajustarán sin intervención del usuario. Sin embargo, los dispositivos no conectados a internet —como relojes de pared, de pulsera, algunos electrodomésticos o ciertos vehículos— requerirán que se adelante manualmente su hora.

¿Es efectivo el ahorro energético?

Aunque el cambio horario se implementó en España por primera vez en 1918, la práctica actual deriva de la crisis petrolera de los años 70, cuando se adoptó como medida para reducir el consumo energético. No obstante, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), no existen estudios recientes que confirmen los supuestos beneficios energéticos en el contexto actual.

«El último estudio data de 2015 y en ningún caso se ha analizado el impacto del cambio de hora en un contexto como el actual», señalan desde el IDAE. La organización internacional Time Use Initiative (TUI), que colabora con el Parlamento Europeo, se ha posicionado a favor de eliminar estos cambios semestrales.

El informe más reciente elaborado en 2018 por la Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo indica que los posibles ahorros son marginales y varían significativamente entre los estados miembros. Además, aunque puede reducirse el consumo en iluminación, es posible que aumente en calefacción, siendo difícil interpretar los resultados por la influencia de factores externos como el clima o los hábitos de los usuarios.

¿El fin del cambio de hora?

La normativa vigente, recogida en la Orden PCM/186/2022 del BOE, establece que el horario de verano se extenderá hasta el 26 de octubre de este año. El documento también especifica que el 30 de marzo de 2024 y el 29 de marzo de 2026 son las últimas fechas programadas para la aplicación del horario estival, aunque esto no implica necesariamente el fin de los cambios semestrales.

Por el momento, la incertidumbre domina el escenario a corto plazo, mientras que este domingo la mayoría de los países europeos continuarán con la práctica de adelantar sus relojes, a la espera de una decisión definitiva por parte de las instituciones comunitarias.