El Archivo Histórico de la Nobleza da a conocer información sobre la vida de Isabel de Velasco, una de las meninas del cuadro de Velázquez, sacando a la luz el documento previo a su testamento con el fin de profundizar sobre su figura más allá de su presencia en una de las pinturas más célebres de la historia del arte.
Isabel de Velasco, que murió en 1659 con poco más veinte años, fue hija de Bernardino López de Ayala y Velasco, conde de Fuensalida, y de Isabel de Velasco Benavides.
En el cuadro de Diego Velázquez está situada a la derecha de la infanta Margarita Teresa de Austria, en pie y vestida con basquiña de guardainfante, con un gesto que el pintor Antonio Palomino, autor del tratado El museo pictórico y escala óptica (publicado en el siglo XVIII), interpretó como un intento de advertir a la infanta de la presencia de los reyes, reflejados en el espejo del fondo.
Detalle de Las meninas que muestra a Isabel de VelascoMuseo Nacional del Prado
No obstante, su gesto admite múltiples lecturas y también puede ser una inclinación respetuosa, una reacción espontánea o simplemente un movimiento detenido por el tiempo pictórico, según la información que ha difundido en su web el Archivo Histórico de la Nobleza junto al documento, perteneciente al archivo familiar del Ducado de Frías.
En la corte española del siglo XVII, las meninas eran jóvenes de familias nobles que ingresaban desde corta edad al servicio de una infanta o de la reina. Su función iba más allá del simple acompañamiento, ya que formaban parte de su entorno educativo, ceremonial y afectivo.
El jefe de difusión del Archivo de la Nobleza, Alejandro Sierra, ha señalado que el cuadro de Velázquez ha tenido muchísimos análisis y que, además, el testamento de Isabel de Velasco ya se conocía desde los años 40 del siglo XX, cuando el marqués del Saltillo lo consultó y lo incluyó en una publicación.
No obstante, el objetivo del Archivo ahora ha sido incidir en que las meninas fueron «personas reales, de carne y hueso, que tuvieron una existencia» y poner en valor los testamentos como fuente documental para conocer la mentalidad, en este caso, de una mujer.
El testamento de Isabel de Velasco
El documento fue otorgado por Isabel de Velasco a su confesor, fray Miguel de la Concepción, el 21 de octubre de 1659, un día antes de su muerte, y sirvió para que el padre de la joven redactara el testamento definitivo.
Se trata de un texto que refleja el universo espiritual, familiar y cortesano en el que vivió una menina al servicio de la reina en tiempos de Felipe IV, en el que se mezclan devoción religiosa, obediencia filial y vínculos afectivos en el interior del palacio.
Antes de morir, Isabel ordenó donde quería ser enterrada y la celebración de mil misas por su alma. Asimismo, destinó dinero a conventos, causas de canonización, redención de cautivos y limosna.
Además, quiso que sus joyas y objetos de valor se repartieran entre sus familiares más cercanos, y dejó un amplio margen de maniobra a su padre, al que abrió la posibilidad de hacer modificaciones.
También dio indicaciones para recompensar a algunos de sus sirvientes, entre ellos Marcela de Ulloa, guarda de damas de la reina que también aparece en el cuadro de Velázquez, a quien legó una bacía y un jarro de plata. Por otra parte, dejó un objeto de plata a Diego Ruiz, también guarda de damas que podría ser otra de las personas que aparece en el cuadro y que no ha sido identificado.
Sierra ha recalcado la idea de «dar a conocer que esta mujer existió y que dejó testimonios documentales de su vida, como su testamento, que nos permite conocer algunos aspectos de su vida y personalidad, así como las relaciones interpersonales que marcaron su vida, un limitado universo circunscrito al entorno cortesano».