Un transcurso lógico de las cosas colocaría a los Países Bajos como una potencia mundial del baloncesto. Cuentan con la población más alta del planeta ( … 1,84 metros de media en hombres, 1,70 en mujeres), ventaja inequívoca en esto de meter el balón por un aro que cuelga a 3,05 metros del suelo. Sin embargo, la mayoría de los niños neerlandeses encuentran más entretenidos otros pasatiempos. «Nunca es lo primero que haces en el colegio. Está el fútbol, el tenis, el voleibol, el hockey, la natación…». Golf, atletismo. Todo eso probó Jesse Edwards (Amsterdam, 2000), la nueva torre del Kosner Baskonia, antes de tocar por primera vez una pelota naranja y convertirse en el décimo ‘oranje’ en jugar en la NBA.

«Empezamos bastante tarde en el Apollo Amsterdam. Yo fui el primero de los tres en entrenar de verdad. Pero no fue hasta los 15 ó 16 años. Y Jesse es dos años más joven», rememora Kai, el hermano mediano de una familia multicultural. Madre holandesa, padre londinense y abuelos caribeños, de Trinidad y Tobago. «Nos criamos a cinco minutos a pie de donde nació Johan Cruyff». Su influencia es clara. Edwards, al que Galbiati ha hecho debutar esta mañana en Burgos, siempre viste el ’14’ por el legendario jugador de fútbol.

Jesse nació algo sobreprotegido. «Como era el menor, vivía despreocupado». Peligro. Una mañana, con nueve años, mientras jugaba a los dardos con Kai, se le vino una pregunta a la mente. ¿Que pasaría si los meto en los agujeros del enchufe? «Se electrocutó. Le dio una descarga y se quedó en shock. Le llevaron al hospital y no fue nada. Tuvo suerte». Su padre le puso el mote de ‘Profesor Loco’. «Siempre estaba probando cosas». Afán de autodidacta. Aburrido de la teoría de las clases de música, aprendió por su cuenta a tocar el piano. «Compró uno para casa y le gusta componer. Le daba paz y lo disfrutaba». También juega al ajedrez.

El sueño del «hombre de muchos talentos» era ser médico. El verano de los 16 lo dedicó a trabajar como voluntario en una residencia de ancianos. Testar el declive físico del ser humano le despertó el interés por la biología. Vivir del baloncesto era todavía un sueño. «Nadie pensaba que fuera a ser tan alto». Kai, que jugó tres años en LEB Oro y ahora es pívot de los Bakken Bears daneses, fue su guía. «Cuando él tenía 17 años, seguía siendo más bajo que yo. Pero cuando volví de mi segundo año en Estados Unidos, fue como que explotó. Creció unos 15 centímetros y ahora ha llegado ya a 2,13 metros, cuando el resto medimos poco más de dos».

Las piernas de alfiler del ahora jugador baskonista no soportaban semejante envergadura (2,26). Le aconsejaron varios meses sin jugar para evitar lesiones. Aún así, se mudó a la famosa academia IMG de Florida y a la universidad de Siracusa (estado de Nueva York). «Hasta el tercer año no empezó a jugar de verdad. Estaba muy delgado. Pero entre comer mucho, hacer pesas y entrenamiento lograron que ganara fuerza y músculo».

Su explosión definitiva llegó en el curso 2021-2022. «Dio un giro y pasó de apenas jugar (1,9 puntos en 8 minutos) a ser el pívot titular y hacer muchos dobles-dobles». Ese verano se midió con Nikola Jokic en la fase de grupos del Eurobasket. «Le sirvió para coger confianza y ahora para adaptarse otra vez al juego europeo».

En su cuarto año, firmó 14,6 tantos, 10 capturas de media y 2,6 tapones de media, entró en el mejor quinteto defensivo y firmó por West Virginia para su quinta y última temporada universitaria. El Draft pasó de largo, pero encontró rápido un contrato dual con los Minnesota Timberwolves. Mismo equipo y situación que Eugene Omoruyi. Jugaron los mismos partidos en la NBA, dos. «Gobert tenía muchos minutos y luego estaba Naz Reid. Pero entrenó con los mejores y llegaron a las finales de la Conferencia Oeste».

Llamada inesperada de Vitoria

En junio de 2025 renovó con Minnesota, pero la franquicia dio marcha atrás. «Ya era bastante tarde y muchas plantillas estaban cerradas. Hubo un par de clubes europeos interesados, pero no hicieron una propuesta concreta. Melbourne United llegó con una oferta realmente buena y un buen rol». Australia cumplió con sus expectativas. Volvió a jugar mucho y a coger ritmo. 13,5 puntos y 8,5 rebotes de media llamaron la atención del Baskonia. «Fue inesperado. Literalmente, hasta hace una semana no se hizo el primer contacto. Luego todo fue muy rápido».

Edwards firmó solo hasta final de temporada. «Ahora mismo no sabe qué hará después. Pero si estos tres meses son positivos para el club y para él, creo que hay muchas posibilidades de que sigan juntos otro año». Kai advierte al baskonismo de que verá a su hermano machacar los aros. «Tiene los brazos largos y agarra muy bien los alley oops. Es bueno en el pick and roll. Salta muy alto». Cree que su mejor virtud es combinar el perfil defensivo con ser «capaz de conseguir puntos cerca del aro». Licenciado en biología en la rama de biomecánica, el baloncesto le cambió los planes. Se los aplazó. «Su objetivo siempre ha sido ser médico y, cuando tenga 35 años o después de retirarse, volverá a estudiar para poder serlo». Por ahora, acude al rescate del mermado juego interior del Baskonia.