Juan de Mesa es, probablemente, uno de los nombres más importantes de la escultura barroca en Andalucía, aunque su figura tardó siglos en ser reconocida. Durante mucho tiempo, sus mejores obras se atribuyeron a su maestro, Martínez Montañés, hasta que en el siglo XX … se confirmó que él era el autor de imágenes tan potentes como el Gran Poder de Sevilla o la Virgen de las Angustias de Córdoba. Pero, más allá de su técnica, Juan de Mesa dejó una señal en sus tallas que pocos conocen y que tiene una explicación muy personal.

Si se analizan de cerca sus imágenes, existe un detalle que se repite en casi todos sus Cristos: una espina que atraviesa la oreja o se clava directamente en la ceja de la imagen. No se trata de ninguna casualidad, sino de una referencia directa a la vida que compartía con su esposa, María de Flores.

Un problema familiar grabado en la madera

Juan de Mesa y María de Flores se casaron en 1613 y, aunque su relación era sólida, el matrimonio vivía con una preocupación que no lograban resolver. Por mucho que lo intentaban, no conseguían tener hijos. En la sociedad del siglo XVII, esta ausencia de descendencia se vivía como una frustración constante que afectaba profundamente a la vida cotidiana de las familias.

Para intentar buscar una solución, María de Flores acudía con frecuencia a rezar ante la reliquia de la Santa Espina. En aquella época, esta reliquia era el recurso al que se agarraban muchas mujeres que querían quedarse embarazadas y no lo lograban. Juan de Mesa, al ser testigo de la devoción de su mujer por esta reliquia y del peso que les causaba no ser padres, decidió trasladar ese elemento a su trabajo diario. Fue así como empezó a incluir esa espina «extra» en sus imágenes, convirtiéndola en una especie de firma y en un homenaje a la fe de su esposa. En Sevilla, por ejemplo, el Cristo de la Conversión de la Hermandad de Montserrat, al igual que el del Amor o el Gran Poder, tienen una espina clavada en su oreja.

La curiosidad de su última obra en Córdoba

Aunque esa marca aparece en la gran mayoría de sus trabajos, hay una excepción muy llamativa en su última obra: el misterio de las Angustias de Córdoba. El escultor falleció antes de poder terminar completamente el misterio, pero dejó su «firma» de otra manera. Y es que en el Cristo aparece la herida en la ceja donde normalmente estaría la espina. Sin embargo, en este caso la espina no está clavada en su rostro. La sostiene la Virgen en la mano, como si el escultor quisiera desprenderse de esa herida abierta durante todo su matrimonio.

Misterio de las Angustias de Córdoba

Misterio de las Angustias de Córdoba.

(ABC)

Aunque Juan de Mesa murió joven y no pudo tener descendencia, su obra ha tenido una enorme influencia en la imaginería andaluza. Y también su estilo. No buscaba figuras ideales, sino que plasmaba el sufrimiento de una forma muy directa, algo que se nota en la tensión de los músculos y en la expresión de las caras de sus tallas. Su taller fue tan relevante que muchas de sus imágenes se enviaron incluso a Perú, extendiendo su estilo mucho más allá de Andalucía.

Esa pequeña espina que Mesa colocaba con tanto cuidado es, al final, el rastro de un hombre que volcó sus vivencias personales en su oficio. Aunque no tuvo descendencia, dejó un legado que permite que hoy, cuatro siglos después, sigamos viendo sus tallas no solo como arte y devoción, sino como el reflejo de una historia muy humana que ocurrió entre las paredes de su taller.